El panameño José Macías ha sido útil con los Tomateros de Culiacán.

Héroe del trabajo

Un ejemplo que vale la pena ver Edgard Rodríguez C. ENVIADO ESPECIAL/ SANTO DOMINGO [email protected] José Macías es ahora una figura destacada en el beisbol del Caribe e incluso en las LigasMayores. Entrevistarlo fue un lío la noche del lunes en el Estadio Quisqueya. Y no porque se haga el difícil, sino porque se volvió […]

  • Un ejemplo que vale la pena ver

Edgard Rodríguez C. ENVIADO ESPECIAL/ SANTO DOMINGO [email protected]

José Macías es ahora una figura destacada en el beisbol del Caribe e incluso en las LigasMayores.

Entrevistarlo fue un lío la noche del lunes en el Estadio Quisqueya. Y no porque se haga el difícil, sino porque se volvió enorme la fila de periodistas que buscaban sus palabras.

Pero el panameño de 5.9 pies y 180 libras, que terminó convertido en héroe del primer triunfo de México en este clásico caribeño, atendió uno a uno a quienes lo requirieron.

Incluso tuvo tiempo para los autógrafos, fotografías y uno que otro beso solicitado por unas desinhibidas morenas dominicanas que aprecian el juego y a sus jugadores.

No obstante, detrás de este hombre que ahora celebra y es admirado, hay una extensa y dura historia que podría ser un ejemplo para quienes luchan y al primer revés se van.

“Cuando las cosas más le cuestan a uno, es cuando más las aprecia y las celebra”, dice a LA PRENSA este canalero, al que conocimos en 1996 cuando jugó con Chinandega.

Nacido en una familia muy pobre, comenzó a trabajar con Chico Heron, el scout de los Yanquis, que ha tenido que ver con la firma de muchos de los prospectos canaleros.

“En honor a la verdad, cuando llegó mi jefe (Herb Raybourn) a Panamá, no se lo mostré porque Macías era muy chiquito y yo sabía que no lo firmaríamos”, revela Heron.

Aún así, continuó trabajando con él y múltiples organizaciones lo vieron, pero ninguna lo firmaba por ser demasiado pequeño, peor aún, tratándose de un jardinero central.

“Yo notaba que mi físico no les gustaba, pero nada de eso me bajó el ánimo. Y seguí. Pero las cosas no cambiaban mucho, nadie me firmaba”, recuerda Macías con pesar.

El colmo es que un día, un scout de Cleveland decidió hacerle una prueba en Chiriquí, un pueblo situado a seis horas de la capital y Macías no dudó en tomar el bus e irse.

“Pero para no irme solo, busqué a un amigo y le dije que fuéramos. No quería, al final lo convencí, le dije que al menos me acompañara y tomamos el bus los dos”, señala.

Al final del tryout (la prueba) el firmado fue su amigo José Jiménez y él volvió a casa sin recibir el chance que buscaba. Aún así, decidió continuar trabajando y más duro.

“Siempre mantuve la fe y por fin, el señor René Picota de los Expos, me firmó por mil dólares. Más por mi insistencia que por otra cosa y me enviaron a Dominicana”, dice.

Las cosas no cambiaron al instante. José viajó a este país convertido en un infielder, y así pasó, viajando a Dominicana, durante tres años, hasta que se ganó el viaje a EE.UU.

Y luego de cuatro años más, subió a las Grandes Ligas. Ha militado con Montreal, los Tigres y ahora hará su debut a la par de Sammy Sosa en los Cachorros de Chicago.

Ahora vive en un lujoso apartamento en una zona residencial en Panamá y sus autos son de último modelo, pero sobre todo, son producto de su esfuerzo, de su persistencia.

AÚN HAY MÁS

José Macías, aún siendo pelotero profesional, debió trabajar como albañil batiendo mezcla y pegando cuarterones. También pintando casas para ayudar a su mamá.

Hasta antes que su hijo conquistara buen dinero y se convirtiera en su gran soporte, la mamá de Macías vendía comida y hierbas medicinales en la periferia capitalina.

Cuando llegó a Nicaragua en 1996, el doctor Enrique Chavarría, era el encargado de llevarlo del aeropuerto a Chinandega, pero como estaba ocupado, lo mandó en un bus desde Managua.

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