Elmer Ramírez
Aunque prediquemos que somos cristianos e hijos de Dios, si no estamos seguros y confiados de lo que establece la Epístola Universal de Santiago, en capítulo uno, versículo 12, no podemos hablar de fe ni estar exentos de tentaciones, porque es bien claro el mensaje: Bienaventurado el varón que soporta la tentación porque cuando haya resistido la prueba recibirá la corona de la vida, que Dios ha prometido a los que le aman.
Es necesario acercarse a Dios porque en la Segunda Epístola del Apóstol San Pablo a Timoteo, capítulo tres, del versículo uno al cinco, afirma: También debes saber que entre los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que Dios.
Es menester ser implacables con el pecado, despreciándolo, dejando al hacedor del mal en el olvido y construyendo con el ejemplo la gloria del Padre Celestial, en el nombre de Jesús y el Espíritu Santo, amén.
Docente horario en la UNI