- Los lazos de Gerardo Escudero con Nicaragua surgen desde un momento de solidaridad. Luego su vínculo profesional con el campo fue otro de los motivos que le empujaron a llegar a este país, para trabajar por el desarrollo rural. Desde la oficina que dirige han cambiado muchas cosas dentro de la institución, entre ellas, procurar que los pequeños y medianos productores tengan mayores herramientas para diversificar sus productos y mercado
María Antonia López Manzanares [email protected]
Se podría pensar que Gerardo Escudero empezó a conocer Nicaragua con los ojos de “una palomita güasiruca”. Y no es que tenga problemas visuales, sino porque el estar casado con una nica es indudable que ella le pusiera al tanto de la idiosincrasia de los habitantes del país que une a las Américas.
Pero éste no fue el principal motivo. Su especial interés por Nicaragua le nació mucho antes de conocerla a ella, pues fue precisamente en México donde se hicieron novios para luego formar una familia que ahora radica en Managua.
Por aquellos tiempos no era su esposa lo más atractivo de Nicaragua, sino el campo, los campesinos y la posibilidad de que éstos puedan desarrollarse dado el alto potencial de recursos que el país tiene.
Este “chilango” (mote que adoptan los mexicanos nacidos en el Distrito Federal), salió de su país por asuntos de trabajo desde hace 15 años, su último trabajo en México fue con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), organismo que lo trajo a Nicaragua por primera vez en 1991 alargando su período hasta 1992.
Luego fue ubicado en Bolivia donde se incorpora al Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), donde trabaja hasta la fecha. Su traslado hacia Costa Rica años después le dio oportunidad de estar más cerca de Nicaragua.
“Siempre he buscado estar en los países que en las oficinas, tuve la suerte de que me hayan mandado y el Gobierno de aquí de haberme aceptado, de tal manera que ya tengo tres años y casi seis meses”.
Considera que su llegada a Nicaragua fue más movida por su labor profesional, pero ahora sí siente que su familia se ha consolidado, porque sus hijos se han establecido “ellos ya saben (ahora) lo que es tener un tío, un abuelo, nacieron viajando, uno de mis hijos es boliviano, era difícil. Pero también yo forcé un poco el venir para acá porque me gusta mucho, creo que tiene un gran potencial”.
—¿Cuándo fue la primera vez que se interesó en Nicaragua?
—Yo empecé a conocer Nicaragua en 1972 cuando era estudiante, yo era un líder estudiantil, y recuerdo que mandamos varios furgones de medicamento, alimentos para los damnificados del terremoto. Así que aunque no estuve presente organicé durante cinco meses una movilización en el Distrito Federal para mandar ayuda. Luego tuve un acercamiento más estrecho con la revolución nicaragüense. En México todo mundo apoyaba el cambio democrático.
—¿Qué relación tuvo con el gobierno sandinista?
—Tuve la oportunidad de hacer una visita recién tomado el Frente Sandinista el poder para ver algunos proyectos agroindustriales desde la Facultad de Economía de México con toda la experiencia del sistema alimentario mexicano que era un programa grande, y se dio apoyo.
De allí me fui a hacer la maestría y un doctorado y después me quedé en México cinco años más, y en 1991 vine a Nicaragua por primera vez.
—¿Cuando llegó al IICA de Nicaragua vino como consultor o como representante?
—Vine como representante del IICA en Nicaragua, e inclusive venía con dos funciones más. Como ya había tenido el puesto de secretario técnico, me traje dos direcciones más, la de educación y capacitación, y la de información y comunicación, y ésas las tuve durante un año mientras se nombraban algunas personas y después ya seguí sólo como representante.
