La importancia del sistema vial en la capital

Adolfo [email protected]

Por algún tiempo ha estado a la orden del día el tema del transporte colectivo de pasajeros debido a los distintos tipos de problemas que se han generado, los cuales de ninguna manera son nuevos ni tampoco se van a resolver fácilmente porque no sólo se vienen arrastrando errores de antaño sino que también se van agregando los de hogaño.

Ha sido costumbre enfrentar los conflictos conforme se van presentando. Se aplica la política “apaga-fuegos”. Hay un incendio por aquí y se corre a apagarlo; surge otro incendio por allá y se corre también a apagarlo, pero no se traza una estrategia de prevención de incendios, lo cual quiere decir que se van resolviendo los problemas de transporte conforme van surgiendo, pero no existe un plan que no sólo proponga solución de las dificultades existentes, sino que se adelante en el tiempo para que no sigan resurgiendo los mismos ni aparezcan nuevos por no haber previsto a tiempo.

No se puede negar que (según parece) se está echando a andar un proceso de mejoramiento del sistema de transporte colectivo urbano. “Para qué te digo que no, si sí”, como diría la Chimoltrufia. Hace por lo menos cuarenta años que muchos ciudadanos venimos señalando en LA PRENSA estos problemas y finalmente parece que se está tomando algo en serio este cuadro dramático –y demasiadas veces trágico—. Ojalá estas iniciativas no se trunquen en el camino, como inveteradamente se acostumbra.

En cualquier caso, lo que hace falta es cambiar el esquema de todo el transporte colectivo urbano de la ciudad de Managua y establecer de una vez por todas un verdadero sistema vial, bien vigilado y controlado, caso contrario la situación seguirá igual (lamentablemente).

Dicho sistema debe contemplar —para comenzar— un itinerario adecuado, el cual no debe en ningún momento estar por encima del derecho y la seguridad física y moral de los usuarios. Este itinerario no puede dar derecho en absoluto a infringir las leyes del Tránsito; no debe otorgar derecho a poner en peligro de muerte a los peatones ni a poner en riesgo a los demás conductores en la vía, ni tampoco debe dar derecho a faltarle el respeto a los pasajeros ni a zarandearlos en todo el trayecto.

En fin, sólo sobre el itinerario habría tanto que decir y por lo tanto mucho que corregir; hay tantas fallas que enmendar que se convierte en una tarea anonadante porque no se sabría ni por dónde empezar, pues esto tiene que ver con la Policía, la Alcaldía, el MTI, el MED, con la cultura, los pasajeros, los peatones, los otros conductores, etcétera.

La solución puede estar en que todos “le echemos la vaca” (como dice alguien por allí) a este mal endémico, puesto que este dolor de cabeza va más allá del transporte colectivo de personas; se trata también de toda la gente (la que maneja y la que va a pie en la calle). Todos conocemos los detalles de las fallas en los asuntos viales, ahora lo que tenemos que hacer es buscar las posibles soluciones, que todas las personas e instituciones que tengan algo que ver con esta situación se pongan de acuerdo en revisar a fondo toda esta trama y se comiencen a aplicar las medidas que dentro de un plan maestro se puedan trazar.

Todos somos parte (de alguna manera y en algún grado) del problema y si tomamos en consideración que todo falta por hacer podemos darnos cuenta que en algo podemos contribuir para crear un sistema vial que proteja a la ciudadanía, pero que ante todo garantice el respeto al derecho ajeno y no atropelle la dignidad humana.

El autor es periodista y escritor.

Editorial
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