Inicios del periodismo en Nicaragua (1830-1884)

En conmemoración del Día del Periodista, cuyo decreto legal cumple hoy 40 años, consagramos el presente recorrido histórico a nuestro periodismo fundacional. O sea: desde el primer impreso y la primera publicación periódica en 1830 hasta el 1 de marzo de 1884, cuando apareció en Granada el primer diario. Sobre este órgano, fundado por Anselmo […]

  • En conmemoración del Día del Periodista, cuyo decreto legal cumple hoy 40 años, consagramos el presente recorrido histórico a nuestro periodismo fundacional. O sea: desde el primer impreso y la primera publicación periódica en 1830 hasta el 1 de marzo de 1884, cuando apareció en Granada el primer diario. Sobre este órgano, fundado por Anselmo H. Rivas y Rigoberto Cabezas, el historiador Pedro Joaquín Chamorro Zelaya (1891-1952) afirma que fue “el mejor, el más leído y el de mayor influencia en Nicaragua durante la primera etapa de su vida”. Es decir, hasta 1891, año en que fue suprimido y expulsado a Costa Rica su director Rivas y su redactor Enrique Guzmán.
    “El Diario Nicaragüense —agrega— no tenía rival… Con su moderación, sus buenas doctrinas y la elevación de sus escritores hacía mucho bien a la conciencia de la República”. Tras algunas interrupciones, como el empastelamiento de su taller en 1944 por el régimen de Somoza García, aún se publicaba en los años cincuenta del siglo XX. Mejor dicho: hasta la desaparición de su último director: don Pedro J. Cuadra Chamorro en 1956

Jorge Eduardo Arellano/Consejo [email protected]

Ciento setenta años después que se introdujo en Guatemala por Fray Payo Rivera (1660), la imprenta comenzó a funcionar en Nicaragua. Según Gustavo Alemán Bolaños (1886-1960) fue importada para desmentir las calumnias contra los funcionarios del Gobierno. Parece ser que, a mediados de 1829, ya existía una en Granada —propiedad del extranjero Ildefonso Carril—, que planeaba comprar el Gobierno establecido en León. Lo cierto es que el mismo Ejecutivo adquirió otra imprenta al cónsul Pedro Miranda por acuerdo celebrado en Rivas el 19 de enero de 1830.

Carlos Meléndez Chaverri sospecha que Carril pudo haber traspasado la suya a Miranda. Mas no existen, en este sentido, documentos esclarecedores. Lo indiscutible es que la de Miranda se convirtió en la llamada Imprenta del Gobierno —primera del país— que dirigió don Tiburcio Bracamonte en la ciudad de Granada, asiento de la Asamblea Nacional y de la administración del Director Supremo don Dionisio Herrera.

LA PRIMERA HOJA SUELTA IMPRESA

En ella se lanzó la primera hoja suelta impresa conocida hasta hoy: un “convite” para asistir al enterramiento cristiano de los asesinados de “La Pelona” —durante la guerra civil de Cerda y Argüello— que permanecían “en las márgenes de la Laguna” desde un año atrás. Esta invitación la firmaba Cayetano de la Cerda. Por lo demás, entre 1930 y 1945 existieron 15 talleres de imprenta en el naciente Estado: seis en León, cinco en Masaya y cuatro en Granada.

PRIMEROS PERIÓDICOS

El primero fue la Gaceta de Nicaragua (1930), que vio luz el 31 de agosto de 1830. Publicado en Granada, en la Imprenta del Gobierno, era dirigido probablemente por el Ministro General del Gobierno, licenciado Agustín Vijil. El historiador costarricense Ricardo Fernández Guardia (1857-1959) tuvo un ejemplar en sus manos, conservado en los Archivos Nacionales de Costa Rica. Careció de proyección, pues se cree que no pasó de un número; sin embargo, es la muestra más antigua del periodismo nicaragüense.

