Róger Matus [email protected]
Con motivo del descenso del robot estadounidense sobre la superficie de Marte, los diarios de la capital han empleado dos verbos y dos sustantivos para referirse a esta acción: aterrizar y “amartizar”, aterrizaje y “amartizaje”. He aquí los textos:
“Marte es un lugar increíblemente difícil para aterrizar… algunos lo llaman el planeta de la muerte”. (LA PRENSA, 4 de enero de 2004, p. 6B).
“Éste es el modelo de robot estadounidense previsto ‘amartizar’ ayer en altas horas de la noche”. (El Nuevo Diario, 4 de enero de 2004, primera plana).
“El exitoso aterrizaje de la nave Spirit rompió una tendencia de fallidas misiones al planeta rojo”. (LA PRENSA, 5 de enero de 2004, p. 9 A).
“Amartizaje” funcionó como estaba previsto y hubo júbilo en la Tierra”. (El Nuevo Diario, 5 de enero de 2004, primera plana.)
“Aterrizar” y “amartizar” responden al proceso de formación de vocablos mediante el fenómeno de la derivación que consiste en agregarle afijos (partículas) al comienzo, llamados prefijos, y al final o sufijos (aunque a veces también en el medio o infijos) de una palabra.
Son muchos los casos de palabras en el español de Nicaragua formadas por prefijo y sufijo, como “acabangado” (de “cabanga”, un sustantivo compartido con Costa Rica que significa “nostalgia o decepción amorosa”): “Yo siempre quedaba acabangada cuando se cantaba el Adiós Reina del Cielo”. (LA PRENSA, 7 de diciembre de 2003, p. 10B).
Otro ejemplo es el verbo “acalambrar” (de “calambre: contracción espasmódica de ciertos músculos”, que significa como en Uruguay “producir miedo o preocupación”, un término de uso común en el lenguaje coloquial, particularmente entre jóvenes: “¡No me van a acalambrar esos dos matones…!” (LA PRENSA, 30 de noviembre de 2003, suplemento El Azote Semanal, semana del 30 de noviembre al 6 de diciembre).
O el caso de “desgalillarse” (“desgañitarse”), un verbo pronominal compartido con El Salvador y Honduras: “Solís lee un libro mientras Sánchez se desgalillaba”. (Bolsa de Noticias, 17 de noviembre de 2003, p. 7)
Igualmente el sustantivo “deshuesadero” (“lugar clandestino donde desmantelan vehículos robados”): “Existen herramientas de seguridad que pueden evitar que su inversión vehicular sea sacrificada en un deshuesadero”. (LA PRENSA, 19 de noviembre de 2003, suplemento Andiva, p. 30). Se trata de un proceso de enriquecimiento de las lenguas. En el español general es precisamente el recurso más empleado en la formación de palabras nuevas.
El verbo “aterrizar” se formó del sustantivo “tierra” y significa “descender sobre tierra, suelo o piso”. Cuando el descenso se hace sobre el agua se dice “acuatizar”, formado del latín aqua, agua. También se emplean otros verbos igualmente correctos: “amarizar”, que sigue la formación lógica de “aterrizar”, y “amarar”, que existe en nuestro idioma desde hace más de medio siglo, como nos informa Manuel Seco. En Hispanoamérica se prefiere “acuatizar”.
“Amartizar” se ha formado del sustantivo Marte para designar la acción de “descender sobre la superficie de este planeta”. Aunque por analogía con “aterrizar” sigue el proceso de derivación, no creemos que sea muy feliz el uso de este verbo, como no lo serían tampoco otros formados para denominar el descenso en otros planetas como Mercurio (¿amercurizar?, Júpiter (¿ajupitizar?), etc. Basta pues el verbo “aterrizar” que, referido a un artefacto volador, no significa posarse sobre el planeta Tierra, sino “descender en tierra, suelo o en cualquier superficie firme”.
El autor es Miembro de Número de la Academia Nicaragüense de la Lengua.