En letra pequeña

Fabián [email protected]

TREPADORA

¿Cómo podríamos explicarnos la evolución de María Fernanda a lo que hoy es? ¿Recuerdan lo que se pensaba de ella en 1999? En ese entonces era una desconocida profesora de Miami, que vino a resolver un problema a Nicaragua y su belleza impresionó al entonces presidente Arnoldo Alemán. Al tiempo que se hacía novia del Presidente, su padre era nombrado cónsul honorario de Nicaragua en Nueva York y ella asesora del Ministerio de Educación. Los chismes de aquel tiempo no dudaron de encasillarla: trepadora, bonita y cabeza hueca.

ESPOSA MALTRATADA

En octubre de 1999 se casó. Y de ella se dijo que su marido la golpeaba. Hay hasta quien asegura que la vio con la cara inflamada por los golpes, aunque cierta vez que le pregunté sobre esas palizas ella lo negó rotundamente. Estaba delante de su marido, claro. Al mismo tiempo se percibía cierta hostilidad de sus, desde entonces, hijastras: María Dolores y María Alejandra. Era, pues, una pobre mujer que comenzaba a engordar en su desdichada vida de esposa en un palacio de oro.

EL CLON

Los más sorprendente es que la María Fernanda que ahora vemos no se parece mucho a las anteriores. Incluso físicamente. Grita en sus discursos encendidos, preside la mesa de los liberales, y camina con dificultad por el sobrepeso y el embarazo. Negocia y vuela cabezas en el PLC. La hostilidad y brillo de las hijastras se ha opacado a su paso. Se ha hecho una versión femenina de Arnoldo Alemán. Un clon.

¡TAXI, TAXI!

Es comprensible que los taxistas insistan en seguir haciendo múltiples carreras al mismo tiempo porque al fin y al cabo eso significa mayores ingresos o la supervivencia misma en el oficio. Pero ese beneficio para el gremio debe quedar definitivamente subordinado a la necesidad que tiene el ciudadano de viajar seguro, sin el temor que el extraño que va a su lado sea un compinche de quien va al volante y entrambos le asalten. No son temores infundados, y las estadísticas policiales demuestran lo peligroso que se está volviendo hacerle parada a un taxi.

TRES NIVELES

Una solución sencilla al problema del transporte y la seguridad en Managua sería aquella vieja propuesta del “servicio diferenciado” que nunca ha sido tomada en cuenta. Lo que debería existir es un transporte público barato tal como el que funciona ahora, otro más caro pero con mayores comodidades, que serviría para quienes actualmente usan taxis, y los taxis, cuyo servicio vale más que los anteriores, pero garantiza que lleva al pasajero —solo o con quien éste quiera que le acompañe— al sitio que escoja y por el precio que determine un taxímetro.

GATOS BRAVOS

El problema es que hay a quienes les conviene al actual desorden que favorece el maltrato, los accidentes y los delitos. Y esas personas son las mismas que tiran huevos, lanzan morteros, queman llantas y amenazan con huelgas incendiarias cada vez que asoma algún indicio de mejorar el servicio en beneficio de los usuarios. Y lo peor es que siempre se salen con la suya porque preferimos vivir con el yugo de su mal servicio que enfrentarlos y terminar de una vez con ese monopolio que tanto daño ha hecho.

Editorial
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