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Un taxista amenazó por la radio al partido Frente Sandinista, con negarle los votos de su gremio si la Alcaldía de Managua insistía en aplicar más controles a los taxistas que, como bien saben los ciudadanos capitalinos, cometen muchos abusos.
Desconozco si el taxista, que parecía ser líder de una cooperativa, lanzó la advertencia por simple ocurrencia, porque estaba desesperado o porque sabe bien cuál es la debilidad del partido sandinista en la época de elecciones.
En cualquier caso, el problema hoy es que los taxistas se niegan a realizar viajes exclusivos, para seguir transportando dos y tres pasajeros distintos a la vez, a riesgo de que el primero que se monta sea asaltado por el siguiente o los últimos, como ha ocurrido tantas veces.
También se resisten a poner taxímetros en sus vehículos, para continuar cobrando a su antojo, lo que constituye otro atentado contra la economía de los ciudadanos.
Ante tantos casos de ciudadanos asaltados mientras viajaban en taxi, las autoridades municipales ordenaron que éstos hagan sólo una carrera a la vez, para darle al o los pasajeros la garantía de que nadie más se montará mientras viajan a su destino.
Los taxistas reaccionaron agresivos y se quejan de que van a ganar menos. Existen 12 mil taxis autorizados en Managua y tal vez hasta 30 mil “taxistas”, ya que la mayoría son arrendatarios (“cadetes”).
El “cadete” paga el alquiler y el combustible y además consigue su ganancia, porque el trabajo de muchos concesionarios sólo es agarrar su tajada fija. Para garantizársela, los choferes corren sin control y hacen malas maniobras para disputarse un pasajero más, aunque ya lleven alguno.
Si Daniel Ortega se atreve a ser candidato presidencial en el año 2006, tratará por cuarta vez de buscar votos adicionales entre la población descontenta por el desempleo y la falta de atención social.
El FSLN ha tenido un sector de votantes cautivos, estimado entre 30 y 40 por ciento del electorado, al que también pertenecen taxistas o familiares de taxistas, porque en ese gremio se refugiaron en 1990 cientos de ex soldados, ex policías o ex activistas de la revolución de los años 80.
En la repartidera, surgieron nuevos propietarios de placas y taxis, mientras otros, que carecían de carros y permisos, se convirtieron en empleados o arrendatarios de los vehículos bajo el mote de “cadetes”, un término cuasi militar, no sé si por casualidad.
Desde entonces ha habido tanto desorden en las concesiones, que las autoridades reconocen ahora que el 20 por ciento de los taxistas tienen antecedentes delictivos.
Quizás los próximos candidatos sandinistas a la Alcaldía de Managua y a la Presidencia de Nicaragua, quieran tener taxistas que voten por ellos y les sirvan de propagandistas por toda la ciudad, pero sería grave que los funcionarios sandinistas que hoy controlan la comuna capitalina optaran por sacrificar a la mayoría de la población, sólo por mimar a los taxistas.