Ricardo Mayorga: ¿embajador?

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Ricardo Mayorga: ¿embajador?


Rodrigo Peñalba Franco
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Se aprecia en una parte de la población cierta felicidad por el fallo contrario al nicaragüense Ricardo Mayorga en la velada boxística internacional del pasado fin de semana.

Muchas personas alegan la falta de técnica pugilista, pero las más se quedan en que su comportamiento no es digno, primero, de un deportista, y segundo, que deja mala imagen al país con sus actuaciones en público.

Interesante, sí, que cuando Mike Tyson le arrancó la oreja a Evander Holyfield, nadie alegó que tal persona dañaba la imagen del país de origen del mismo, o que la imagen de Argentina se fue al suelo por culpa de las “maravillas” que Diego Maradona hacía fuera de las canchas.

Lo interesante con Mayorga no es él mismo, sino los nicaragüenses que lo nombran, por tradición, embajador de los valores nacionales, abanderado de la Patria, héroe sin fusil. Ricardo Mayorga fue a Atlantic City a ser parte de un show mediático, no a salvar el mundo. Su trabajo es boxear o aparentar que lo hace mientras llena su bolsillo, al igual que el de Don King. Cuando un nicaragüense cree que Mayorga debe ser ejemplo para el país, en realidad está demostrando su limitación mental. El nicaragüense que reniega de Mayorga toma por sentado que todo nicaragüense en el extranjero debe ser un ejemplo de valor y respeto, una forma de decir: “Nicaragua es un país bello, es un país hermoso lleno de lagos y volcanes”.

Este nicaragüense, aunque haya viajado por el mundo, demuestra en su pensamiento la mentalidad de un campesino que viaja a la ciudad en su camisa dominguera, y que aún así pasa por campesino, por ciudadano de inferior categoría. Creer que un compatriota que va al exterior representa a la nación, cuando nadie le ha dado tal atributo, autoridad o derecho, es aceptar que ante los extranjeros somos menos y tenemos que demostrar que somos buenos, aceptables. El único nicaragüense que viaja por el mundo representando al país es el Presidente de la República, pues éste resulta elegido en un proceso de elecciones. Es a este nicaragüense que puede exigírsele correcto comportamiento y entereza de carácter, pues detrás de él está el voto ciudadano que lo nombre Presidente de todos los nicaragüenses. Por tal motivo, sentir furia o pasión por las acciones que tomen o han tomado nuestros presidentes, es legitimo y verdadero, pues en esa persona se deposita la imagen y dirección del país.

Mayorga, aunque tenga ranking, no es Presidente. Pensar que es un vulgar, una bestia de la improvisación, se puede hacer. Querer asignarle propiedades mesiánicas, no. Esto podría ser similar para los estudiantes que salen becados al exterior, quienes alcanzan méritos por su propio desempeño, no por ser nicaragüenses. Los méritos, digamos, de Denis Martínez, son méritos de su propio esfuerzo y de las personas que lo rodearon en su camino. El ciudadano puede sentir orgullo por el compatriota exitoso, pero jamás puede exigirle al mismo un camino correcto, pues esa opción es propia de cada uno. Del mismo modo, los éxitos o fracasos de Mayorga deben ser dejados como éxitos o fracasos de sí mismo, no de la Patria.

El autor es diseñador de páginas web

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