Douglas Carcache
Latinoamérica ha sentido tanto como España el dolor esparcido por las bombas terroristas que explotaron en los trenes de Madrid, el 11 de marzo, porque allí corrió sangre de las dos regiones.
Si nos preguntamos por quién doblan las campanas, como lo hizo Ernest Hemingway después de la guerra civil española, podríamos reconocer que también doblan por nosotros, porque las olas migratorias han llevado a nuestros parientes a trabajar a países diferentes y los ataques de los terroristas no discriminan a nadie.
Una niña de siete meses fue la víctima 199 de las explosiones en Madrid. Murió en el hospital, mientras la gente afuera se preguntaba por qué lanzan esos ataques contra inocentes, que nada tienen que ver con las disputas políticas mundiales.
En las Torres Gemelas de Nueva York, destruidas el 11 de septiembre del 2001, y en los tres ferrocarriles de Madrid, la semana pasada, había personas dedicadas al trabajo, entre ellas migrantes que con sacrificios han viajado a Estados Unidos o España para suplir lo básico a sus familias.
Por ese vínculo de la migración, los latinoamericanos estamos cada vez más cerca de España y Estados Unidos; y en consecuencia más expuestos al terrorismo mundial.
Al menos cuatro ecuatorianos murieron por las explosiones en Madrid, una ciudad donde habitan unos 200 mil migrantes procedentes de Ecuador. Se ha estimado que en España viven más de 600 mil ecuatorianos, de los cuales 400 mil podrían estar indocumentados.
Aunque las avalanchas migratorias han provocado recelos o actitudes discriminatorias en ciertos sectores de la sociedad española, me pareció impresionante el gesto de los habitantes de Madrid que, poco después de la tragedia, hicieron largas filas para donar sangre de forma voluntaria. Fue algo espontáneo que muestra la solidaridad entre las víctimas, directas e indirectas.
En esas circunstancias, frente a una amenaza criminal y solapada, que se mueve por toda la tierra, un ecuatoriano, un peruano, un español o un estadounidense están en las mismas condiciones y cualquier idea de superioridad pierde valor.
Un hombre que fue testigo de la explosión en uno de los trenes, dijo que nunca podrá olvidar a los niños ensangrentados con sus mochilas. A una enfermera que auxiliaba heridos le llamó la atención el hecho de que los teléfonos celulares de los muertos “no dejaban de sonar”. Al otro lado estarían sus padres, madres o hijos destrozados por el silencio.
La sociedad española ha sufrido el terrorismo desde antes que se conociera la existencia de Al Qaeda. El 19 de junio de 1987, la organización vasca ETA (Euskadi Ta Askatasuna) puso un coche-bomba en el parqueo subterráneo de un supermercado de la ciudad de Barcelona, provocando 21 muertos y 45 heridos.
Hemingway, quien narró episodios sangrientos de la guerra civil, escribió que la muerte de cualquier persona le disminuía, porque se sentía ligado a la humanidad. Por eso sugirió: “Nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”.