LA OPINION PUBLICA (1833) Y EL TELEGRAFO NICARAGUENSE (1835)

Este carácter pionero se le atribuyó, durante mucho tiempo, a otro órgano oficial: Telégrafo Nicaragüense (sin el artículo El), que comenzó a publicarse el 20 de agosto de 1835; pero las investigaciones refieren la existencia de otro que le precede: La Opinión Pública, publicado en abril de 1833 y en la ciudad de León, como el anterior. La Opinión Pública, del cual se conserva un solo ejemplar, tenía cuatro páginas y su precio era medio real. En el folio 53 de ese número, correspondiente al 2 (mayo 9 de 1813), trae un editorial sobre la realidad que destrozaba el país: la guerra civil. “Para escribir sobre esta materia —consignaba su desconocido director—, no prestaremos su lenguaje al entusiasmo, ni sus coloridos a la elocuencia. Demasiado fuerte es la impresión que hacen los hechos, las desgracias y los resultados para querer que el arte venga a dar nuevas pinceladas a la triste y ensangrentable imagen de la guerra”.

Por su parte, el primer número del Telégrafo nicaragüense —redactado por el Ministro general Hermenegildo Zepeda– constó de ocho páginas sin numeración y su editorial se titulaba: “Tranquilidad”, aludiendo a un breve interregno de paz y orden que se vivía, y más se avizoraba, con el gobierno progresista de don José Zepeda; pero se vio truncado en poco tiempo con su magnicidio el 25 de enero de 1837. Por algo ese mismo primer número era precedido del epígrafe de Segur (un autor francés) que revela el espíritu de la época: “Más veces destruye la libertad por los excesos, que por sus enemigos”.

SEMINARIO NECROLOGICO DE NICARAGUA (1837)

A cinco meses del magnicidio señalado, en la misma León —capital del Estado— surgía un periódico coyuntural: el Semanario necrológico de Nicaragua. Aparecido el 12 de junio de 1837, se editaba en la Imprenta del Fondo de Instrucción Pública (adscrito a la Municipalidad) e impreso en una sola cara. Su formato se concibió con el propósito de que se fijase en sitios públicos a modo de cartel. El director y redactor se llamaba Eusebio Jirón, agente general de salud pública, y su principal colaborador Luciano Flores, delegado de Sutiaba.

Y es que la razón de ser del semanario era el brote del cólera morbus en ese barrio de León. De manera que su prospecto tenía por objetivo “publicar el número de muertos, propagación de la peste, los convalecientes y medidas que el Ejecutivo tiene para salvar a los pueblos. Saldrá de la prensa cada jueves por la tarde, y contendrá lo ocurrido en la semana precedente”.

ORGANOS OFICIALES

Aparte del anterior caso excepcional, desde entonces cada Gobierno comenzó a tener sus irregulares órganos oficiales. Enumeramos, en primer lugar, a los que siguen cronológicamente: Aurora de Nicaragua (1837), progresista e ilustrada; Nro (1838), Documentos sobre los negocios de la República de Nicaragua (1838) y Boletín de Nicaragua (1839), que duró hasta 1842 y fue consultado por el historiador José D. Gámez (1851-1918) para redactar su Historia de Nicaragua (1889). Estos cuatro periódicos se publicaron en León.

También se editaron en León otros cuatro: El Redactor Nicaragüense (1840), dirigido por Francisco Castellón y Pablo Carvajal, Ministros de Gobierno de Patricio Rivas; Boletín Nicaragüense (1842), dedicado casi exclusivamente a informar sobre la presencia del General Francisco Morazán en Centroamérica; Eco de la Ley (1843-44) y Registro Oficial (1845-47)

REGISTRO OFICIAL (1845-47)

Irregulares, estas publicaciones periódicas eran signadas por la anarquía. Así se constata en el Registro Oficial, órgano del Gobierno conciliador de José León Sandoval, que llegó a editarse en tres lugares: León, Masaya (llamada entonces San Fernando), Managua y, respectivamente, en 1845, 1846 y 1847. Su colección fue comentada por Luis Alberto Cabrales, quien advirtió en este periódico la bobalicona e inestable vida cotidiana de esos años, un rechazo a la unión centroamericana, un enorme presupuesto de gastos, varios proyectos sin fundamentación, algunas elecciones, el conflicto con la Gran Bretaña de 1847, ternezas municipales y candorosas composiciones poéticas.

En 1848 el Registro Oficial, perdiendo su nombre, se transformó en Gaceta del Supremo Gobierno de Nicaragua y editó en León para llamarse en 1849 también editado en León El Noticioso. Citando a David Vela, historiador guatemalteco, Mauricio Pallais Lacayo anota que este nuevo periódico oficial informaba sobre “grandes acontecimientos de la época, sobresaliendo los proyectos para la construcción del Canal Interoceánico, la farsa inglesa de la coronación del Rey Mosco, y otras dificultades con el Gobierno Británico”. De El Noticioso sólo salieron 17 números.

