Hugo Román García
Eres llena de gracia como el Ave María, quien te vio no pudo ya jamás olvidar
(Amado Nervo, poeta mexicano).
Con natural admiración, bajo el palpitar de mi corazón y la satisfacción del espíritu, rindo un homenaje a la mujer; a la que con la ternura de sus sonrisas y el acento romántico de sus miradas ofrece sus incomparables encantos. Ella encarna ilusiones y objetivos y es por excelencia, cual musa escogida, la mensajera de cuanta bondad encierra su corazón. Tiene por evangelio el tesoro de sus cualidades y por norma su dignidad, que como un diamante brilla en el altar de su alma castellana y coqueta.
La mujer es una reina en el pedestal de su belleza. Nos motiva con su gracia singular cuando la sabemos comprender y valorar, y se muestra receptiva a nuestros propios afectos cuando éstos últimos llevan la buena intención de aquél que le dispensa una palabra cariñosa como muestra de una obligada caballerosidad que se le puede profesar a tiempo completo en el caminar del diario vivir.
La mujer se siente atraída en sus conceptos humanos cada vez que se le dispensa admiración, porque en ella siempre se encuentra una razón para enaltecer y honrar su expresiva figura que como un astro en la noche embellece el medio en el que comúnmente se desenvuelve.
Es la doncella que por obra de la creación Dios la ha dotado de excepcionales condiciones, y la vuelve respetable para que el hombre con suma inteligencia siempre entienda que ella por la especialidad de su género merece un trato distintivamente aceptable que responda a los atributos que adornan su personalidad.
La mujer se distingue por la inteligencia, por sus formas fáciles de ganarse la voluntad de quien entrañable aprecia sus dones particulares que afirman indudablemente su excepcional naturaleza, y como bien lo deja expresado Antonio Manero, en su Diccionario Antológico del pensamiento universal: “Las mujeres poseen un sexto sentido que las hace descubrir al hombre que las ama”.
Vaya para ella, para la diosa del amor, el homenaje de mis pensamientos, y en sus delicadas manos deposito las flores más escogidas de los jardines nicaragüenses que suelen alzar su virginidad con el rocío de la aurora.
El autor es periodista de Somoto.