Atando y desatando cabos

José Joaquín Quadra C.

Anima saber que en nuestro país hay ciudadanos liberales como el doctor Alfonso Efraín Castellón Ayón, con quien se puede, con altura, atar y desatar cabos de nuestra historia que desgraciadamente muchos han escrito con tergiversaciones, pasiones y enemistades.

En mi artículo publicado en LA PRENSA el 28 de septiembre de los corrientes, señalo únicamente a don Vicente Quadra y al general Emiliano Chamorro, por ser, en el momento en que fueron conducidos a prisión, ex presidentes de la República de Nicaragua. Don Vicente es mi tío abuelo, pero el general Emiliano Chamorro Vargas no es nada mío, familiarmente hablando.

Sería saludable para la juventud que pudiéramos cambiar impresiones en diálogo abierto sobre estos hechos que los historiadores han recogido con sabor partidista.

No puedo, por razones de espacio, abordar todos los señalamientos que hace en su artículo del 19 de octubre el doctor Castellón Ayón (Otros “cabos sueltos”). Sólo me referiré a uno, dos o tres.

Sobre la cancioncita que recientemente vienen cantando, de que “los líderes conservadores se enjuagaban con jabón bactericida después de estrechar las sudorosas manos de un campesino o de una persona humilde”, significa desconocer totalmente el modo de ser del nicaragüense en general. Y la del caudillo conservador, general Emiliano Chamorro, quien no sólo saludaba sino que se confundía con su pueblo, de tal suerte que por ello se le conoce en la historia como “El cadejo”, y es de todos conocido que recibía a sus correligionarios humildes de caites y descalzos en su propio aposento y sentándolos en su propia cama. Y últimamente puedo afirmarle que conocí y trabajé con el líder de ese entonces, doctor Fernando Agüero, a quien vi en muchas oportunidades lavarse las manos pero para ponerse los guantes quirúrgicos e intervenir gratuitamente devolviéndole la vista a muchos correligionarios humildes.

Sobre el progreso en la República Conservadora de los 30 años y la afirmación de que el doctor Madriz, excelente persona, dejara las arcas llenas después del pasajero gobierno que le tocó heredar del “liberalismo a la Zelaya”, la juventud debe saber que en materia financiera fue un desastre. Madriz emitió quince millones de pesos sin respaldo alguno y reconoció el valor legal de los billetes “chancheros” y “guacamoles” que había lanzado en 1988 el “Banco Agrícola Mercantil”, quebrado ese mismo año, los cuales se utilizaron para sostener la revuelta antizelayista de los liberales leoneses, en 1896.

Sobre el dato que el 26 de diciembre de 1927 el doctor Carlos Cuadra Pasos firmara un proyecto de convenio para crear “una Constabularia eficiente, urbana y rural que se conocerá con el nombre de Guardia Nacional de Nicaragua” (cita no con ánimo muy conciliador), es un hecho histórico reconocido por todos como necesario y si esa institución no cumplió los fines a políticos para lo que fue creada, fue responsabilidad del Partido Liberal dirigido por el general Anastasio Somoza García, quien la convirtió en brazo armado de su partido e institución represiva para consolidar su dictadura dinástica.

Sobre que hasta la llegada de Zelaya al poder se pudo terminar con los 30 años de la oligarquía granadina, pareciera más bien que hay una equivocación en la afirmación y que en el subconsciente se pensaba poner fin a la dictadura de Zelaya y a la dictadura dinástica Somoza. Sería interesante la respuesta que daría el joven historiador, doctor Arturo Cruz Sequeira. Sólo quiero recordar el progreso que esos hombres impulsaban en el país en el siglo XIX, sembrando café en el Norte, bananales en la Costa Atlántica, ganadería en Chontales, azúcar en Chinandega, etc.

No pongo en duda la honradez de Zelaya. Nada de lo que arbritariamente despojó y quitó a muchos nicaragüenses pasó a ser bienes personales. Pero eso no lo absuelve, porque la razón de ello fue para mantenerse en el poder los 17 años, negando por decreto los principios democráticos de la famosa “Libérrima”.

Que el liberalismo llega al poder o por su propia revolución o por el voto popular, es tema para tratarlo ampliamente, pero el espacio lo impide. Únicamente quiero dejar bien claro que las elecciones fraudulentas eran el sistema para llegar al poder. Recordemos sólo la de 1947, cuando el doctor Leonardo Argüello “venció” al doctor Enoc Aguado.

Para finalizar, sintiendo tener que hacerlo, repito nuevamente que siempre he sido conservador, civilista y conciliador. He trabajado en mi vida política, tanto dentro de mi partido como en el adversario, por esa deseada reconciliación para en una gran alianza política lleguemos a tener un gobierno democrático de justicia y libertad para todos los nicaragüenses. Pero siempre hay un cabo suelto que se interpone. Yo invito al doctor Castellón Ayón para despejar el camino.

El autor es historiador conservador.

Editorial
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