- Cardoze está encendido con el madero
Edgard Rodríguez C.Enviado especial [email protected]
CUBA.- Fue en 1995 en Edmonton, Canadá, cuando Norman Cardoze saltó a un primer plano entre los artilleros nacionales.
Aún recuerdo la cara de asombro de los cronistas cubanos, por la furia ofensiva con que el artillero de Masaya atacó al staff antillano en ese Preolímpico.
Desde entonces, han pasado ocho años en los que Cardoze, se ha hecho sentir más por sus dificultades disciplinarias, que por la dimensión de sus batazos.
Bueno, al menos así era hasta el año pasado.
Cardoze, quien luego se convirtió en el mejor segunda base de la Copa de Cuba en ese mismo 1995, está de regreso a la isla y lo ha hecho en plan grande.
“Este tiene que ser mi mejor Mundial. Me he preparado para eso y me siento con un gran deseo de recuperar el tiempo perdido”, asegura.
Y ciertamente, Norman tiene tiempo que recuperar. Pese a su indiscutida calidad, está apenas en su segundo Mundial. A los demás, se excluyó con su comportamiento.
“Llega el momento en que uno tiene que madurar y se convence de que no puede seguir con actitudes como las que asumí en el pasado y creo que los cambios se pueden notar”, dice con firmeza.
Pero por el momento, lo que más se le ha notado, ha sido la potencia con que ha atacado a los lanzadores en este torneo. En sus primeros once turnos, ha disparado cinco hits, uno de los cuales voló encima del techo del estadio Victoria de Girón de Matanzas.
“Espero que Dios me permita continuar bateando así para poder ayudar al equipo. La verdad me siento bien y con fe en que llegaremos largo”, sentenció.
CANDELA PURA
Norman Cardoze batea para .455 debido a cinco hits en once turnos. Tiene un jonrón de más de 450 pies en Matanzas y un triple que cortó el viento en el “Changa” Mederos.
En el único Mundial en el cual había participado antes de venir a Cuba, que fue el de Italia en 1998, Cardoze bateó para .433, por 13 hits en 30 turnos con 11 remolques.