CORREO DEL ITSMO (1849) «DE DOS MARES AQUI ESTA LA VASTA PUERTA»

El 1° de mayo de 1849 tenía otro nombre: Correo del Istmo de Nicaragua, editado por un sacerdote español: el Padre Paúl. Destinado en gran parte a la propaganda del Canal, significó un pequeño avance en la presentación tipográfica y tenía este lema: “De dos mares aquí está la vasta puerta”. Primero se publicaba en la imprenta de Pedro Argüello, luego en la Imprenta del Estado y, finalmente, en la Imprenta la Libertad; todas en León. El diplomático Ephraim G. Squier ha dejado sus impresiones personales sobre él: “Fueron muchas las cosas que echamos de menos en la América Central, cosas que en nuestro país habíamos llegado a considerar esenciales para nuestro confort y felicidad, pero más que todas ellas lo fue el periódico. Su vacío lo llenaba muy deficientemente el pequeño Correo del Istmo, del Padre Pablo, atestado de decretos gubernamentales y publicado cada quince días”.

MENTOR NICARAGUENSE (1841-1842): «NO HEMOS NACIDO SOLO PARA NOSOTROS, SINO TAMBIEN PARA LA PATRIA»

Esta documentación oficial había dejado de privilegiarse en un periódico que, por su regularidad y coherencia formativa —sin descuidar el aspecto informativo— vale la pena diferenciar de sus coetáneos: el Mentor Nicaragüense, semanario de Granada. Por suerte, se reprodujeron íntegros sus 24 números en la Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua (Tomo XXXI, Julio-Diciembre, 1965, pp. 62-230), donde podemos apreciar su consistencia intelectual.

Dirigido por el bachiller Fruto Chamorro, ya líder del sector granadino, el Mentor Nicaragüense articulaba un proyecto conservador de estado-nación. Editado en la Imprenta de la Universidad de Granada, cuyo Claustro de catedráticos designara a Chamorro esa tarea, se publicó del 6 de noviembre de 1841 al 20 de agosto de 1842. Su prospecto, cumplido al pie de la letra, indicó: “Moral, Instrucción Pública, Policía, Administración de Justicia, Hacienda, Industrias, Máximas Políticas, y un artículo de Variedades serán los contenidos de este periódico”. Y tenía un lema: Non solum nobis sumus; sed partim vindicat Patria: “No hemos nacido sólo para nosotros, sino también para la Patria”.

Tras el Mentor Nicaragüense, debemos enumerar otros periódicos particulares que lo siguieron, sin superarlo, dado su carácter efímero o coyuntural. Fueron los siguientes: Boletín del Pueblo (1843), editado en la Imprenta de la Fraternidad, León; El Granadino (1843), que debió representar los intereses de Granada, reñidos con los del gobierno de Manuel Pérez; y El Ojo del Pueblo (editado también Granada) que expresaba la capacidad intelectual de su director, el doctor José Benito Rosales (1795-1850). Este último se editaba en la Imprenta de La Libertad y salía a dos columnas y con cuatro páginas.

PERIODICOS BELICOS

Impreso en 1844 y en León surgieron Águila de Nicaragua, descubierto por Carlos Melendez Chaverri en la Hemeroteca Nacional de Guatemala, órgano de los militares morazánicos llamados Coquimbos: Correo del Ejército Unido, órgano el “Ejército Protector de la Paz” o “Ejército Unido” (de El Salvador y Honduras), encabezado por el militar salvadoreño Francisco Malespín, al que sustituyó el Clarín del Ejército Unido.

Volviendo a los periódicos no oficiales, es decir a los editados por iniciativas privadas, tenemos El Cometa de Nicaragua (1845), más bien una hoja suelta sobre temas de política centroamericana; El Amigo de la Paz (1845), La Miscelánea (1845) e Integridad de Centroamérica (1849) y El Progreso (1850), publicado en León.

PERIODICOS EN INGLES

Con el establecimiento de la Compañía Accesoria del Tránsito, cuyo contrato se firmó en 1849, el país experimentaría la presencia extranjera, o más específicamente norteamericana, a través de nuevas costumbres. Expresión de esta nueva realidad, que tenía su origen en la fiebre del oro descubierto en California, fue la aparición de periódicos en inglés. Nicaragua Flag parece haber sido el primero de ellos, editándose por primera vez el 26 de julio de 1851. En la misma fecha apareció, curiosamente, otro periódico titulado The American Flag, pero del cual no se conoce ningún ejemplar; sólo la referencia del San Francisco Herald, del 23 de septiembre de 1851. En cambio, se ha rescatado el primer número de Nicaragua Flag.

Posteriormente, la expedición filibustera de los aventureros Kinney y Fabens tuvo en su proyecto de apropiarse de la Costa Atlántica la publicación del periódico Central American, aparecido en Greytown (San Juan del Norte) el 15 de septiembre de 1851. De él se conservan cuatro números correspondiendo al último al 27 de octubre del mismo año.

Asimismo, la usurpación de William Walker, representante de Estados Unidos, dejó un par de periódicos: El Nicaragüense, que se publicó en Granada entre el 20 de octubre de 1855 y 22 de noviembre de 1856; y el Masaya Herald, surgido en agosto de 1856. Pero éste es muy poco conocido. Por su parte, El Nicaragüense alcanzó la fama que le daba el carácter insólito de un gobierno implantado en un país de Centroamérica, presidido por un norteamericano.

PERIODICOS PARTIDARISTAS

Anteriormente a la Guerra Nacional, que provocó Walker, León y Granada —en su lucha por controlar el poder desde sus intransigentes posiciones de ciudades estados— habían tenido periódicos que reflejaban sus intereses partidarios. Así cabe citar los órganos del partido demócrata, opositor al Gobierno del general Fruto Chamorro: El Clamor del Pueblo, Boletín del Ejército Democrático de Nicaragua, Nueva Era del Estado de Nicaragua, El Eco Popular Oficial, los cinco publicados en León durante la Guerra Civil de 1854. Al año siguiente el último fue continuado por el Boletín de Noticias, cuyo primer número salió el 26 de marzo de 1855 de la Imprenta del Gobierno Provisorio del Licenciado Francisco Castellón. Por su lado, el Gobierno Legitimista de Granada tuvo en 1854 y 1855, respectivamente, sus órganos oficiales: El Defensor del Orden y Boletín Oficial.

Aunque hayan representado a gobiernos en pugna, la naturaleza de ellos era partidarista, precisamente porque funcionaban en un contexto de carácter bélico.

LOS TREINTA AÑOS

Tras la expulsión del filibustero esclavista el 1 de mayo de 1857, comenzó el período de los llamados “Treinta años” (1858-1893), durante el cual se dio lentamente la consolidación del estado nacional, aunque con la hegemonía granadina. Este proceso, a su vez, se fundamentaba en una sólida base económica que permitiría la creación de instituciones culturales y de revistas, las tres primeras publicadas en León: El Mensajero del Corazón de Jesús (1875-79), de los jesuitas, adaptado de su homónimo europeo de Toulousse, Francia; El Ensayo (1880-81), de tendencia liberal y positivista, editado por estudiantes del Instituto de Occidente; y El Ateneo (1881-82), que convocó a los cultos intelectuales leones, presididos por Tomás Ayón (1820-1887). En las dos últimas, como era de esperarse, colaboró el poeta-niño Rubén Darío.

Tal era el desarrollo del periodismo que en 1882 circulaban en el país, además de la revista El Ateneo, doce periódicos: cinco en Granada (El Centroamericano, El Cable, El Republicano, El Verdadero Estandarte, El Zurriago), tres en León (La Tribuna, La Unión Nacional y La Verdad), otros tres en Managua (El Porvenir de Nicaragua, El Ferrocarril y El Cardenista) y uno en Rivas (El Termómetro), dirigido por José Dolores Gámez (1851-1918). Todos eran de periodicidad semanal.

A cada uno de ellos Darío le dedicó estrofas satíricas en su precoz producción —a sus 15 años—, titulada “Prensa nicaragüense”. Entonces acababa de acceder a la Presidencia de la República el doctor Adán Cárdenas (1936-1916), segundo gobernante de los “Treinta Años” que no representaba directamente los intereses de la oligarquía conservadora de Granada. Esto explica la aparición de dos periódicos —ya citados—, El Ferrocarril y El Cardenista, afines a su gobierno emergente.

