Francisco Romero Calonje
Desde el siglo IV a.C. existían en Grecia los bandos políticos. Alcibíades estaba a la cabeza del partido popular extremo de los súper demócratas, y Critías de los oligarens. En el siglo XV, en Inglaterra (cuna del parlamentarismo), los whig y los tories configuraron más o menos los bandos políticos que estaban a favor o no de las reformas o el constitucionalismo político.
En Nicaragua los partidos se originaron en el siglo XIX, después de la Independencia, cuando se constituyeron el Partido Conservador, liderado por Fruto Chamorro, y el Partido Liberal, fundado por Máximo Jerez.
Actualmente, los partidos más importantes del país (PLC y FSLN) atraviesan por grandes crisis internas que ponen en peligro las elecciones municipales del próximo año, contribuyen a la inseguridad, brotes de violencia y menos participación ciudadana en las actividades políticas.
Los partidos deben encauzarse en la voluntad popular y servir como eslabón entre la opinión pública y el Gobierno, no atascarse en conflictos personales que afectan la imagen de Nicaragua en el exterior. Es decir, no deben ser partidos de representación individual bajo la máscara de una unión, sino preocuparse por Nicaragua ahora y por un mejor futuro para todos.