Ricardo Narváez
El docente Elmer Ramírez se llena la boca mencionando al “6 por ciento constitucional” (LA PRENSA 28 de octubre, sección Cartas al Director), cuando todos sabemos que esa ley fue una de las últimas patadas de ahogado del gobierno frentista. Qué lindo “hacer fiesta de lo que no nos cuesta” y reclamar cuando el Gobierno, en una acción responsable, no quiere ceder ante las marañas de los dirigentes del CNU. ¿Por qué no exigir —ya que se les regala dinero a los estudiantes— cambios de excelencia en educación y en capacidad analítica y práctica del egresado? ¿Será que si los diputados derogan la Ley del 6 por ciento los estudiantes dejarán de reclamar, porque “su” derecho no será constitucional?
Ramírez habla del “pan del saber profesional”, pero es un pan sin vitaminas, sin calcio, sin sabor, carcomido de ratas y cucarachas. Ése es el pan del saber que se ha estado cocinando en el rústico y envejecido horno de la educación profesional.
En una actitud egoísta, el docente Ramírez manda a la educación primaria y secundaria a ver quién le soluciona sus problemas. ¿Creerá que los estudiantes que ingresan a las universidades nacen aprendidos? ¿Creerá que en cinco años (si es que los brillantes estudiantes se logran graduar en ese tiempo) pueden los docentes reparar una educación mediocre de 11 años en primaria y secundaria?
Las universidades que realmente “perfilan y construyen al verdadero profesional” son las que tienen integridad moral en todas sus acciones, las que no incitan a la violencia, a la vagancia al yoquepierdismo social, características que temo el docente Ramírez sólo podrá escuchar, no vivir.