- Ser investigador y científico agropecuario es una labor que requiere el contacto permanente con el campo, eso es lo que manifiesta con su norteño acento esteliano Noel González, quien asegura que en este país la comodidad ha atrapado a los profesionales del agro
Gustavo Ortega Campos [email protected]
A primera vista Noel González no aparenta su pasión por las investigaciones agronómicas, cuestiones que le han valido para ganarse el respeto de sus colegas, allá en la Universidad Católica Agropecuaria del Trópico Seco (Ucatse), ubicada a unos nueve kilómetros de la ciudad de Estelí, al Norte del país.
Al conversar se le nota el apasionamiento científico, lo que para él es un pasatiempo de siempre, al punto que asegura que prefería observar por horas las hormigas durante su infancia que jugar pelota con sus amigos de barrio o “jalar” con las muchachas en su adolescencia. “Me encantaba observar los animales”.
“Igual me gustaba pescar, pero no mataba a los peces, los ponía en una tina para observarlos”, recuerda.
Hoy en día es el “tutor” más solicitado en la universidad donde labora hace tres años, pues a su cargo tiene unas 60 tesis. Tiene el galardón silencioso de haber investigado el sistema silvopastoril de Estelí y varios inventarios, flora y fauna, de esa zona, que hoy en día son documentos únicos.
Su lugar de trabajo, una pequeña habitación, está plegado de afiches, frases célebres impresas, utensilios agrícolas y materiales que usa en sus labores de docencia que desarrolla como uno de los encargados del Centro de Investigaciones y Protección Vegetal. Habla con propiedad sobre su profesión, que incluye un master, pero también fue muy crítico del rol del Gobierno en el agro y de los tratados comerciales que se están negociando.
—¿De dónde nació el interés de estudiar el campo?
—Hombré, extraño, porque a mí desde chavalo lo que siempre me gustó fue la biología, admirador yo de Jacques Custeau, me gustaba la biología marina, pero bueno, en este país nunca se logran cumplir todos los sueños, entonces cuando empecé a estudiar había biología pero como Ciencia de la Educación, como docente, como que no era mi perfil ése…
—Pero ahora es profesor…
—Terminé siendo docente, después de tantos años. Pero lo que decidí fue estudiar algo que tuviera que ver con biología y lo más cercano fue la ingeniería agronómica, no estudié aquí (en la Ucatse) porque en esos tiempos sólo salían técnicos y yo quería ser profesional. Si me hubiera esperado unos años aquí lo lograba, pero me fui a Managua.
—¿Y de inmediato a la docencia?
—Me gradué y pasé un año sin trabajo, y anduve buscando, pero aquí (en Nicaragua) como todo es por pata (influencias), a mí no me funciona porque no he sido de ese sistema, pero al final aparecieron los amigos sin buscarlos y ahí estaba la maestría en biología de la conservación que la estudié en la UNAN-León y reorienté mi vida como la había soñado desde chavalo…
—¿Cuáles sueños?
—Admirar la naturaleza, todo lo que es biodiversidad, conocerla… todo esto me ha ayudado mucho porque como agrónomo he logrado obtener conocimientos aplicados, pues es una profesión práctica, y el biólogo aporta elementos más asociados a la ecología, sistemas integrales, es una visión más amplia que les falta a la mayoría de los agrónomos.
—Entiendo que es un apasionado de las investigaciones científicas…
—Definitivamente, soy uno de los fundadores del Centro de Investigaciones y Protección Vegetal de esta universidad y desde acá nos enfocamos en la protección de cultivos, pero ampliamos la oferta y vemos el manejo integrado de plagas. Pero como yo no puedo despegarme de ese cariño que le tengo a la naturaleza, estoy haciendo esfuerzos con los estudiantes, que son socios para mí, porque al final espero que sepan más que yo y hasta la fecha me siento satisfecho. Con ellos te decía que hacemos estudios de biodiversidad, por ejemplo mi tesis de maestría fueron los sistemas silvopastoriles tradicionales de Estelí desde el punto de vista que biodiversidad estaba involucrada, inicié solo pero uno se aburre, después metí a 14 muchachos que anduvieron conmigo en esas montañas y sacaron sus trabajos y los siguen felicitando por los logros.
—¿Qué descubrieron?
—Pues yo creo que es el primer estudio de sistemas silvopastoriles en biodiversidad y en la misma biodiversidad de Estelí, excepto por algunos inventarios realizados. Nosotros abarcamos estudios más amplios y en Estelí yo creo que no hay estudios similares, ni precisos.
