Leonardo Centeno Caffarena
El clima de negocios es una expresión muy referida en la literatura de la región, y define el espacio que los gobiernos le proveen a las unidades económicas que se encuentran dentro de su jurisdicción, sean éstas potenciales (inversiones) o existentes. Esté o no consciente un Gobierno de su importancia, el clima antes referido afectará, para bien o para mal, el desempeño de sus empresas, y como consecuencia la inversión y el empleo en dicho país.
Todo gobierno que seriamente planifica su desarrollo económico, debe priorizar la construcción del clima de negocios, y no hay duda de que este factor es el que más pesa cuando se trata de ver la competitividad como un sistema, cual si fuera un reloj con innumerable número de piezas. Todos los demás elementos son secundarios.
No es de extrañarse entonces del porqué los organismos multilaterales de cooperación, apoyan “hoy” en los países en vías de desarrollo, la construcción del mejor articulado de los climas de negocios, como el paso inicial en la escalera del progreso económico, y de obligatorio recorrido para todo aquel (país) que “mañana” anhela un mejor porvenir.
A lo interno de los países de la región, queda pendiente la asignatura de “democratizar” el clima de negocios que se “respira” en la metrópolis, del que se provee en las áreas rurales, donde también se produce, pero a un mayor costo, debido al lento movimiento de productos e insumos, y a falta de enfoque empresarial en la provisión de los servicios.
Cualquiera que sean las circunstancias, el clima de negocios debe estar delimitado por instituciones fuertes, soportadas en leyes y reglamentos, y con recursos necesarios para operar.
En la búsqueda de la “receta” que lleva al establecimiento del mejor de los climas empresariales, juegan un papel destacado una serie de instituciones de desarrollo (locales, regionales o multilaterales; ya sean estatales, privadas o mixtas), personas poderosas (sean empresarios, políticos y líderes comunales), y la cultura empresarial local.
Desde una perspectiva táctica, hacia adentro, los instrumentos que se usan para proveer dicho clima son, entre otros, impuestos, incentivos, subsidios, servicios de formación empresarial y de recursos humanos, infraestructura productiva, telecomunicaciones, servicios empresariales (transporte, plata a bajo costo); la perspectiva estratégica nos dice que hacia fuera, la clave está en el diseño de acuerdos comerciales exitosamente negociados (Cafta). Estos acuerdos deben ser el único punto de apoyo desde el cual debe articularse cualquier estrategia competitiva.
En la actualidad, los gobiernos de los países que han tenido éxito en los mercados internacionales, aplican dicha “mezcla” de instrumentos con una perspectiva de desarrollo de conglomerados o “clusters”, con enfoque exportador, y con los que se empieza a armar el rompecabezas del “desarrollo”, sin dejar de proveerles un ambiente competitivo a las otras empresas que están fuera de dichos sectores priorizados; esto lo alcanzan eliminando todos los obstáculos del desarrollo empresarial, en aras de establecer la mejor plataforma empresarial, con enfoque exportador, vía atracción de inversiones.
En el caso particular de Nicaragua, desde hace unos cuatro años el Ejecutivo identificó siete clusters que ahora forman parte del Plan Nacional de Desarrollo (PND), los cuales son el turismo, el sector forestal, la pesca, el sector lácteo, el café, manufactura ligera y el sector energético.
Independientemente del estadio de desarrollo de un país, estas dos acciones (a) atracción de inversiones para (b) incrementar las exportaciones, juegan el inseparable “dúo dinámico” causa-efecto, que es hacia donde debería apuntar todo “diseño” que ayude a la imaginación de la competitividad tan deseada. Obviar esto es perpetuar la pérdida de la competitividad en los mercados, y como consecuencia asegurar la peor de las derrotas ante el desempleo. Todo lo demás sobra.
Es precisamente en este punto donde es imperativo mencionar el rol de la “ventanilla única”, como herramienta de agilización de trámites, y que es un señuelo efectivo para fomentar la inversión local, y atraer la extranjera.
Para facilitar los trámites que requieren tanto la actividad exportadora como la inversión propiamente dicha, es que los organismos multilaterales promueven, en los países menos afortunados, el uso de dichas ventanillas; pero no hay que olvidar que estos instrumentos son medicinas temporales, y de rápido efecto para países agobiados por la cantidad de “pasos” o trámites, cada uno de ellos caracterizado por su propia dinámica, y cargados de “trabas” criollas.
En todo país “primerizo” en el tema, ellas son toda una novedad (las ventanillas), donde todavía no se discute el número de pasos que hay que dar, pero sí la rapidez del sistema recién creado. Aquellos países con experiencia en estas ventanillas, han aprendido que no sólo “la rapidez” es fundamental, sino que es prioritario identificar los “pasos precisos”, que son requisitos indispensables. De esta manera se eliminaran aquéllos que no tienen sentido, logrando “hacer más rápido” lo que “debe” hacerse, y por la senda del camino más corto.
Los temas abordados anteriormente son los únicos que al final de cuentas valorará el inversionista que va a decidir poner su plata en uno u otro país.
Por ahora, hay que felicitar al Mific por el montaje y desempeño de su ventanilla única. ¡Tarde pero seguro!
El autor es director del Programa de Atención Empresarial (PAE) de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI).