María José Zamora [email protected]
El jueves 19 de febrero me quedé atónita frente al televisor, al escuchar en TV Noticias del mediodía las virulentas declaraciones que el contralor sandinista José Pasos Marciaq hiciera contra la Embajadora de Estados Unidos, señora Barbara Moore. De acuerdo a Pasos Marciaq, el artículo que escribió la señora Moore, titulado: Delito de lavado de dinero, publicado en LA PRENSA el 14 de febrero, es una clara intromisión de la Embajada de Estados Unidos en los asuntos internos de Nicaragua. En tono despectivo pretendió no recordar el apellido de la Embajadora, llamó “cepillos” a quienes atendieron al gobernador de la Florida, Jeb Bush, en su reciente visita a Nicaragua y sugirió la expulsión de la Embajadora Barbara Moore de este país.
Ante tal reacción volví a leer el mencionado artículo y francamente no encontré motivo para semejante alharaca. Verdaderamente quienes deberían ser expatriados son todos aquellos funcionarios públicos cuyo único objetivo parece ser proteger a un par de caudillos decadentes y obstaculizar el progreso y desarrollo del país.