Pedro Alfonso Morales
Dicen las sagradas escrituras que de las bondades del corazón habla la boca. Exactamente eso hizo don Enrique con los maestros.
El primer ciudadano del país no puede hablar de cosas que no tiene en su corazón, menos en su mente. Sin embargo, debe saber que gracias a un maestro, ahora él se llama ingeniero. Uno de nosotros le enseñó las primeras letras. ¡Agradézcalo! Su ministro debe decírselo.
No trabajamos nueve meses ni 231 días ni sólo en la escuela. Nadie paga el trabajo de la casa, ni de la calle ni de donde estemos. Debe saber que no tenemos pensiones vitalicias. Basta ver la Ley de Carrera Docente y el Código del Trabajo para saber que nada se nos regala. Más bien las autoridades del país despojan a cada maestro de unos 50 mil córdobas al año. No se paga a los educadores, se les da limosna.
Por lo menos, merecemos respeto. ¿En qué “bisnes” se nos quiere meter?
Maestro