Eduardo Enrí[email protected]
Hace unos días leí un artículo del presidente de la Academia de Geografía e Historia, don Jorge Eduardo Arellano, en el que explicaba los avances que en comparación con Costa Rica tenía Nicaragua en el siglo XIX. No puedo comprender cómo en el 2003 hemos quedado tan atrás en el desarrollo económico y social, si hace más de cien años íbamos tan bien. ¿Qué pasó?
Hasta finales de los años 40 del siglo pasado, Costa Rica vivía guerras fratricidas como las que habían asolado a Nicaragua. Es más, Nicaragua tenía “estabilidad” porque estaba bajo la bota de los Somoza; pero a partir de esa década sucedieron dos cosas que cambiaron el futuro de aquel país: la sociedad se puso de acuerdo hacia donde quería ir, y comprendió que, para lograrlo, la educación –sobre todo la básica– era básica.
Aquí, aunque sabemos que esos dos puntos son fundamentales, estamos como esa pregunta de ¿qué fue primero, la gallina o el huevo? ¿necesitamos educar primero a la gente para que pueda construir una mejor sociedad? ¿o tenemos que esperar a que venga un grupo de iluminados que nos señale el camino y arme el andamiaje para educarnos y convertirnos en una mejor sociedad?
De iluminados deberíamos estar hasta la coronilla. Así que lo que deberíamos buscar es gente seria y centrada que aproveche bien los recursos de que disponemos para elevar nuestro nivel de educación. Y no se trata de producir profesionales al por mayor que luego van a estar desempleados, se trata de saber qué queremos y dónde vamos a enfocar las pocas energías que hay.
Por eso es sorprendente saber que cuando los maestros reclaman un mísero aumento de 300 córdobas mensuales –unos 160 millones de córdobas a nivel del presupuesto– la respuesta del gobierno es “no hay”. ¿Pero en realidad no hay?
Creo que plata sí hay, pero también hay demasiado derroche. Varios ejemplos: el Ministerio de Recursos Naturales recibió el año pasado 115 millones de córdobas y se declara incapaz de hacer su trabajo. No se trata de cerrar el Marena, pero si no sirve para lo que se creó, ¿no es eso botar 115 millones al año? Otro ejemplo, la Procuraduría de Derechos Humanos que clama por más presupuesto porque paga miles de dólares mensuales en alquiler, cuando hay varios pisos abandonados en el antiguo Banco de América que bien podría ocupar y ahorrarse el alquiler. Y así debe haber muchos casos de alquiler desperdiciado. Y las pensiones a presidentes y vicepresidentes que sólo engordan los bolsillos de quienes les sobra plata. ¿Y qué ley obliga al Ejecutivo a comprar un vehículo a cada ministro cuando toma posesión? O el mismo 6 por ciento para las universidades, un absurdo que no se corresponde con la realidad del país.
Sólo en el 6 por ciento se ahorraría suficiente para cubrir la demanda de los maestros, pero no se trata de decir “les vamos a cortar porque no hay”. Es cuestión de presentar una alternativa realista y venderla a la población. Y a la vez demostrar que los políticos también se amarran la faja.
Dinero hay para educar a cada niño nicaragüense y para pagarle bien a los maestros, lo que pasa es que está mal colocado. Pero hay que tener cuidado para pagarle bien a los buenos maestros. Asegurarse de que son personas capaces, preparadas y con vocación, pero primero hay que parar el derroche. Porque el desarrollo y la gobernabilidad se crean con el trabajo duro. No vienen de la mano de ningún mesías.