Cafta

Marco A. Cajina Apenas empezamos a ver la tentación presidencial, ya cacareada durante el período arnoldista, en alargar la celebración del acuerdo de libre comercio con Estados Unidos (EE.UU.) y la condonación de la deuda con el HIPC. Y aunque se le ha acabado el tiempo, el Presidente no debiera dejar de atender la preparación […]

Marco A. Cajina

Apenas empezamos a ver la tentación presidencial, ya cacareada durante el período arnoldista, en alargar la celebración del acuerdo de libre comercio con Estados Unidos (EE.UU.) y la condonación de la deuda con el HIPC. Y aunque se le ha acabado el tiempo, el Presidente no debiera dejar de atender la preparación de lo que será la señal más poderosa del inicio de la segunda mitad de su gobierno. Mientras el Cafta representa un gran final para la primera mitad de su gobierno, el nuevo gabinete será la primera señal sobre qué esperar en los próximos dos años y sentará las bases de la estrategia para abordar las elecciones del 2006.

El año que duró la vida útil del gabinete del 2003, con pocas caras nuevas, trajo cambios que resultaron inefectivos e incompletos para manejar la coyuntura política. Es ahora que el Presidente debe comenzar a afianzar su legado, ajustando su gabinete para darle a la unidad que le han planteado construir los EE.UU. y enfrentar el desafío del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Si en cambio insiste en gobernar con la lógica, heredada de los arnoldistas, de fuerte presencia en el nongroup del gabinete actual, después de mí, el diluvio, su predicado inicial lo pondrá en la historia como quizás uno de los más inefectivos gobernantes de la historia de Nicaragua.

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