—Anteriormente el IICA tenía un perfil muy bajo…
—El instituto, que para ese tiempo tenía casi 30 años de tener presencia en Nicaragua, como toda institución en algunos momentos tienen sus subes y bajas. Pero cuando se adormecen creo que es el momento de cambiar a los representantes. De manera que cuando vengo, está en esa curva, casi nadie lo conocía, su impacto era menor, estaba como adormecido. Éramos unas diez personas y hoy somos cerca de ochenta, los recursos que manejamos hoy son bastante mayores, pero sobre todo lo importante es que ya está dando impacto el cual hay que evaluar para saber cómo está ayudando al desarrollo de los sectores rural y agropecuario de Nicaragua. Y hemos mantenido una rendición de cuentas, hemos sido auditados cinco veces y estamos iniciando otra técnica y financiera. Sobre todo en la línea de fortalecer las capacidades individuales, institucionales del sector y del país.
—¿Cuál fue la percepción que tuvo cuando vino al país y se encontró con que había un problema serio en el sector agropecuario?
—Cuando vine hace tres años y medio tenía la visión de que Nicaragua tenía la segunda agricultura más dinámica de toda América, una pujanza, tasa de crecimiento fuerte, pero al mismo tiempo sabía que había un fenómeno diferente. Y es que había sucedido una guerra era fácil crecer rápido, porque es como partir de cero. Y entonces Nicaragua tenía un modelo de incrementar fuertemente la producción, pero sobre la base extensiva, sin mucha tecnología. Entonces, cuando llego constato que ese impulso había terminado y que habían unos problemas estructurales muy fuertes.
Creo que todo mundo coincide en que el tema de crédito es un tema clave, fundamental, porque después de un problema de descapitalización es muy difícil competir, sobre todo en un proceso de apertura, de integración. Y sin eso, difícilmente se puede dar el salto que se quiere. Ser más intensivos y no extensivos. El otro asunto es que en la medida que el dinero sea caro, no se es competitivo cuando hay que pagar tasas altas.
—Pero también se ha dicho que el modelo agroexportador concentrado en unos cinco o seis productos es también lo que ha frenado el desarrollo de la agricultura en Nicaragua…
—Esos cinco o seis productos son responsables por más del 80 por ciento de la exportación del sector agropecuario. Lamentablemente, tienen escaso valor agregado, y además sabemos que desde hace años vienen cayendo de precio en el mercado internacional aceleradamente y que muy difícilmente pueden modernizar el agro.
Entonces, igual que el financiamiento, la escasa diversificación de la estructura productiva es un problema gravísimo, hay muy pocos huevos en una sola canasta, y lo que hay que hacer es poner más huevos en la canasta, con productos de alto impacto como los que tradicionalmente se han manejado pero bajo un proceso agroindustrial, buscando nichos de mercado y a la vez, diversificando las zonas productivas de acuerdo a su vocación al grado de competitividad que puedan tener, porque hay que pensar en el mercado para el que se va a producir.
—¿Cómo resolver? ¿Cuál es la solución? ¿Depende de políticas de gobierno, de voluntades de los productores, de cambios de cultura…? ¿Qué opina?
—El crédito y la diversificación productiva tienen solución. Pero creo que el elemento modal de todo esto es cómo hacer nacer una clase de productores diferentes. Cómo transformar la mentalidad de los que hoy hacen la agricultura en Nicaragua. Así como hay productos muy tradicionales y escasa diversificación eso tiene líderes y modelos que responden a eso. Ése es su lenguaje, protección , elevar aranceles, el mundo globalizado nos acaba, eso se compagina con la propia estructura que ellos manejan. Deben surgir y desarrollar y es hacia donde el IICA apuesta a que surja una nueva clase líder agroempresarial, desde los pequeños productores que con una nueva mentalidad logren diversificar la agricultura con valor agregado, con competitividad y que su lenguaje exprese esa correlación y muy apegados al mercado.
Cuando decimos muy apegados al mercado, también decimos que conserven el medio ambiente, porque nada se gana en el mediano ni largo plazo, sacar competitividad pasándole la factura a la naturaleza.
El elemento esencial es cómo sumarnos todos a un proceso y una nueva visión del agro en Nicaragua y pienso que en el fondo lo que señala es tener una visión de país y de integración. Todo lo demás tiene soluciones más rápidas. Mi conclusión es que todo aquello que tiene una nueva visión, con una nueva agricultura y con mejores recursos humanos es el hilo de la madeja que permita dar el salto en el agro.
