Leonardo Centeno [email protected]
El hecho de que existan “formas de hacer las cosas” que hayan sobrevivido al tiempo,
no significa que éstas sean las mejores o las más simples de hacerlas.
Sencillamente significa que nadie ha tratado de encontrar una mejor forma.
Edward de Bono
Simplicity
No hay duda que la palabra “competitividad” surgió en un contexto donde los principales actores eran empresas, y éstas en una lucha constante por dominar su mercado meta. Por ejemplo si tomamos a dos unidades económicas que dirigen sus productos al mismo mercado, una y otra vez la práctica ha demostrado que aquella que produzca al menor costo posible, será la que termine dominando el mercado.
Pero éste producir al menor costo posible, es algo que no se limita a una mera función de “caja negra”, como se le conoce en los cursos básicos de producción y economía al proceso de transformación de insumos a productos terminados. Hay una serie de elementos que hay que considerar y que forman parte del ambiente externo en el cual se mueve la empresa, y que probablemente, más que cualquiera otra razón, son la causa de éxito o fracaso de dicha empresa.
Esa serie de elementos se conjugan en lo que se ha denominado el “clima de negocios”, que es simple y sencillamente el mejor clima empresarial que un gobierno le puede ofrecer a sus empresas, para que éstas puedan competir en su mercado de interés. Cuando la empresa se enfoca al mercado local, la característica principal es que ésta y sus competidoras, lo hagan bajo igualdad de condiciones; cuando se trata del mercado internacional, lo fundamental es contar con la infraestructura de exportación de apoyo necesaria.
En el mercado local es de suma importancia que el espacio empresarial que se provea le permita a los ciudadanos de una zona geográfica en particular, el mejor medio ambiente para que éstos inicien, en el momento preciso, emprendimientos que satisfagan necesidades que se hayan identificado en el mercado local o internacional; esto porque las oportunidades vienen y se van sin avisar. Es importante añadir que este clima empresarial es algo que se da, esté o no consciente el Gobierno de su dimensión e impacto en la competitividad de las empresas que funcionan dentro de su dimensión geográfica.
Ese pasar del producto competitivo, a la empresa competitiva, operando bajo un clima de negocios competitivo, es el tipo de análisis que debería traer a reflexión a todo gobierno que esté claro de esta realidad, y que busque que sus empresas sobresalgan en cualquier mercado.
No contar con el mejor de los climas de negocios, significa abrir la puerta para que, más temprano que tarde las empresas busquen mejores territorios para producir sus bienes y servicios, al ver colores rojos en sus flujos de caja. De igual manera sucederá con empresas foráneas que andan en búsqueda de territorios competitivos; el país que ignore esta regla estará permanente ausente de sus “listas de países alternativos”.
Podríamos entonces decir que el clima de negocios es el único producto terminado (output) que cualquier gobierno debe de apostar en diseñar y operar de la forma más eficiente posible; cualquier otro elemento, debe ser un elemento subordinado a éste, y debe únicamente “agregarle valor” a él, nunca restarle.
Así como las empresas están en una competencia constante por adquirir los mejores mercados, los gobiernos también están en constante competencia por atraer las mejores empresas a sus zonas geográficas; y esto es únicamente a través de proveer el mejor de los climas de negocios a dichas unidades económicas, independiente de su origen, sea éste local o extranjero; por tanto, en esta carrera del desarrollo el país que tendrá éxito es aquel cuyo gobierno fue capaz de hacer todos los ajustes internos necesarios, para proveerle a las empresas del mundo el más competitivo de los climas de negocios.
El mercado de los gobiernos son las empresas, y hay que recordar que cuando una empresa competitiva toma la decisión de establecerse en un país en particular, con ella se van otras que les proveerán servicios, técnicos, etc. lo que a lo interno del país significa mayor nivel de empleo, mejores salarios, en general un mejoramiento de la calidad de vida de sus ciudadanos. No creo que exista otra forma mejor de llamar al Gobierno que sea capaz de hacer esto, que de un “gobierno competitivo”.
Podemos concluir entonces que el clima de negocios es el único elemento que una empresa, hambrienta de una plataforma de producción competitiva, usará para tomar la decisión de si establecerse en éste u otro lugar. Los otros elementos no jugarán ningún rol en la toma de decisión.
En nuestro contexto es importante hacernos la pregunta de si nuestra empresa cuenta con el mejor clima de negocios que nuestro Gobierno les pueda ofertar, de forma tal que ésta pueda satisfacer sus necesidades de mercado.
Desde adentro de los países el instrumento que se usa para captar empresas competitivas es la promoción de inversiones; pero no hay que olvidar que este instrumento nunca sustituirá un “enrarecido” clima de negocios. No se trata de buscar la eficiencia en elementos aislados, que son parte del clima de negocios, como buscar ser eficientes en la tramitología (ventanillas únicas), pero ignorar la infraestructura productiva o mejorar el formato de un formulario, sin preguntarse si ese trámite es esencial o no.
Ciertamente que no es una tarea únicamente del Gobierno Central, la de procurar ese medio ambiente competitivo, que al final de cuentas nos afectará a todos. Es una tarea de todos los sectores, sin embargo necesita un líder, y ese liderazgo es indelegable, y le corresponde al Ejecutivo marcar la pauta.
¿Cómo están nuestras experiencias de éxito en colocar los productos competitivos en los mercados internacionales? ¿Cómo está nuestra capacidad de captar las mejores empresas? ¿Se incrementan ambos números con el tiempo? ¿Serán más las empresas de capital “pinolero” que preferirán producir dentro de otros límites geográficos, que dentro de nuestro propio clima de negocios? Creo que son preguntas oportunas para hacérnosla hoy en día en Nicaragua.
Desde hace unos 30 años hemos sido uno de los mejores ejemplos de la región de cómo perder empresas, emprendedores, inversionistas, y técnicos de todos los campos posibles; me parece que hemos llegado a un punto donde ya no podemos perder más de lo que hemos perdido. Es posible que hayamos alcanzado el punto donde todo lo que podía irse, ya se nos fue. Y en la mayoría de los casos para siempre.
El autor es ex director ejecutivo del Inpyme.