Se inventarió flora y fauna en dos subsistemas en los cuales se mantiene el ganado, se identificaron 538 especies de plantas, estamos hablando de casi el diez por ciento de la flora de Nicaragua en dos pedacitos de tierra, que sumadas las dos áreas dan unas 280 manzanas en un sistema silvopastoril donde no ha habido ninguna capacitación, sino que el productor por tradición deja crecer los árboles y mete cuatro vacas.
—Entonces en 280 manzanas estelianas está el 10 por ciento de la flora nica…
—Sí, y si se ampliara el estudio, si se abarcara más área tendríamos más…
—También inventarió las aves, tengo entendido…
—Eso lo hice personalmente, identificamos 105 especies de aves en esos dos pedacitos de Estelí, no tengo noticias de un estudio anterior. De moluscos también hicimos uno con el apoyo de la UCA (Universidad Centroamericana) y logramos inventariar en esos dos sistemas 47 especies de moluscos terrestres, muchos de ellos son problemas sanitarios en potencia. Eso es motivo para futuras investigaciones. También se hizo un inventario de reptiles no tan profundo pero sí tenemos algunos datos y colocamos información sobre mamíferos, que por cierto hay muy pocos.
—¿Qué beneficios reales traen estas investigaciones?, pues casi siempre van a parar a los archivos o bibliotecas.
Nos ayudarían a diseñar los planos para el manejo de los cuales dependerá nuestra agricultura tropical, es importante hacerlo porque en Nicaragua muchos planes de manejo aprobados incluso por Marena (Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales), no están sustentados sobre la base de estudios puntuales, como ecología de población, dinámica de poblaciones en sistemas explotados por el hombre y se basan en técnicas de manejo que no son comprobadas…
—¿Cree que es correcto el rumbo de las entidades públicas respecto al manejo del agro?
—Las entidades públicas y algunas universidades se han quedado rezagadas, es una crítica que tenemos que hacernos las universidades, mucho de lo que se está orientando como planes técnicos de aplicación es importado de afuera, viene alguien y te dice: “eso funciona en tal lado” y vos lo aplicás, allá al cabo de los años te das cuenta que es un desastre y el daño ya está hecho. Nos falta mucho comprendernos, asumir el papel de investigadores, de gente de ciencia que desarrolle con tiempo tecnología apropiada, nos falta mucho para eso…
—¿Pero a cuenta de qué nos dejamos meter investigaciones importadas?
—Ése es el problema, aquí no hay una política de desarrollo interno, como los demás países saben, entonces nosotros no sabemos nada, entonces se desprecia mucho al profesional nacional.
—Además el profesional a veces parece que no se da a valer…
—El profesional generalmente es bien cómodo, es lamentable tener que aceptarlo, la mayoría de profesionales no toman su formación en serio. Yo he tenido oportunidad de participar en congresos, foros, seminarios con profesionales y somos bravos a criticar, criticamos todo, pero nosotros no tenemos nada que aportar, eso hay que cambiarlo. A mí me gusta ir a un lugar y decir que algo está malo por esto o por aquello, pero aquí no llegamos a este nivel. No nos gusta ensuciarnos las manos y en el caso de los agrónomos eso no se permite, un agrónomo que no se mete al campo, no está constantemente evaluando cosas, investigando, sistematizando, escribiendo, algo que no hacemos los nicaragüenses y es un problema serio que no escribamos y encima escondemos la piedra.
—¿Si la cosa está tan mal, cuál sería la solución posible?
—La solución que yo tengo es sencilla: asumo como profesional que recibí apoyo cuando me formé, incluso del seis por ciento que me dio el pueblo, aunque otra parte lo ponen los papas y uno mismo, que así como recibimos tenemos que empezar a devolver. Entonces para citarte un ejemplo, yo recibí apoyo para realizar mis investigaciones en ingeniería, investigué recursos genéticos, en la maestría yo mismo me impuse la tarea de hacer una investigación que sirviera para algo, un poco orgullo de uno y un poco que sirva para lo que viene, entonces hice el estudio de los dos subsistemas de los que antes hablamos. Entonces a lo que quiero llegar es que la única solución es hacer, usar bien tus talentos, mientras estemos apáticos y criticando no vamos a cambiar nada.
—¿No ha pensado acercárseles a las entidades públicas para poner estos puntos sobre la mesa?
