- Es una ciudadela de cinco manzanas que cuenta con iglesia, parque, hospitales, escuelas, talleres de oficios, de danza, coros y donde
se educan y alimentan 1,300 niños gracias al esfuerzo y gestión del padre Marcos Dessi y su Fundación Chinandega 2001
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Hace 32 años llegó a Chinandega el padre Marcos Dessi. Trajo consigo el Evangelio y la esperanza de una vida mejor para los chinandeganos, que viven en extrema pobreza.
El drama en que vive un 62 por ciento de esa población del Occidente del país, reflejada en niños desnudos hurgando entre la basura el sustento diario, el analfabetismo, los niveles de mortalidad materna, prostitución infantil y drogadicción, marcó al sacerdote italiano, que desde un primer momento se propuso luchar por crear las condiciones de una vida mejor para este sector.
“En 1992 presencié el espectáculo más horrible de mi vida: decenas de niños descalzos y sucios corrían detrás de los camiones de basura en busca de algo que les pudiera servir, pasaban todo el día en un ambiente de podredumbre. Yo no entendía cómo sus padres los mandaban ahí”, dice aún desconcertado por esa realidad.
Por la mente del padre Dessi pasaron miles de ideas para alcanzar la fórmula que le ayudará a darle la batalla a la pobreza. Y poco a poco fue creando proyectos en beneficio de este sector. Arrancó con una pequeña escuela y hoy se alzan con aproximadamente nueve grandes proyectos que son verdaderos ejemplos de amor al prójimo.
En la actualidad el megaproyecto al que ha llamado Betania comprende cinco manzanas de tierra en las que hay una iglesia, parque, un hospital debidamente equipado, escuela donde se brinda educación preescolar, primaria y secundaria (hasta tercer año) y talleres de oficios, de danza y coros. Es ahí donde se educan y se alimentan gratuitamente 238 chavalos procedentes de barrios marginales.
El padre Dessi es para los pobres de esa ciudad “El Mesías”, como lo llaman algunos, aunque a él ese tipo de calificativos no le gustan, todo lo contrario le avergüenza y sólo le importa ganarle la batalla a la miseria y la falta de autoestima de la población.
En Betania se respira tranquilidad. Su ambiente rodeado de mucha vegetación transmite paz. “Aquí sólo asisten niños y adolescentes que viven en situación de extrema pobreza. Yo deseo que ellos sean agentes de cambio en sus lugares, que vean que existen esperanzas para vivir mejor”, dijo.
CIEGOS ENCUENTRAN UNA LUZ
Cinco manzanas de tierra que al inicio eran montes se han ido moldeando para darle cabida a otros proyectos más pequeños como: Casa Santa Lucía, que es un local donde se capacita a niños y adolescentes no videntes en la técnicas del masaje, para que puedan desempeñarse como fisioterapeutas.
“Fue muy difícil trabajar con los niños no videntes porque en muchos de los casos los padres ven en ellos un sustento, porque la gente les tiene pesar y les brinda ayuda, pero ese tipo de mentalidad hay que erradicarlas y prepararlos mejor que al resto, para que puedan enfrentar la vida”, dice.
Para ello, Dessi ha traído una fisoterapeuta italiana, Chiara Bonomi, que capacita a 20 adolescentes en este campo, además de un instructor ciego, también italiano.
En Casa Santa Lucía sus alumnos son los únicos internos en el lugar, debido a su condición y porque algunos proceden de varias ciudades del país y de zonas rurales de Chinandega.
La educación es para Dessi el pilar fundamental con el que ha desafiado la pobreza, por lo que ya cuenta con siete escuelas ubicadas no sólo en Betania, sino en aldeas (viviendas que se han construido en las zonas rurales después el huracán Mitch).
Y este año el padre pudo ver la primera promoción de bachilleres donde se graduaron nueve jóvenes.
“Ha sido una lucha constante traer los niños a la escuela porque viven en extrema pobreza y tienen que ayudar a sus padres en diferentes labores”.
“Al principio eran pocos los que asistían, entonces pensé que si se les daba la comida y los materiales escolares podrían venir más a la escuela”, agregó.
La tecnificación para los adolescentes y mantenerlos alejados de las vagancias, es un asunto que Dessi no ha descuidado, por lo que en las escuelas taller de Betania, que contaron en su construcción con el apoyo del Príncipe de España, capacitan a 238 alumnos en los talleres de metalmecánica, danza, cocina, construcción, cristalización de fruta y carpintería.
Pero en los pasillos de Betania también se escuchan vocecitas angelicales que entonan villancicos navideños y música nacional, ellos son los niños del coro Santa Lucía, compuestos por 12 pequeños videntes y 8 no videntes, futuros relevos del famoso Coro Getsemaní.
EL CORO GETSEMANÍ
Aunque los proyectos del padre Marcos Dessi cuentan con un grupo de fuertes donantes que se encuentran en Italia, Atlanta y Houston, uno de los medios para recaudar fondos y sufragar los gastos es el Coro Getsemaní, famoso por interpretaciones al lado de Luciano Pavarotti.
Getsemaní está compuesto por 18 integrantes entre niños y adolescentes, cuyas edades oscilan entre ocho y 16 años. Cada año estos jovencitos talentosos pasan varios meses de gira realizando presentaciones, a través de las cuales pueden traer ayuda a sus hermanos de Betania.
Este año los chavalos de Getsemaní se fajaron como grandes artistas en una gira que duró seis meses y contó con presentaciones en Italia, Francia, Alemania y Estados Unidos.