Como dijimos, el florecimiento del periodismo durante este período lo sustentaba el funcionamiento económico de la sociedad, ya en vías de transición al capitalismo, modo de producción hegemónico entre 1875 y 1893, consolidándose a partir del último año, como lo ha demostrado el investigador Oscar-René Vargas. Así se dieron una firme estructura jurídica-ideológica, los primeros bancos privados y billetes nacionales (1888), las primeras industrias manufactureras y tendencias urbanístivas —que revelaban el crecimiento de las ciudades— y otras obras de infraestructura (caminos y vapores en ambos lagos, servicios de agua potable por cañería y de alumbrado público, cable submarino, telégrafo, teléfono y, sobre, el ferrocarril)

Surgió, también por primera vez, la necesidad de buscar la identidad de la nación, de inventariar sus recursos (Levy) y de conformar una conciencia histórica (Ayón, Gámez, Ortega Arancibia). Simultáneamente, durante este período de paz constructiva y civilizadora, se crearon básicos centros de cultura (institutos de segunda enseñanza, escuelas nocturnas para artesanos, reorganización de la Universidad de León, sobre todo en su segunda etapa que arranca con la administración del Presidente Pedro Joaquín Chamorro Alfaro (1874-1879).

LA LIBERTAD DE PRENSA COMO PRINCIPIO REPUBLICANO

Sin embargo, el gobernante que consagró legalmente y propició, de hecho, la libertad de prensa —que impulsaría el desarrollo del periodismo— fue Fernando Guzmán. Así lo declaró en su Manifiesto inaugural del 1 de marzo de 1867, redactado por su hijo Enrique Guzmán Selva (1843-1911), uno de los fundadores del periodismo nicaragüense con Anselmo Selva (1838-1912). A éste se le debe una clasificación de los tres tipos de prensa que se dieron entonces, a pesar de la disposición del manifiesto referido: 1) la MINISTERIAL (que “envuelve al mandatario en densa nube de incienso”); 2) la de PARTIDO (cuyo espíritu “lleva hasta el grado de negar a los demás y de empeñarse en sostener que sólo el nuestro es virtuoso, racional y patriota”) y la INDEPENDIENTE (“la verdadera, concebida en una república democrática como el cuarto poder y la salvaguarda de todas las libertades”)

En ese contexto, el periodismo alcanzó un desarrollo sin precedentes. Sólo de 1858 a 1876 —o sea durante la primera etapa de los “Treinta Años”— se editaron 59 periódicos. Los más importantes y persistentes fueron establecidos en Rivas, 1865, por Enrique Gottel. En sus Notas geográficas y económicas sobre la república de Nicaragua (1871), Pablo Levy anota: “La Gaceta Oficial es de pequeña dimensión y sólo sale una vez a la semana; fuera de ella, las otras no son más que hojas de menor tamaño, que aparecen de cuando en cuando, y mueren luego por falta de lectores. Un solo periódico independiente, El Porvenir, ha podido existir durante algunos años aunque con frecuentes intermitencias, gracias a los sacrificios de su redactor en jefe, que es un extranjero, alemán de origen, don Enrique Gottel”.

EL PORVENIR DE NICARAGUA (1865-1886)

Este periódico merece mayor atención. Su fundador, el alemán Gottel (1831-1875) había acumulado un pequeño capital como conductor del tráfico de la Compañía del Tránsito en Rivas, donde lanzó su periódico semanal que sería el primero en no depender de la protección de un partido ni de los favores de un gobierno. Realmente, lo sostuvo durante nueve años a través de una empresa que convirtió, según su coetáneo Enrique Guzmán, “en lucrativa especulación; y logró hacer de su hoja casi una necesidad social, y esto sí, no se había visto antes aquí ni se ha vuelto a ver después”, añadía Guzmán en un artículo del 1 de enero de 1883.

Trasladado a Managua, El Porvenir de Nicaragua tendría de redactor a otro laborioso extranjero, el italiano Fabio Carnevalini (1829-1896), quien a la muerte de Gottel lo dirigió hasta el 21 de mayo de 1885. En esa fecha, pasó a ser su director Jesús Hernández Somoza, director del semanario capitalino El Ferrocarril, cuya empresa se fundió con la de Carnevalini ante el éxito de Anselmo H Rivas con El Diario Nicaragüense de Granada. Entonces se editaba dos veces por semana. Nunca fue de periodicidad diaria. En 1886 dejó de publicarse.