—De hecho sí lo hemos intentado, el problema es que el Estado es muy burocrático, muy esquematizado, trabajar en alianzas es una forma de irnos acercando… ahorita no hay una agenda consensuada ni del Gobierno, de las ONG, ni las universidades para no estar repitiendo esfuerzos, pero aquí se han hecho algunos y hemos empezado a trabajar pero nos falta algo, nosotros hacemos trabajo de campo pero seguimos sin escribir y ahí nos estamos quedando cortos, tanto las universidades, como la sociedad civil y el Estado. No publicamos libros, las investigaciones vienen a dormir el sueño de los ingratos en las bibliotecas. Creo que el Estado a veces mira las universidades como estorbo financiero y en este sentido hace falta dinero para el financiamiento de las investigaciones y tecnología.
—¿Y para qué está el seis por ciento?
—Las universidades lo utilizan para el funcionamiento, para mantener los edificios, para los salarios, para las becas…
—O sea en burocracia…
—Las universidades no invierten ni el diez por ciento, siendo generoso, en investigaciones.
—Habría que readecuar entonces ese seis por ciento…
—Correcto, hay que revisar nuestra misión, nuestro papel como universidades de cara a la universidad, necesitamos revisar cuáles son los mecanismos de retorno que estamos considerando, necesitamos involucrarnos más con el productor pues si no hay acercamiento no estudiamos bien la demanda y por eso no orientamos bien nuestras investigaciones pues pegan en un blanco que no es el que necesita el país.
—La “casta” radical universitaria podría tildarlo de radical…
—Seguro que sí pero en un país como el nuestro no podemos seguir con el lastre del tradicionalismo convencional, la universidad debe ser miembro activo de la sociedad para el cambio.
MARCADO
Noel González asegura que quedó muy “marcado” durante la década de 1980, por el “espectro de la guerra” cuando estuvo involucrado junto a su familia en la revolución sandinista, años que recuerda con nostalgia, “porque fui un niño feliz”.
Es dirigente sindical “por necesidad”, según dice, en la Ucatse de Estelí.
Tiene 34 años, casado con una bióloga con quien procreó a dos niñas.
Docente de asignaturas ligadas al suelo y fitoprotección.
Graduado de Ingeniero Agrónomo en 1995 y Master en Biología de la Conservación en 1999.
Es junto a su hermana gemela, el penúltimo de siete hermanos.
El agro y más
Ser investigador empedernido ha provocado que Noel González se convierta en un crítico acérrimo, pues asegura que los resultados de las cosas son el indicio de lo bueno y mal organizado.
—¿Cuál considera que es la principal amenaza que tiene el agro actualmente?
—El olvido del Gobierno. Mucho se habla pero poco se hace…
—Ahí está el programa Libra por Libra, ahorita hay un sistema de información agrícola…
—Son muchas siglas, pero mucho dinero se va por ahí y poco le llega al productor.
—Plan Nacional de Desarrollo, ¿qué le parece?
—Me parece que tiene poco consenso, no hubo mayor aproximación con los sectores sociales, parece interesante la idea del Gobierno de potenciar el desarrollo económico, pero es una posición de banquero, invierten donde están seguros que van a recuperar dinero, el resto de sectores quedan marginados.
—¿Pero no cree que en este país tan pobre hay que pensar en prioridades?
—Yo entiendo la posición del Gobierno de fortalecer las áreas donde hay potencial, es la teoría del vaso lleno de los estadounidenses, una vez que se llena se deja caer a los lugares menos favorecidos, y puede funcionar si se hace con claridad y transparencia, sin sesgos que suelen haber en nuestro país, pero el precio es grande a nivel social. Considero como técnico que debería haber un efecto, pero a la fecha no ha funcionado.
—¿Considera que nuestro agro es competitivo?
Nicaragua tiene para competir con toda al área centroamericana pero no hay un incentivo correcto, no se está poniendo el dinero donde se necesita que llegue… el dinero llega supuestamente a apoyar el desarrollo pero se va desgastando en el camino y al productor sólo le cae una gota y encima de eso desorganizada, yo creo que el gran problema aquí es que no hay un plan ordenado, espero que con el plan (Nacional de Desarrollo) piensen en los demás.
—¿Cree que hay corrupción en el agro?
—Bueno, yo sí he visto corrupción, sobre todo en el programa de repoblación ganadera.
—¿Sobrevivirá el campo en el Cafta?
—Si México no está muy bien con el tratado que firmó con Estados Unidos, nosotros que somos el país con menos ventaja en Centroamérica vamos a tener un efecto parecido, por eso hago un llamado para los sectores acaudalados para que inviertan aquí, hay poquísima inversión nacional y además no estamos preparados para competir.