Sobre el cierre de radio La Poderosa

Francisco Aguirre Sacasa

Hace exactamente un año el Gobierno de don

Enrique Bolaños tomó la indefendible acción de cerrar La Poderosa, la radioemisora que utilizaban algunos voceros y periodistas afines al Partido Liberal Constitucionalista. Su administración trató de justificar este atropello al derecho de la expresión adelantando todo tipo de argumentos burocráticos y administrativos. Pero —hay que ser honestos— en el fondo todos saben que don Enrique mandó a silenciar La Poderosa porque ya no aguantaba las críticas virulentas que la radio lanzaba contra su gobierno y persona.

En este triste aniversario, no escribo este artículo para defender las posiciones, muchas veces hasta abusivas, que tomaban algunos periodistas de La Poderosa. Pero sí levanto mi voz —como periodista y demócrata que soy— para condenar esta acción deplorable de censura que violentó el derecho de todos los nicaragüenses “a expresar libremente su pensamiento en público o en privado, individual o colectivamente, en forma oral, escrita o por cualquier otro medio” como estipula el artículo 30 de nuestra Constitución Política.

El derecho a la libre expresión es uno de los principios fundamentales de toda democracia. El connotado presidente estadounidense, Franklin D. Roosevelt, hasta lo incluyó como el primero de los cuatro derechos esenciales (“four freedoms) de la humanidad en un poderoso discurso que pronunció en 1941 ante el Congreso de su país. Y en Estados Unidos, las cortes han fallado en repetidas ocasiones que actuaciones odiosas —como el quemar la propia bandera norteamericana— son legales porque son protegidas por el sagrado derecho a la libre expresión.

En nuestro país —que frecuentemente describo como una obra en marcha a amigos extranjeros que me preguntan ¿cómo anda Nicaragua?— considero que unos de los adelantos más significativos en nuestra primera década de vida democrática después de 1990 fue precisamente este preciado respeto por la libertad de expresión. Para mí, este logro es tan importante como, por ejemplo, la reconciliación nacional, la despolitización de las fuerzas armadas y nuestras elecciones libres y transparentes.

La lucha por la libertad de expresión ha sido una constante en nuestra experiencia nacional. En parte por defender este derecho, dio su vida Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, el Director Mártir de LA PRENSA. Y por darle un “no rotundo” a una dictadura totalitaria sandinista, que frecuentemente usaba la censura como una herramienta para imponer su voluntad, miles de nicaragüenses tomaron las armas para luchar por la democratización de nuestra Patria y hasta dieron sus vidas.

Por respeto a ese mismo derecho de libertad de prensa, desde Washington —donde me encontraba— envié un correo electrónico a LA PRENSA condenando el asalto que en su contra perpetró Tirso Moreno y solidarizándome con el diario y su personal. Este correo fue publicado por LA PRENSA en los días después de ese lamentable incidente.

De la misma manera, hoy insisto en que el cierre de La Poderosa —una actuación escandalosa del gobierno actual y una de las manchas más grandes en su contra— debe ser revertido. Hay que poner fin de inmediato a esta censura. Va en contra no sólo de nuestra Constitución sino que también de la Carta de Chapultepec, que vi al entonces candidato, don Enrique Bolaños, firmar en la casa de la presidenta Violeta Barrios de Chamorro. De no hacerlo, difícilmente podrá el Presidente hablar creíblemente de una “nueva era” y abogar por reformas institucionales que transformarán a Nicaragua.

¡Es tan sencillo como eso!

El autor es periodista y fue Canciller de Nicaragua

Editorial
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