—¿Cómo llegar a eso? ¿Debe partir de la voluntad de los productores de cambiar? Porque aquí hay una falta de credibilidad de las instituciones, hay muchas dudas sobre el Gobierno, los productores no se organizan porque hubo una experiencia de cooperativas politizadas en el caso de los pequeños, los grandes también en sus gremios y también tienen diferencias políticas internas…
—No basta hacer la sumatoria aritmética de individuos, porque hay que ver la institucionalidad del país que le dé fundamento, visión, sustentabilidad. Cuando hablamos de institucionalidad, no sólo es la del Gobierno, sino la que forma el sector privado, y en el fondo hablamos de instituciones y reglas del juego. Este gobierno actual sacó una estrategia de desarrollo y hay una clara visión de hacia dónde debe ir el país, tiene elementos fundamentales para hacer políticas públicas y para orientar al sector privado.
El problema es cómo traducir a lo microeconómico. Aquí hay muchas limitaciones, y no se puede avanzar sin el sector público y el privado. Yo diría que el sector público se privatice más, que el país entre en un proceso de generación de riqueza.
—Muchos especialistas coinciden en que mientras no haya un proceso de despolitización será difícil que haya consenso de los productores, de los privados, del Gobierno…
—Ése es el otro gran tema y es una de las primeras condiciones. Si no hay una visión compartida olvidémonos de cualquier planteamiento. Nicaragua obedece a la misma historia de países convulsionados, pero cuando ya se entra a juegos políticos queda a nivel de discrecionalidad de los grupos de poder.
—¿Qué tan bueno sería partir de la propia experiencia nacional para buscar el desarrollo, o tomar como parámetro otras? Tenemos la tendencia de decir en “Costa Rica pasa esto o aquello”…
—Actualmente, uno tiene la costumbre de compararse a partir de lo que hace cinco,10 ó 15 años viene haciendo, midiendo los rendimientos productivos. Pero también se compara con el resto de los países de la región. Creo que es un efecto combinado. Es válido decir “mirá cómo están los ticos”, porque si hace tiempo nos comparábamos en un rubro, hoy deja de ser importante, porque si los países competidores en nuestro mercado nos superan, es hacia allí donde tenemos que estar atentos, para evitar perder los mercados conquistados.
Por ejemplo, la experiencia de carne orgánica la tiene Nicaragua, tiene un mercadeo nacional, ya se están haciendo en Estados Unidos, pero si Nicaragua que ya despuntó en esa área y se duerme, en menos de un año nos van a ganar los otros países.
La importancia de vernos desde nuestra propia experiencia es vital, porque años atrás Nicaragua era el granero de Centroamérica, el mayor productor de cerdos.
UN “CHILANGO” EN NICARAGUA
Nacido en México, en el Distrito Federal.
Economista de profesión
Realizó un doctorado en París, Francia, sobre planificación y economía agrícola
Trabajó con la FAO en México, desde donde fue trasladado a Nicaragua, luego a Bolivia, Costa Rica y nuevamente a Nicaragua.
Trabajó como director de relaciones externas y gerente técnico del IICA en Costa Rica, durante siete años.
La labor del IICA
El Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) se ha dedicado durante el último año al fomento de las exportaciones que no está concentrada solamente en la promoción hacia Estados Unidos, sino que recientemente lograron la visita a Canadá de un grupo de medianos empresarios nicaragüenses.
Por otro lado, entre los meses de junio y agosto de este año estarán impulsando una plataforma de exportación agrícola hacia el Caribe donde el nivel de ingreso per cápita es alto.
También hay un impulso por la exportación de cebollas y carne orgánica hacia Estados Unidos e igual esfuerzo se ha hecho con el cacao hacia Alemania y Holanda, así como los cafés especiales.
Para Gerardo Escudero, representante del organismo en Nicaragua, de la experiencia específica del IICA se extrae la necesidad de diversificar los productos y los mercados.