Elmer Ramírez España
Han pasado veintiséis años desde aquel 10 de enero de 1978. Más de un cuarto de siglo de lucha del mundo, que forjó el doctor Pedro Joaquín Chamorro, como hombre, periodista, político y visionario. Constructor de principios, generador del qué, el cómo y el cuánto del quehacer social.
Siempre estuvo al lado de la historia, forjándola en todo momento, a la vez que la sufrió por este pueblo, dejando un legado que se ha leído a través de las manos del tiempo, de sus memorias, de sus editoriales. Fue la pauta a seguir, el pequeño y significativo hilo conductor que lo llevó a la inmortalidad.
Su muerte estremeció al país por los cuatro costados, pero fue la herida que hundió definitivamente a la feroz dictadura, destruida unos meses después. Sus sueños se conjugaron con el asidero de la esperanza, en tanto estuviese presente el voto como óbolo incondicional de las oportunidades de un pueblo aislado de paz y trabajo, pues la democracia que se nos ofreció sólo respondió a la patente de los particulares, marginando a la socialización de los panes y peces.
Al doctor Chamorro se le adeuda mucho. Apenas estamos saliendo del anonimato, suplicamos para subsistir, dependemos de las remesas, sin embargo, todavía es posible que los hombres desistan de su vocación politiquera para entrar a formar parte de la unidad e identidad nacional. Es decir, hay que buscar la barca del patriotismo del que hablaba Robespierre, la virtud suprema, con el empeño para llevar a Nicaragua a ser República.
Docente en la UNI