Los integrantes cantan, tocan y bailan la música latinoamericana, desde un rico merengue, salsa, sones cubanos o nicas, hasta un rítmico palo de mayo, cuentan con el apoyo de un organismo “Rock no ward” que organiza sus presentaciones en Europa.
Ludwing Vanegas, director del coro, enviado a capacitarse en un conservatorio Italiano y quien en su niñez, integró el mismo, dijo que el tiempo para ensayar previo a las giras internacional es muy limitado y sólo reciben capacitación únicamente para lo que les servirá en el escenario.
“En nuestras presentaciones los chavalos cantan y bailan y en alguna ocasiones hasta llevamos la Gigantona. La verdad, es un espectáculo que gusta mucho y hasta se roba lluvias de aplausos”, dijo el director del coro.
Marvin Osejo, de ocho años, es el más pequeño del grupo, dice que para él y su familia estar en el coro es una bendición de Dios.
Ángel Miguel Narváez de 16 años, quien toca la guitarra y el bajo desde hace cinco años, comentó que a pesar de las giras, no se siente artista, sólo lo hace con el afán de aportar con su talento el sustento para los proyectos del padre Marcos.
Este joven el próximo año se irá becado a los Estados Unidos a estudiar. “Ahora iré a estudiar, pero parte del convenio es venir a Betania a retribuir con siete años de trabajo, lo que haré con todo el gusto del mundo”, dijo.
El coro nació en 1973 con repertorio religioso. Ahora se han diversificado a los géneros latinoamericanos. Entre las piezas nacionales se encuentran: La cabra, La madrugada, El nandaimeño, El solar de Monimbó, etc.
ITALIANO DE ORIGEN Y NICA DE CORAZÓN
El sacerdote italiano, Marcos Dessi, de la Comunidad de Sacerdotes de Jesús, Divino Obrero, llegó a Nicaragua hace 32 años, cuando sólo contaba con 24.
En estas tres décadas ha dedicado cada minuto a trabajar por los pobres de Chinandega, porque para él “es vergonzoso mirar y no hacer nada por ayudar”.
Se siente más nica que el pinol y por tanto orgulloso de nuestra historia indígena, la considera algo hermosa, pero sobre todo se sensibiliza ante las injusticias del mundo.
”Llevo varios años trabajando por los pobres, creo que no se ha hecho tan mal, pero hace falta mucho por hacer, ya que Nicaragua necesita muchas Betanias”.
Comenta que del seminario salió directo a Chinandega. “Terminaba mis estudios cuando el director del hogar de Niños en Chinandega fue ascendido y el vice sufrió un accidente, entonces me preguntaron que si me gustaría venir a Nicaragua”.
En su estadía en Chinandega trabajó 20 años en el Hogar de Niños. “Aprendí de ellos muchas cosas, entre ello a hablar español, porque los niños se caracterizan por ser muy sinceros y me corregían cuando pronunciaba mal las palabras”.
“El Hogar del Niño, era para mí el objeto de toda mi preocupación. Hasta que un día por insistencia de una mujer fui al basurero y me encontré frente a las escenas más horribles de mi vida”.
Agrega que “eso fue como una patada de mula al ver tantos niños en abandono, donde ni siquiera sus propios padres cuidan de ellos y los meten a un ambiente insalubre. Sentí que a todo el mundo se le da atención menos a esos chavalos”.
Indica que a partir de ahí su vida “no podía ser la misma, porque no podía quedar indiferente frente a eso. El primer trabajo que hice fue llevármelos los fines de semana al Hogar del Niño, donde se aseaban, se les daba una ropita, comían y jugaban”.
Pero Dessi se dio cuenta que no era suficiente, pensó entonces en una escuelita para ellos que lleva el nombre “Aldo Dubón Callejas” (hijo fallecido de una familia benefactora), a partir de ahí fue toda una explosión de proyectos. Esa escuelita hoy cuenta con educación media completa, desde preescolar hasta bachillerato.
“Por eso siempre digo que todos los proyectos nacieron en el basurero, porque si yo no hubiera ido a ese lugar, estaría en el Hogar del Niño, tranquilo”, expresó.
En Nicaragua hace falta hacer mucho, pero yo siento que se me va la vida, por eso la razón de esta comunidad. Y como va el país serán muchas generaciones que necesitarán de estos proyectos.
DE GUINESS
En las tres últimas décadas que le han tocado vivir en Nicaragua, el padre Marcos Dessi ha gestionando ayuda en el exterior para los más necesitados de Chinandega, pero en ninguno de los gobiernos (Somoza, sandinistas, doña Violeta, Arnoldo Alemán) sus donaciones han pagado impuestos de desaduanaje.
Sin embargo, con el actual Gobierno, la Fundación que preside debe pagar aproximadamente mil 500 dólares de impuestos por cada contenedor con ayuda que recibe.
PIE DE FOTOS:
1.-Uno de los dos quirófanos con que cuenta el Hospital de Betania.
2.- Marvín Osejo, integrante del coro Getsemaní.
3.- Los jóvenes no videntes Manuel de Jesús López Sánchez y María Auxiliadora Moreno se capacitan como fisioterapeutas.
4.- Integrantes del Coro Getsemaní, en ensayo.
5.- Coro Santa Lucía integrado por niños videntes y novidentes son el relevó de los adolescente del Coro Getsemaní.
6.- El sacerdote Marcos Dessi, presidente de la Fundación Chinandega 2001, en su afán por ayudar a los pobres de Chinandega, ha creado más de nueve proyectos sociales, educativos y culturales en esa zona de Occidente.
Fotografias: Manuel Esquivel