Familiares y algunas personas agradecidas por favores, rindieron ayer homenaje al ex capo, frente a su tumba.

Hace diez años cayó el temido Pablo Escobar

Juan Pablo ToroAP BOGOTÁ.- El capo de la droga Pablo Escobar Gaviria murió de dos disparos cuando intentaba escapar de la Policía por el techo de una sencilla vivienda en Medellín, un día como ayer, martes, hace justo 10 años. La noticia registrada el 2 de diciembre de 1993 sorprendió a colombianos y al mundo, […]

Juan Pablo ToroAP

BOGOTÁ.- El capo de la droga Pablo Escobar Gaviria murió de dos disparos cuando intentaba escapar de la Policía por el techo de una sencilla vivienda en Medellín, un día como ayer, martes, hace justo 10 años.

La noticia registrada el 2 de diciembre de 1993 sorprendió a colombianos y al mundo, ya que a esa altura Escobar se había convertido en una leyenda, gracias a su inmenso poder derivado del tráfico de cocaína.

El coronel retirado de la Policía, Hugo Aguilar, que entonces en su calidad de mayor integraba el famoso bloque de búsqueda, recuerda ese momento que quedó plasmado en una fotografía donde él aparece sosteniendo con una mano el cuerpo ensangrentado de “El Patrón’’ –como se llamaba a Escobar– y con la otra afirmando un fusil.

“Después de meses de perseguirlo, logramos triangular su posición gracias a un aparato francés Thompson. Entonces, él estaba hablando por radioteléfono con su hijo para contestarle un cuestionario que le había enviado un periodista’’, relató el martes Aguilar a la AP, en entrevista telefónica.

“Una vez que se logró ubicar el sitio, hicimos el operativo tipo comando con 23 hombres de la Policía Nacional’’, agregó.

En su aproximación a la casa de dos pisos, una mezcladora de cemento que operaban unos obreros ayudó a cubrir la llegada de los policías. Luego los agentes arrancaron la puerta sin que el capo de la droga se percatara.

Pero cuando ya empezaron a subir las escaleras, Escobar se dio cuenta de que estaba a punto de ser capturado y comenzó a disparar. Intentó escapar por una puerta y luego saltó por una ventana.

“El objetivo era capturarlo vivo, pero ante el enfrentamiento, tocó hacer uso de la legítima defensa’’, explicó Aguilar, que el 26 de octubre de este año fue elegido gobernador del departamento de Santander.

Dos balas pusieron fin a la vida de Escobar. Una le entró por la espalda y la otra en la cabeza. Al menos, uno de los disparos ha sido atribuido a Aguilar.

“Como ahora soy gobernador no me puedo poner a hablar de eso’’, afirmó Aguilar, al excusarse.

“Sólo quiero decir que ese fue un día histórico para Colombia, porque se colocó punto final a una época del narcoterrorismo, donde se había causado muchísimo pánico y víctimas inocentes’’, añadió.

El gobernador electo recordó que en ese tiempo su propia cabeza tenía precio y que su familia vivía constantemente amenazada.

La guerra de Escobar contra el Estado cobró las vidas de miles de personas entre policías, jueces, periodistas y civiles. El narcotraficante no dudó en hacer estallar un avión comercial en pleno vuelo, asesinar candidatos presidenciales, volar edificios e ingresar al Congreso en calidad de diputado suplente.

También la cacería del difunto jefe del Cártel de Medellín generó una de las alianzas más extrañas de las que se tenga memoria. La Policía colombiana, agencias de seguridad de Estados Unidos, paramilitares y el Cártel de Cali terminaron cooperando bajo cuerda para cazar a Escobar, como testimonió el periodista estadounidense Mark Bowden, en su libro Killing Pablo (Matar a Pablo)’.

La desaparición del capo de la droga implicó el colapso de un imperio que llegó a ser estimado en 3,500 millones de dólares por una revista estadounidense, que a mediados de la década de los años ochenta colocó al colombiano como el décimo tercer hombre más rico del mundo.

RUINAS Y OLVIDO

Hoy, los lugares que alguna vez reflejaron su inmenso poder, yacen en ruinas.

La hacienda Nápoles, cuyas 492 hectáreas albergaron una plaza toros, pistas de aterrizaje, grifería de oro y toda clase de animales exóticos, se encuentra abandonada. Campesinos desplazados por la violencia y una manada de hipopótamos recorren la propiedad.

También “La Catedral”, la lujosa cárcel que se construyó en las afueras de Medellín, es una pila de escombros.

El edificio Mónaco en Medellín, su residencia particular de 8,000 metros cuadrados, alberga una sede de la Fiscalía.

Además, ya pasó el tiempo de los grandes carteles del narcotráfico.

“La industria se ha hecho más competitiva. Hoy vemos empresas más pequeñas y con menos gente. Por eso, ahora prefieren comprar la base de coca en Colombia, en lugar de ir a Perú o Bolivia por ella”, explicó el investigador colombiano Francisco Thoumi, de la Universidad Internacional de La Florida.

En Colombia, el aniversario de la muerte de Escobar fue poco recordado por los medios, que se limitaron a los artículos de rigor.

BUEN RECUERDO DE “EL PATRÓN”

Pero hasta el cementerio de Montesacro, en Medellín, llegó ayer un grupo de unas 30 personas para recordar a “El Patrón’’, porque el narcotraficante no sólo sembró muerte y destrucción, también construyó barrios enteros para los más pobres.

“Yo visito la tumba porque Pablo me dio la casa donde hoy vivo’’, dijo a la AP un joven en Medellín, que no quiso ser identificado. Luego colocó su mano sobre la fría losa de mármol y se despidió con un simple “hasta luego’’.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí