Edgard Rodríguez C. [email protected]
José Ariel Contreras tiene ahora una mansión en Tampa, Florida, y cada día imagina a sus hijas Naylan de 11 años y Naylenis de tres, corriendo por sus amplios pasillos o sumergiéndose a la piscina, algo a lo que no tienen acceso en su Cuba natal.
Pero para Contreras, los contrastes brutales que ha vivido contribuyen mucho más a confundir que a comprender la realidad de su país, que hace dos años, se enfrascó en una firme y digna batalla por recuperar al niño Elián González y llevarlo a Cuba.
“Nadie tiene derecho a separar a una familia. Recuerdo el caso del niñito Elián González. Todo el mundo estuvo de acuerdo que debía volver a Cuba para reunirse con su padre. Y no estoy hablando de política, sino del derecho que tiene el ser humano de estar junto con su familia”, señala Contreras.
—¿Estuviste de acuerdo con la actitud del gobierno cubano en aquel instante?
—Claro que sí. Me pareció admirable cómo el gobierno de mi país peleó por Elián. Yo estuve de acuerdo con que volviera a casa. Yo apoyé ese esfuerzo. Ahora espero que el gobierno cubano analice bien la situación de mi familia, y que no se me vea como un traidor, sino como un padre que les ruega, que les implora, por una oportunidad para reencontrarse con su familia, agrega el lanzador.
—¿Qué tanto pensás en tu familia?
—A cada minuto. A veces sueño que estoy con ellas y cuando me despierto, lamento que esa sólo un sueño. Cuando hablo con mi hija de tres años, que obviamente no entiende nada de lo que ha pasado, me dice, ideay papito, y cuándo vas a venir, te sigo esperando. Eso me parte el alma, señala José Ariel mientras batalla contra las lágrimas que se asoman a sus ojos.