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Periodistas y políticos, juntos pero no revueltos
Si es cierto que el personaje público necesita y merece espacio en la prensa, radial, televisada o escrita para difundir sus ideas y acciones, porque sus acciones suelen ser de interés general, es también valedero que al periodista corresponde el privilegio de escoger lo que es noticia y merece publicarse. El problema empieza cuando esas dos corrientes, periodistas y políticos, que transcurren paralelas y cercanas se contaminan envenenándose mutuamente. Lo que salva a los dos de ese peligro es recordar que lo más preciado del periodista es su independencia y del político, su transparencia, pues ambos pasan esa prueba diariamente y deben conservar la confianza de la ciudadanía, además de prepararse cada vez más.
La dificultad de la convivencia de esos dos roles diferentes es que en ese preciso campo de la política son dos factores complementarios, pues desempeñan lo que llaman los sociólogos una relación diáctica (no dialéctica) o sea, que no puede actuar el uno sin el otro, pues uno es la fuente y el otro el receptor. No obstante, a veces aparecen tan parecidos sus papeles, que exige mucha sutileza separarlos, para no confundirse y echar a perder el trabajo que cada uno desempeña. A pesar de todo, con el transcurso del tiempo y a medida que aumentan en importancia político y periodista surge la tentación de coludirse, por amistad, simpatía o conveniencia. Un periodista por ejemplo que recibe gangas para adular al político pierde prestigio porque desmerece la calidad exclusiva de su trabajo y un político que reparte dinero para que le atribuyan méritos atestigua con ello que necesita comprar lo que no tiene.
Hay numerosas circunstancias en la relación político-periodista que se vuelven incómodas de manejar. Por ejemplo, cuando el personaje público niega haber dicho lo que dijo o cuando el periodista es acusado de poner en boca de aquél lo que no expresó o no supo manifestar. Para evitarlo, la técnica de grabar la voz es contundente y no debe olvidarse, pues termina con aquellas discusiones de antaño, en que al final dependíamos de la opinión que nos merecía cada protagonista. Lo anterior no nos hace olvidar que entre ambos, político y periodista, debido al contacto frecuente que la profesión obliga, van formando una amistad, que no debe confundirse con complicidad.
El uso de epítetos en crónica política o en entrevista personal, es una trampa mortal, porque se corre el riego de exagerar o aminorar la verdadera calidad observada. Por otra parte, el mundo actual se ha vuelto tan complejo que no es raro se entremezclen factores e intereses económicos, políticos y sociales en la misma persona y sea forzoso cuando opinan distinguir sus elementos. En este sentido hay la tendencia de ciertos políticos a pontificar o hacer afirmaciones no respaldadas por hechos y de parte del periodista a erigirse en árbitro moral de los acontecimientos, que presencia o le refieren. Siempre hay que recordar que el periódico tiene dos grandes secciones: la que refleja objetivamente lo acontece y aquella otra, donde se imprimen criterios editoriales o artículos de opinión.
En Nicaragua donde el material humano bien preparado es escaso, observamos lo que se denomina conversión de roles como cuando un periodistas se convierte en político o viceversa, también encontramos la mezcla explosiva de ambas actuaciones reunidas en el mismo individuo o sea desempeñando multiplicidad de roles que pocas veces desempeña bien. Y lo que es aún más enredado, gente que asume el triple papel de periodista, empresario y político, pero eso es otra telenovela. Para terminar señalemos que la entrevista política sigue siendo el género periodístico más gustado por el lector, porque acerca al entrevistado; pero es difícil. Finalmente indiquemos que la especialidad periodística de mayor trascendencia es el de investigador que como un sabueso de presa, persigue su objetivo contra viento y marea. Son esos periodistas los más perseguidos, rechazados y vilipendiados, pero también son los más refinados y valiosos ejemplares de aquella profesión.