EL PRIMER DIARIO

Mayor cantidad que los periódicos observados por Levy —de seis, cuatro o dos páginas— se difundieron en la segunda etapa del período, cuando surgió la empresa que financiaría la primera expresión del diarismo: El Diario de Nicaragua. Aparecido en Granada el 1 de marzo de 1884 bajo la dirección de Anselmo H. Rivas y Rigoberto Cabezas, con la separación de éste por razones políticas se transformó, a los cuatro meses, en El Diario Nicaragüense. Éste, con las interrupciones de rigor, llegaría a editarse aún en la década de los cincuenta del siglo XX.

Las circunstancias de su aparición han sido bien divulgadas. Francisco Huezo las narra en su artículo “El primer diario de Nicaragua”. No vamos a repetirlas. Basta señalar que su programa representó los intereses del conservatismo genuino denominado “El Cacho”. Así lo creyó una hoja de León que excitaba al vecindario de esa ciudad negar su apoyo al diario de Granada antes de su nacimiento.

DON ANSELMO Y RIGOBERTO

Al servicio de los líderes políticos de Granada, Anselmo H. Rivas (1826-1904) había obtenido acciones de aquéllos para fundar la empresa, sobre todo de los ex presidentes Joaquín Zavala (1879-82) y Vicente Cuadra (1871-74); de manera que, al ser atacados ambos por Rigoberto en El Diario de Nicaragua, éste tuvo que interrumpirse y salir de nuevo con otro nombre. Enrique Guzmán, activo liberal entonces, refiere en su Diario los detalles el 13 de junio de 1884.

Y así fue. Once días más tarde el Diario reaparecía con su nuevo nombre. Rigoberto intentó fundar otro periódico que iba a ser de oposición al gobierno de Cárdenas. Guzmán se comprometió a dar la cuarta parte del valor de la imprenta y visitó, como liberal, al máximo líder de la fracción llamada Iglesiera, Manuel Urbina, que se oponía tanto al gobierno como al Chacho; pero todo quedó en proyecto. El 9 de septiembre, ambos —Rigoberto y Guzmán— salían expulsados por el Gobierno de Adán Cárdenas del país, como frustrados conspiradores, a Guatemala.

Con todo, por su asociación para acometer con éxito la aventura del diarismo, Rivas y Cabezas han sido considerados con justicia fundadores del periodismo nacional. El primero, conservador y ecuánime; el segundo, liberal y exaltado. Mas ambos próceres. Don Anselmo, en el campo intelectual: como la más reflexiva mentalidad de los “Treinta Años” y Rigoberto, ante todo, en el político militar: al ejecutar, secundado por otros, la Reincoporación de la Mosquitia en 1894. Pero también Rigoberto se destacó como ensayista de primera calidad. Así da testimonio su producción dispersa en folletos, artículos y cartas que ya deberían estar compilados en volumen para ser apreciada por lo que es: la obra de uno de nuestros clásicos.

Lo mismo podemos afirmar de los incontables escritos de don Anselmo, cuya carrera periodística la inició en 1857, como vimos, con la fundación de El Centro-Americano y la prosiguió, cuatro años más tarde, con La Unión Nacional de Nicaragua (1861) para reiniciarla con El Semanal Nicaragüense (1872-75) y, finalmente con El Centroamericano (1880), semanario que, habiendo cesado en 1863, llegaría a transformarse en 1884 en el primer diario del país.

BIBLIOGRAFIA

Gustavo Alemán Bolaños: “Evolución del periodismo en Nicaragua”, en Centro América (Guatemala, vol. V, Núm. 3, julio-agosto-septiembre, 1913, pp. 380-388). Pío Bolaños: “Ensayo sobre la prensa y los periodistas nicaragüenses”, en Nicarao (San José, C.R., Núm. 2, junio, 1936, pp. 16-18). Pedro Joaquín Chamorro Zelaya: “Breves apuntes sobre el periodismo en Nicaragua” (ECA, San Salvador, suscrito en Managua, marzo 5 de 1948). Carlos Meléndez Chaverri: “Fichero del Periodismo Antiguo de Nicaragua”, en Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano (Managua, Núm. 116, mayo, 1970, pp. 17-45). Hemeroteca Nacional de Nicaragua: Catálogo de periódicos y revistas de Nicaragua (1830-1930). Managua, Instituto Nicaragüense de Cultura/Biblioteca Nacional “Rubén Darío”, (septiembre, 1992, 168 p.)

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