¡Gloria!

Ramón Salgado Valle [email protected] ¿Recuerdas por qué el Niño Jesús nació en un establo? Sencillamente porque fue excluido del hospedaje. La Biblia de Jerusalén dice: “Y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en el pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento”. La Biblia Dios habla hoy […]

Ramón Salgado Valle [email protected]

¿Recuerdas por qué el Niño Jesús nació en un establo? Sencillamente porque fue excluido del hospedaje. La Biblia de Jerusalén dice: “Y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en el pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento”.

La Biblia Dios habla hoy confirma lo anterior con estas palabras: “Y allí nació su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en el establo, porque no había alojamiento para ellos en el mesón”. (Ver San Lucas, capítulo dos, versos 1 al 7).

La primera Navidad fue celebrada por los coros angelicales cuyos cantos escucharon los humildes pastores, a quienes les fue anunciado el nacimiento del Verbo Eterno, encarnado en la Virgen María. Hoy nosotros damos continuidad a dicha celebración y debemos hacerlo, con el mismo espíritu, actitud y reverencia con que lo hicieron los ángeles hace dos mil años.

Nuestros cumpleaños podemos celebrarlos como nos parezca mejor. Pero la Navidad es el cumpleaños del Señor Jesús; si lo celebramos debe ser como es digno de Él, y no como los nuestros. Si tomamos en cuenta que nuestro Señor Jesucristo es el Hijo Unigénito del único Dios verdadero y tres veces santo, que además este Hijo es el regalo más grande que el Padre nos ha dado, nuestros corazones se desbordarán de alegría, gratitud y reverencia al Señor.

Entender en todo su significado lo anterior modela nuestro carácter, afecta nuestras costumbres, cambia nuestro estilo de vida. Pero, más importante, determina nuestro destino eterno.

Al celebrar La Navidad no hay que dejar excluido de su propia fiesta al Señor Jesús. Es fácil excluirlo por medio de nuestros hechos, palabras y pensamientos. Por favor, cuidemos de no hacerlo.

En esta Navidad digamos con los ángeles: “¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la Tierra entre los hombres que gozan de su favor!” O: “Gloria a Dios en las alturas y en la Tierra paz a los hombres en quienes él se complace”. Procuremos que el Señor se complazca en nuestra manera de ser y vivir, así gozaremos de su favor, su paz y todas sus bendiciones.

Mi gran anhelo que el Señor Jesús encuentre hoy en nuestros corazones su santo templo y morada permanente. ¿Lo desea usted también?

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