La simetría de la injusticia

Ricardo Guerrero [email protected]

Remodelar la celda donde se “hospeda” Arnoldo Alemán costó unos cincuenta mil córdobas: tiene ventilador y baño especial, parece más el dueño de casa que un reo. A esto se le podría llamar “la simetría de la injusticia” en una nación que tiene muchos pobres: hombres y mujeres que padecen hambre, ciudadanos mal alimentados, niños y ancianos que se mueren por falta de un examen médico a tiempo. Sin embargo, al señor Alemán el pueblo le sigue pagando sus exámenes y la medicina. Si seguimos así, la justicia seguirá resultando algo así como un espectáculo por y para una ilustrada minoría de minorías.

¿Qué se ha creído la juez Juana Méndez? ¿Por qué mantiene todos los lujos del reo Alemán? ¿Dónde se ha visto que un reo tenga tantos privilegios? Nada; no hay para qué darle más vueltas al asunto: la juez Méndez necesita el voto de los liberales para poder ser magistrado y los sandinistas necesitan seguir en la presidencia de la “maldita justicia”. Quien no se hace el vivo, va muerto. Estamos en tiempo del qué me importa. Tiempo de los tramposos.

El reo Alemán ahora goza de un celular que la juez le entregó para que no se sienta aislado. “Es que él necesita estar comunicado con su familia”, dijo la doctora Méndez. ¿Acaso no hay miles de reos en la cárcel que necesitan comunicarse con sus familias? ¿Qué espera la maldita justicia que no da respuesta a todas las demandas que tienen los demás reos? Le pregunto a la señora juez: ¿Con qué se compra todo eso? ¿Será porque los demás reos no poseen una fortuna como la del buen señor Alemán?

En esta Nicaragua postrada por la crisis podemos ver gente durmiendo en los cauces, niños cobijándose con sábanas hechas de papel periódico, mientras que en la cárcel se encuentra un individuo que dejó en ruinas al país gozando de camas acolchonadas, hamacas, refrigerador, guardarropa, comedor, televisión con más de cien canales y ducha eléctrica. La ley de la realidad es la ley del poder. Para que la realidad no sea irreal, nos dicen los que mandan, la moral ha de ser inmoral.

En las cárceles del país hay miles de privados de libertad enfermos y mal alimentados, que viven soportando los vapores del encierro y los pesados olores de adentro que cada vez se hacen más insoportables. De ellos nadie se acuerda. Si la sociedad es capaz de tolerar semejante ilegalidad, o si protesta contra ella sin remediarla, con ello da prueba de su propia insensibilidad a la injusticia. Así, la ley y el orden tienden a ser una farsa, porque la ley y la justicia, en tales circunstancias, se logran más difícilmente.

En Nicaragua, desgraciadamente, hay una maquinaria judicial altamente politizada, incapaz de enderezar eficazmente lo torcido. Es decir, que hay pocas esperanzas de obtener justicia. En este país la ley aplicada a las minorías que representan los ricos y poderosos no es la misma que se le aplica a los pobres y miserables que representan la mayoría. No es de sorprenderse si dentro de pocos días el señor Alemán se desliza hacia afuera, por orden de doña “justicia”.

El autor es estudiante del último año de Comunicación Social de la UCA.

Editorial
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