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Con la certeza casi absoluta de que el actual presidente será reelegido, Rusia va hoy a las urnas
Es casi seguro que el presidente ruso, Vladimir Putin, esté de nuevo el próximo lunes detrás de su escritorio en el Kremlin, para pasar cuatro años más en la presidencia, armado con poderes semejantes a los de un zar. ¿Cómo los usará?
Un conjunto de intrigas y despiadadas maniobras políticas han colocado al ex espía de la policía secreta comunista, la KGB, de 51 años, en una posición sin rivales para impulsar a su extenso país, de 145 millones de habitantes, hacia un mayor desarrollo.
Se espera que Putin gane abrumadoramente las elecciones presidenciales del domingo, en medio de una gran cobertura televisiva, dirigida a incrementar el apoyo de los rusos promedio al hombre en el poder.
El presidente ruso no tiene una oposición política de peso. Putin ha domesticado a los líderes regionales y nombró su nuevo gabinete. El partido que lo respalda, Rusia Unida, tiene más de dos tercios de escaños en el Parlamento.
La clase “oligarca” de empresarios ricos, que alguna vez fue una fuente alternativa de poder, está acobardada. El magnate petrolero Mijaíl Jodorkovsky, el más rico de todos, está en la cárcel por acusaciones de evasión de impuestos.
ESTILO AUTOCRÁTICO
Según críticos, el estilo autocrático de Putin, la influencia de funcionarios de seguridad estatales en la política y la presión del Kremlin sobre la prensa, afectan el desarrollo de la democracia, 12 años después de haber acabado el gobierno comunista en el país.
Pocos votantes rusos comparten esas preocupaciones, aunque muchos muestran indiferencia ante los resultados del domingo. El cinismo heredado de la era soviética hacia el proceso político está muy extendido entre la población, pues muchos consideran que nada cambiará.
Sin embargo, se espera que millones concurran a votar por Putin, un político inexpresivo con muy poco carisma. Si se le pregunta por qué a un ruso, probablemente responderá: “Ha traído estabilidad y prosperidad”.
EL ORDEN, ANTE TODO
Tras los problemas con el alcohol de su antecesor, el ex presidente Boris Yeltsin, la insistencia de Putin en mantener el orden, ha tocado una cuerda sensible en los rusos. Su imagen lo ha ayudado a enfrentar algunas crisis, como el hundimiento del submarino nuclear Kursk en agosto del 2000.
La toma de un teatro en Moscú por rebeldes chechenos, en octubre del 2002, que terminó con un gran número de víctimas, nunca melló su popularidad. Mientras mayor sea la represalia a los separatistas, más aumenta su popularidad.
Los inversionistas elogiaron la reestructuración del gabinete de esta semana y esperan que Putin siga fustigando la burocracia y alentando a los pequeños negocios.
Putin quiere duplicar el Producto Interno Bruto en una década y ayudar a un tercio de los rusos que están en la pobreza, un reconocimiento de que el florecimiento de la clase media está ensombrecida por el hecho de que los pobres están cada vez peor.
TÁCTICAS “EXCESIVAS’’
Su popularidad —con índices de aprobación de al menos el 70 por ciento— le aseguraría la victoria de todos modos, en una elección justa. ¿Entonces por qué recurrir a tácticas “excesivas” para asegurar una victoria sobre los que no tienen esperanzas de derrotarlo políticamente?
Según analistas, esto refleja los instintos de un burócrata entrenado por la KGB y rodeado por consejeros de similar historial.
Varios analistas estiman que habrá mayores restricciones a las libertades de prensa y opinión.
Esto podría provocar fricciones con gobiernos occidentales más escrupulosos, como Washington, que ha expresado preocupaciones por la libertad de prensa en Rusia. Pero Putin tiene asegurada una buena recepción a su predecible victoria… por ahora.
“Se está produciendo una reevaluación de Putin. Pero los gobiernos occidentales pueden hacer poco con alguien que disfruta de un respaldo tan enorme de los votantes”, dijo un diplomático occidental.
Otros desafíos que enfrentará son la reestructuración del sistema que lleva electricidad, agua y calefacción a los edificios de apartamentos en que viven millones de personas. Esta papa caliente se la ha lanzado a su nuevo primer ministro, Mijaíl Fradkov.
Putin tendrá 55 años en el 2008, y será lo suficientemente joven como para asumir un cargo en la industria, la banca o en la representación de su país en los niveles más altos. La mayoría de las personas cree que no tratará de po
POTENCIAL AMENAZA A SU PODER
En momentos en que el 60 por ciento de los ingresos de Rusia por exportaciones proviene de las ventas de energía, sólo una drástica caída en los precios del petróleo podría golpear a Putin.
Sin embargo, los analistas dan por descontado un descenso en los precios mundiales, probablemente hasta el año próximo.
“Si hay una caída creará una situación seria porque no se ha producido una modernización real de la industria, que en general tiene el estilo soviético y está orientada hacia lo militar’’, dijo Yevgeny Volk, un analista.
Putin podría enfrentar problemas por un repunte del nacionalismo, llenando el vacío que dejó la oposición comunista. Un ministro del gabinete ha atribuido a esto el incremento del racismo en la sociedad rusa.tularse para un tercer mandato.
MENOS LIBERTADES
“Por un lado, el segundo mandato de Putin significará un grado de estabilidad, pero habrá limitaciones de las libertades básicas, de la libertad de expresión y la libertad en general en el país”, opinó Yevgeny Volk, un analista del comité asesor Fundación Herencia.