Xavier BatallaPeriodista Digital
El Gobierno de Tony Blair elaboró en septiembre del año 2002 un informe sobre la amenaza que representaba el armamento de destrucción masiva que, según aseguraba, tenía Saddam Hussein.
En el mes de mayo siguiente, un periodista de la BBC, Andrew Gilligan, basándose, según dijo, en declaraciones del doctor David Kelly, acusó al Gobierno de haber exagerado la nota. El reportaje de Gilligan aseguraba que Downing Street “probablemente sabía” que la amenaza de que Irak podía utilizar su armamento en 45 minutos (según el informe) era falsa.
Poco después, en julio, Kelly se suicidó, lo que llevó a Blair a nombrar a lord Hutton para que investigara las circunstancias de su muerte. Lord Hutton entrevistó a 75 personas en 25 días. Y el miércoles pasado hizo público su informe en el que critica a Gilligan, a la BBC y al propio Kelly, al tiempo que exculpa totalmente al Gobierno. De Gilligan dice que no se puede concluir que el doctor Kelly le dijera que el Gobierno sabía que la amenaza de los 45 minutos era falsa.
De la BBC, que ha admitido los errores cometidos, afirma que no actuó correctamente, ya que no contrastó la información, lo que es grave. Y del doctor Kelly, asesor del Ministerio de Defensa, sentencia que no estaba autorizado a hablar con Gilligan.
Es decir, y aunque desde aquí sea difícil dar lecciones a una cadena pública de radiotelevisión como la BBC, el asunto está claro: según Hutton, el informe gubernamental del 2002, con el que se intentó persuadir a los británicos de la necesidad de la guerra de Irak, es correcto. Si Hutton ha dado en el clavo, ¿dónde está entonces el armamento que el informe oficial atribuye a Saddam?