José Ariel Contreras, lanzador cubano de los Yanquis de Nueva York

José Ariel Contreras: Un millonario triste

Armado de un indiscutible talento, el cubano José Ariel Contreras, se prepara para lucir como una auténtica luminaria en Nueva York, mientras disfruta de las comodidades que su salario le permite. Pero hay un vacío en su corazón que sólo puede ser llenado por su familia, con la que no puede reencontrarse por la negativa […]

  • Armado de un indiscutible talento, el cubano José Ariel Contreras, se prepara para lucir como una auténtica luminaria en Nueva York, mientras disfruta de las comodidades que su salario le permite. Pero hay un vacío en su corazón que sólo puede ser llenado por su familia, con la que no puede reencontrarse por la negativa del Gobierno cubano

Edgard Rodríguez C. [email protected]

Un año después aquel sorpresivo arribo a Nicaragua en diciembre del 2002, José Ariel Contreras es básicamente el mismo: sencillo, amable, accesible.

Donde sí se perciben diferencias, es en su salario. De los 20 dólares que devengaba mensualmente en Cuba, ha saltado a 680 mil en el mismo período con los Yanquis, el equipo que admiró desde sus años de niño.

Firmado por cuatro años y 32 millones de dólares en la Navidad del 2002, Contreras saltó a la fama, alcanzó el sueño americano y se ha realizado profesionalmente. Cuando habla lo hace con suavidad y prudencia, pero le es difícil disimular la tristeza que vive.

“Sólo Dios sabe cuánto he sufrido”, revela a LA PRENSA el monticulista. “Estoy muy contento con el trato que me han dado los Yanquis y por lo que hice en el juego pese a mi lesión, pero hay algo que no lo remplaza nada y es mi familia”, agrega Contreras.

Después de dos intentos frustrados de venir a Nicaragua y encontrarse con su familia, el gobierno cubano informó a su esposa Miriam Murillo, que deberá esperar cuatro años para que su solicitud de salida sea revisada de nuevo.

Contreras está de nuevo en el hotel Campo Real. Su habitación es amplia y bien equipada, pero se percibe el vacío que sólo su familia podría llenar. En ese contexto conversó con LA PRENSA y este es el diálogo.

EL DINERO NO CAMBIA

—¿Hay quienes piensan que el dinero te cambia, o quizá sólo muestre lo que llevás dentro?

—Yo soy una persona humilde. Mis papás son campesinos y nunca tuve privilegios económicos. Cuando firmé el contrato mucha gente me preguntó qué haría con el dinero y la verdad, no lo sabía, porque nunca lo había tenido, pero pienso que el dinero saca lo que uno es realmente, pero yo como no soy hipócrita y siempre muestro lo que soy, no tengo problemas en ese sentido.

—¿Hay más comodidades, pero también muchas incomodidades?

—No lo veo así. Es lógico, tus condiciones mejoran y te vuelves famoso. Y además tienes que pagar un precio por ello. La gente quiere hablarte, desea una foto, un autógrafo, pero eso en lugar de incomodarme, a mí me da alegría, porque el que se acerca lo hace porque te quiere, porque aprecia el trabajo que tú haces.

—¿Sentís que tu carrera va por la ruta correcta?

—Sí lo creo. El año pasado aprendí mucho. Aprendí de pelota, pero sobre todo de la vida. Pasé un año solo en un país desconocido, sin dominar el idioma. Ha sido muy duro, pero a la vez muy provechoso. A veces uno convive con su familia, con sus amigos y no es capaz de decirle cuánto los quiere. Y ahora que no estoy con mi esposa, ni mis niñas, sé cuánto las quiero y cuánto las necesito.

—¿Esperabas ver a tu familia pronto?

—De hecho yo tenía muchas fechas para venir para acá después de la temporada, porque el gobierno de Nicaragua le dio visa a mi familia para ingresar a este país, pero la visa se les venció porque el gobierno de Cuba no les dio el permiso de salida, la carta blanca. Ahora les han dicho que tienen que esperar cuatro años para poder salir.

NO SOY TRAIDOR

—¿Creés que pueda darse un cambio en ese sentido?

—Estoy seguro que cambiarán de opinión, porque independientemente de que el gobierno cubano me llame un traidor, yo no siento que sea traidor. No he cometido ningún delito, ningún crimen y me reconforta que mi familia me sigue apreciando, y más que familia, el pueblo de Cuba me sigue admirando, me sigue respetando. Pienso que de un momento a otro, el gobierno cubano cambiará de parecer.

—¿Por qué lo creés así?

—Porque el que tomó la decisión de salir de la isla fui yo, fue una decisión personal. Mis niñas y mi esposa no tienen que pagar ningún precio. Ellas no son culpables de nada, si es que acaso existiese culpa alguna. Todas las gestiones que ha hecho mi esposa han sido en el marco de las leyes y yo tengo fe en el que el gobierno de Nicaragua me va a seguir ayudando y que pronto me reencontraré con mi familia.

—¿Estás resentido con el gobierno cubano?

—Resentido no, pero me molesta su actitud, porque durante ocho años di lo mejor de mí por mi país y ahora se me trata de esta forma. Lo mío no es político. Soy un deportista y si en mi país se me ha tratado mejor, yo no estaría aquí. Yo estaría en Cuba. Pero yo no tenía una vivienda y muchas veces pedí que se me ayudara y nada. No pedía una mansión ni mucho menos, sólo deseaba una vivienda decorosa y nunca se me dio.

—¿Tu familia ha sido bien tratada en Cuba?

—Hasta hace unos meses sí, pero de pronto muchas cosas cambiaron. Un día apresaron a Miriam, mi esposa y la acusaron de andar jineteando (prostituyéndose) con los turistas. Eso sería cómico de no ser por lo trágico. Miriam no tiene necesidad de dinero, pero se tenía que buscar una excusa para detenerla y buscaron una muy burda. Ahora por donde va, es vigilada.

—¿Fue interrogada?

—Sí. Lo que pasa es que se nos quiso asociar a mí y a mi familia de haber ayudado a quienes salieron de la isla después que yo, pero nosotros no hemos tenido nada que ver. Ahora, si en algo puedo ayudar a cualquier cubano, lo haré con todo gusto, pero hasta ahora se nos acusa de algo que no hemos hecho”.

ELIAN GONZALEZ

El 22 de noviembre del 2000, salió de Cuba una embarcación con destino a Miami. La nave zozobró y de las 14 personas que iban a bordo, sólo sobrevivieron tres, dos adultos y el niño Elián González, quien había sido llevado por su madre Elizabeth Brotons.

Unos pescadores los rescataron en aguas cercanas a la Florida. En Miami, su tío abuelo Lázaro González lo acogió y desplegó con el respaldo del exilio cubano, toda una batalla legal para quedarse con el niño, pero el Tribunal Supremo rechazó la solicitud de asilo.

El padre de Elián, Juan Miguel González, solicitó su repatriación y Cuba cerró filas para hacer prevalecer el derecho de patria potestad que le asistía. Y mediante un operativo federal de rescate, Elián fue entregado a su padre y volvió a Cuba el 21 de junio del 2001.

José Ariel Contreras asegura que el gobierno cubano tiene ahora la oportunidad de volver a asumir una actitud beligerante bajo el mismo objetivo: reunir a una familia.

Además:
“Que recuerden el caso de Elián”

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