Migdonio Blandó[email protected]
Lo expuesto por el ex Presidente de Chile, señor Eduardo Frei Ruiz, en un artículo publicado por LA PRENSA y titulado Educación y trabajo, trabajo y educación, es lo más necesario en Latinoamérica. De manera específica en Nicaragua que dotada por el Creador de múltiples atributos, al mismo tiempo ha sido víctima de terribles desastres naturales pero, más que todo, de la corrupción administrativa y la politiquería.
Con raras excepciones, desde la independencia a la fecha, quienes de formas distintas han alcanzado el poder, lo han utilizado para beneficio propio y de sus paniaguados e ignorando su función administrativa, que es relegada a último término, han llegado a considerarse dueños de todo lo que está a su alcance, haciéndose así, la politiquería, un dañino vicio —quien lo adquiere no lo quiere dejar— interesándose por el pueblo sólo para fines electoreros.
Tales razones han motivado que la educación y el trabajo, base fundamental para el progreso, al haber sido tristemente relegados casi a lo que por iniciativa propia se ha podido hacer, aún con la potencialmente rica extensión territorial y mínima población, la cual al faltarle la debida preparación no ha sabido aprovechar las posibilidades existentes, no alcanzándose ni la producción necesaria de subsistencia, en determinados sectores se acentúa la pobreza.
Hasta la década de los setenta y muy a pesar del sistema dictatorial que dinásticamente gobernó por varias décadas, con algunas excepciones, se mantuvo el respeto a la propiedad e incluso, al ser rigurosamente castigados los transgresores, abigeatos y asaltos poco se daban. Abundaba el trabajo en la mayor parte del país, fomentándose y tecnificándose buena parte de la ganadería, la cual llegó a ser la mejor del istmo centroamericano, superándose, en lo general, la economía.
El fatídico cambio se dio con el triunfo de la revolución sandinista. Su ideología comunista frustró el ideal libertario y demócrata del pueblo, quien esperando algo distinto, entusiasta contribuyó de diferentes maneras al susodicho cambio haciéndole caer “de las llamas a las brasas” al implantarse desde el inicio una férrea dictadura. Se dieron arbitrarias confiscaciones y so pretexto de reforma agraria, se destruyó la producción agropecuaria.
Luego, la famosa campaña de alfabetización a la que también, sin ver el trasfondo politiquero que tenía, muchos contribuimos entusiastas e incautos hasta darnos cuenta del giro negativo que le daban. Utilizando folletos propagandísticos, los activistas fomentaban el odio y la diferencia de clases y prostituyendo el sentido de propiedad alentaban a personas de criterio no definido a “recuperar” bienes que perteneciendo a otros, según ellos, tenían derecho a tomarlos.
Al sufrir el FSLN su, para ellos, inesperada derrota cívica, previo a la entrega del poder a discreción propia celebraron su famosa “piñata”, legalizándola obligatoriamente con el famoso Protocolo de Transición con el que, además de ser amnistiados por graves delitos, lograron importante participación en el Gobierno, la que al paso del tiempo, con pactos y arreglos posteriores han venido consolidando activamente su para ellos provechoso “Gobierno desde abajo”.
Para cambiar esa situación, que sería nefasta herencia a la posteridad, hay que recuperar los valores morales, cívicos y especialmente cristianos de los ancestros y con el debido respeto a la propiedad, en el marco de la honestidad, disciplinadamente trabajar en lo que se pueda, decidiéndose cada quien a superarse estudiando y conscientes que “la enseñanza es tarea de todos” solidariamente colaborar con sentido de patria. Solamente así, asumiendo actitudes positivas, se puede levantar de su postración y salir del subdesarrollo.
El autor es miembro de Eduquemos.