Esta Niña hace una comprobación en la la parcela experimental para confirmar si las técnicas usadas han sido efectivas contra las plagas.

Campesinos se unen para aprender

Campesinos de cuatro municipios del país: Muy Muy (Matagalpa), El Sauce (León) y Villa Carlos Fonseca y San Rafael del Sur (Managua), están aprendiendo entre ellos mismos a mejorar sus técnicas de producción y comercialización, esto a través del proyecto Escuelas de Campo. LA PRENSA fue testigo en uno de los lugares de que van […]

  • Campesinos de cuatro municipios del país: Muy Muy (Matagalpa), El Sauce (León) y Villa Carlos Fonseca y San Rafael del Sur (Managua), están aprendiendo entre ellos mismos a mejorar sus técnicas de producción y
    comercialización, esto a través del proyecto Escuelas de Campo. LA PRENSA fue testigo en uno de los lugares de que van mejorando con un entusiasmo contagiante

Gustavo Ortega Campos [email protected]

VILLA CARLOS FONSECA, MANAGUA.- Una puerta desvencijada con un par de arados como apoyo, se convirtió de repente en una especie de rotafolio, en un clavo colocaron las hojas tamaño cartulina, donde las propuestas y sugerencias de los animados campesinos iban a ser apuntadas por la promotora. El tema: ¿qué van a hacer con la producción de chilotes y elotes logrados en la escuela de campo?

Sentados en las sillas plásticas que con el paso aligerado fue a buscar a su casa Ana María, los campesinos de la comarca California, ubicada a unos 50 kilómetros al suroeste de Managua, escuchaban junto a un grupo de estudiantes del sexto grado de la Escuela Rural de Nandayosi, las orientaciones de Yordana Valenzuela, una ingeniera agrónoma que participa en el proyecto.

El calor y el hambre, pues era mediodía, no mermó que estos entusiasmados campesinos decidieran formar una comisión para buscarle venta en los supermercados y mercados a su producción, lograda con esfuerzo colectivo, a medida que iban aprendiendo nuevas técnicas de producción.

Verlos discutir las técnicas de costos y mercadeo con sus palabreríos campesinos es digno de admiración, y así uno a uno fue proponiendo detalles para vender el fruto del esfuerzo de tres meses.

“Los coyotes (intermediarios) nos revientan, tenemos que caer en sus manos porque nos sale caro llevar el producto nosotros en bus”, expuso enérgica María Erlinda Dávila, de 35 años.

“Pero yo propongo que debemos deschilotar sólo la muestra, que tenemos que lavar bien y llevarla a Managua bien presentable”, agregó en la discusión el promotor de la escuela, Marco Antonio Rodríguez.

La sesión “extraordinaria” de la Escuela de Campo (Ecam), logró su cometido, las tres ingenieras agrónomas del Proyecto de Manejo Integrado de Plagas de América Central (Promipac), al final abordaron su vehículo con los estudiantes, satisfechas de lo que acordaron los productores.

Es la primera Ecam del país que comercializará sus productos, después de haber puesto en práctica una vez a la semana, desde hace tres meses, los conocimientos que les transmitió Marco Antonio, quien orgulloso relata que las prácticas se realizan en sus parcelas.

A él le tocó recibir durante 40 días la capacitación en el centro destinado para este fin, ubicado en Muy Muy, Matagalpa a inicios de año. Fue escogido por la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG) por su liderazgo natural en la zona.

En esta Ecam, bautizada por los “alumnos” como La Esperanza, los productores han logrado sembrar con nuevas técnicas maíz, sandía, pipián y yuca. Todos los martes se reúnen y analizan lo que deben hacer.

Marco Antonio, un campesino de 44 años, que en su piel muestra la rudeza de su labor ante la inclemencia del clima en la zona, es un hombre dinámico. Cuenta que la Ecam a su cargo empezó con 18 productores, hombres y mujeres, “pero ahora sólo están constantes ocho, el resto les han salido alternativas de trabajo y como la vida acá está bien dura, no pueden desperdiciar las oportunidades”.

Su labor empezó con el monitoreo y sondeo de los campesinos con quienes fundaría la escuela, y ahí empezó el asunto, con la primera lección: Teoría de suelos. Al escucharlo se le nota todo un experto, si amerita tratamiento, cómo se combate tal plaga sin agroquímicos… “andá hacete un muestreo del cogollero en la parcela, vos ya sabés como hacerlo”, le indica a Donald Vallecillo, un aventado alumno de 24 años, pero que no esconde su inteligencia natural.

“Empezaré a las 20 varas en las cuatro esquinas y en el centro, al azar, ahí haré el muestreo”, le responde enérgico. Lo acompañaron dos de sus compañeros, y al final el resultado fue una cátedra espontánea de cómo se encontraba la parcela y cómo los mismos insectos han minimizado la presencia de la plaga del cogollero, plaga (gusano) que afecta al maíz.

SOBREVIVIENDO

Marco Antonio cuenta que el resto de la semana, los productores sobreviven con sus propias parcelas, generalmente de maíz, trigo, algunas hortalizas, ganado menor y en algunos casos, con algunas reses.

