- Antes de la guerra el primer ministro británico fue informado que la existencia de armas de destrucción masiva en Irak era “escasa” e “inconsistente”, aseguró en su publicación el diario The Independent on Sunday
- Mientras, el presidente Bush en una entrevista realizada por una cadena de noticias norteamericana, contradijo ayer todos sus planteamientos previos a la guerra
Cables combinados
LONDRES.- El Comité Conjunto de Inteligencia (JIC) alertó antes de la guerra al primer ministro británico, Tony Blair, de que la información sobre las armas de destrucción masiva de Irak era “escasa” e “inconsistente”, aseguró ayer The Independent on Sunday.
Ese diario indica que el JIC le envió tres informes a Blair antes de la invasión de marzo de 2003 y que, al menos en uno de ellos, alertaba de que los datos de espionaje destacaba la falta de consistencia sobre las supuestas armas de destrucción masiva.
The Independent on Sunday señala, además, que la fuente iraquí que comunicó al Reino Unido que el régimen de Saddam Hussein podía lanzar un ataque con armas letales en 45 minutos, era un exiliado que llevaba años fuera del país.
En un polémico dossier publicado en septiembre de 2002, el Gobierno británico aseguró que el régimen de Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva y que podía lanzar un ataque en 45 minutos.
Durante la investigación del “caso Kelly”, el jefe del Comité Conjunto de Inteligencia, John Scarlett, aclaró que la frase de los 45 minutos sólo se refería a armas de corto alcance para el campo de batalla, como proyectiles de mortero.
Mientras Blair aseguró que ignoraba ese detalle, el ministro de Defensa, Geoff Hoon, y el propio Scarlett afirmaron que sí lo conocían.
Esa alerta de los 45 minutos que fue incluida en el dossier, venía de una sola fuente, según admitió el responsable del JIC durante la investigación del juez Brian Huttton, sobre el suicidio del científico David Kelly.
Según informa hoy The Independent on Sunday, la persona que hizo esa denuncia era un iraquí, cuya identidad no ha sido facilitada, que estaba en su país durante la guerra del Golfo de 1991 y que posteriormente huyó, posiblemente a Escandinavia. Los datos que supuestamente facilitó a los servicios secretos británicos no iban acompañados de documentos que lo corroboraran, agrega ese diario.
BUSH Y BLAIR «EXAGERARON»
El ex jefe de inspectores de armas de la ONU, Hans Blix, acusó a Londres y Washington de exagerar la amenaza de las armas iraquíes para justificar el inicio de la guerra y dijo que deberían haber sido más sinceros.
Añadió que no acusaría al presidente estadounidense, George W. Bush, o al primer ministro británico, Tony Blair, de actuar de mala fe al dar sus argumentos sobre la amenaza que suponía Irak y sus supuestas armas de exterminio.
Sin embargo, añadió: “La intención fue dramatizarlo como los vendedores de algunas mercancías que están intentando exagerar la importancia de lo que tienen”.
“De los políticos, nuestros líderes del mundo de Occidente, creo que esperamos más que eso, un poco más de sinceridad”, dijo Blix a la emisora de televisión BBC.
Sus comentarios alimentarán las críticas en Estados Unidos y Gran Bretaña sobre las razones que llevaron a derrocar a Saddam Hussein.
Blix dijo que la comunidad de los servicios de inteligencia tenía que asumir parte de su responsabilidad. “Claramente creyeron demasiado en lo que dijeron los desertores iraquíes”, dijo. “Se apoyaron en ellos y mucho de lo que dijeron era falso”.
BUSH SE CONTRADICE
WASHINGTON.- Ante la evidencia de que Irak no tenía armas de destrucción masiva, el presidente de EE.UU., George W. Bush, contradijo ayer todo su planteamiento previo a la guerra y justificó la invasión en que Saddam Hussein “tenía capacidad” para fabricarlas.
“Como mínimo, tenía la capacidad para fabricar armas”, dijo Bush en una entrevista que difundió la cadena de televisión NBC, en la que dio un giro significativo a la línea argumental, que mantuvo antes de la guerra para derribar por la fuerza al régimen de Bagdad.
Sus declaraciones fueron muy distintas a las que hizo en marzo de 2003, el mes en que comenzó la invasión, en las que dijo: “Los datos reunidos no dejan dudas de que el régimen de Irak sigue teniendo y ocultando algunas de las armas más letales jamás concebidas”.
Bush no quiso reconocer que estaban equivocados y negó que se manipularan los informes de los servicios de espionaje para reforzar la posición de quienes querían derrocar a Saddam a toda costa.
“Yo y mi equipo miramos toda la información de inteligencia que estaba disponible y la analizamos. De ella se desprendía claramente que Saddam Hussein era una amenaza para EE.UU.”, dijo el Presidente, quien subrayó que no hacer nada contra él hubiera sido peor.
“Había utilizado armas (de destrucción masiva). Había fabricado armas. Había pagado a terroristas suicidas para que atentaran contra Israel. Tenía conexiones terroristas. En otras palabras, todos esos ingredientes me estaban diciendo una cosa: amenaza”, explicó el mandatario.
También dejó la puerta abierta a que realmente sí hubiera armas no convencionales en Irak y consideró la posibilidad de que pudieran ser destruidas, escondidas o enviadas a otro país.
“Pudieron ser destruidas durante la guerra. Saddam (Hussein) y sus esbirros pudieron destruirlas cuando entrábamos en Irak. Pudieron ser escondidas. Pudieron ser transportadas a otro país y lo averiguaremos”, manifestó el Presidente estadounidense.
Bush descartó la posibilidad de testificar ante la comisión que investigará los posibles errores de los servicios de espionaje que condujeron a pensar que Irak disponía de un importante arsenal no convencional.