Cuenta que el principal objetivo es erradicar el uso de agroquímicos y trabajar con el Manejo Integrado de Plagas (MIP), metodología que elimina las amenazas utilizando a los mismos “enemigos naturales” de las plagas.

En otros casos utilizan insecticidas naturales, como el Nim o el chile. “Queremos instaurar una conciencia agroecológica, por eso estudiamos el agrosistema de la zona”, asegura el experto empírico.

En una esquina del bajareque, donde se realiza esta plática está atenta María Erlinda, quien un poco tímida pero con propiedad asegura que ha tenido logros positivos utilizando abonos e insecticidas orgánicos.

“Al comparar mi cosecha con la de mi papá, la mía está mejor, él ha usado exageradamente los insecticidas, yo le he dicho que no lo haga pero no me hace caso, ahora mis mazorcas están más hermosas, estoy pensando en venderlas mejor porque este año ya no las fumigué”.

Erlinda trabaja cuatro y media manzanas con maíz y trigo, mientras su esposo trabaja como oficinista en el Ingenio Montelimar. “Mi maicito a veces lo vendo, a veces lo consumo”, aclara.

Ella empieza su faena a las seis y media de la mañana, cuando termina de “alistar” a su pareja de niños (14 y 9 años) que van a la escuela. “Ahora que están en vacaciones creo que mañanearé más temprano a la parcela”.

El promotor recomienda a Donald, uno de los más jóvenes del grupo, que cuente su experiencia a LA PRENSA, esbozando una sonrisa que tapaba la sombra de su desteñida gorra, relata que se dedica con su familia a la agricultura y ganadería en pequeña escala.

Es uno de los más diversificados porque en sus tierras cosechan hortalizas, cítricos, granos básicos, yuca y plátanos. “Antes sembrábamos por sembrar, ahora estamos aprovechando al cien los conocimientos de la escuela”, asegura.

Donald dice que ya conoce los tipos de suelo, cómo hacer más productivos los campos de maíz y trigo, reducir el uso de agroquímicos y asi fue nombrando uno a uno sus nuevos conocimientos.

De repente, en medio de la plática se acerca Marco Antonio, el promotor, para recordarle que él es uno de los miembros de la comisión que viajará a Managua para buscarle venta al maíz y chilote que produjeron en la Ecam.

“¿Quedamos a las ocho verdá?… y asintiendo la cabeza Marco Antonio le responde positivamente.

Los otros campesinos y campesinas, durante la jornada, participaron activamente para demostrar ante LA PRENSA que ya están duchos en sus conocimientos, al final, uno a uno fueron despidiéndose a la par del bajareque, donde las agrónomas motivaron la toma de decisión del grupo de campesinos.

Marco Antonio, junto a Ana María Mendoza, la dueña de las sillas plásticas, se quedaron de últimos, ya Erlinda había salido corriendo a preparar el atrasado almuerzo. Agradecieron la visita y aseguraron que para la próxima el asunto estaría mucho mejor.

LOS GENIOS

La Escuela de Campo (Ecam) La Esperanza de la comarca California en Villa Carlos Fonseca, tuvo la visita de cinco estudiantes de sexto grado de la Escuela Rural de Nandayosi, que este domingo tuvieron su promoción escolar.

Ellos tambien tienen su Ecam en su colegio y querían compartir con los campesinos las experiencias, platicaron, hicieron chistes y en un momento sostuvieron pláticas agronómicas que demuestran la asimilación de sus conocimientos.

Los jóvenes alumnos, que llegaron con sus impecables uniformes, trabajaban su parcela experimental tres veces por semana, su profesora coordinaba la práctica.

Entre los cinco estudiantes sobresale el más pequeño, de estatura y edad, Ronald Meza, quien el 15 de diciembre cumple 11 años. “Yo puedo decirles como se pueden atacar las plagas fácilmente, en medio litro de agua le coloca un tanto de hoja machacada de Nim y fumiga”, comentó de manera pícara.

“Te faltó decir que se ponen las hojas a cocer por dos minutos y después se cuela, eso se usa para repeler los insectos en el maíz y la escoba”, agregó su compañera de clases, María de los Ángeles Calero, de 15 años.

Los niños aseguraron que transmiten a sus padres los conocimientos logrados y lo que más les llama la atención son los logros del uso de fertilizantes e insecticidas naturales, además del manejo integrado de plagas.

Los padres de todos se dedican en la comarca Nandayosi # 1 (ubicada en el kilómetro 34 y medio carretera vieja hacia León) a las labores agrícolas.

ESFUERZO COMPARTIDO

Las Escuelas de Campo (Ecam) son un proyecto promovido por el Sistema de Educación Técnica Agrícola y Capacitación (SETAC), adscrito al Instituto Nacional Tecnológico (Inatec) y por el Programa de Manejo Integrado de Plagas (Promipac) que es apoyado por la cooperación suiza y administrado por la Escuela Agrícola Zamorano de Honduras.

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