Eduardo Enrí[email protected]
Pobrecito el símbolo de arroba: “@”. Quién sabe a qué insensato se le ocurrió nombrarlo el abanderado del enfoque de género y ahora estamos plagados de palabras como: niñ@s, ingenier@s, médic@s. Se supone que debemos entender que esas palabras son abreviaciones para “niños y niñas”, “ingenieros e ingenieras”, “médicos y médicas” pero en realidad no dicen nada, son impronunciables.
Las feministas y toda esa gente metida en el rollo del “enfoque de género” sienten que nuestro idioma es machista, y puede ser que tengan la razón. No debe ser agradable para la gente con conciencia de género, que si tenemos un grupo de 10 ingenieras y un ingeniero tengamos que decir “los ingenieros”. En todo caso, porque el grupo es mayoritariamente femenino podría ser “las ingenieras”, lo que crearía una gran inseguridad en los hombres, pero tampoco me parece que destruyan el idioma para incluir a “todos”. Ya le hemos hecho suficiente daño.
@ quiere decir “arroba”. Al pretender darle propiedades que no tiene, el resultado es absurdo. Cuando ponemos ese símbolo en realidad estamos diciendo “niñarrobas”; o peor aún, “niñ25libras”. La arroba calza tanto en medio de una palabra como un payaso en un funeral.
El símbolo representa una unidad de peso, equivale a aproximadamente 25 libras, y estaba en el baúl del olvido hasta que la revolución de la informática decidió rescatarla para las ya infaltables direcciones electrónicas. Pero de ahí, de alguna manera, pasó a convertirse en el unisex de las letras. Pero no es letra, y mucho menos es unisex. Entonces por favor detengan el abuso.
Sin embargo, la iniciativa ha tenido gran acogida, pues ahora –y esto en realidad es escalofriante– hasta las escuelas, o más bien, principalmente las escuelas, están impulsando esta tontería. Todas las notas para los padres comienzan más o menos así: “Los niñ@s…” Y nadie dice nada. Es que criticar esa insensatez sería dar la impresión de estar en contra del enfoque de género, de ser un machista insensible. Un cavernícola. Entonces mejor callamos.
Es cierto que el idioma tiene que evolucionar y adaptarse. Por eso ahora se puede decir abogada cuando hace unas cuantas décadas sólo se permitía abogado. Sin embargo, esto creó el problema de los plurales. Y la supuesta solución ha venido a ser la arroba.
Pero el subterfugio denota pereza y desinterés en el idioma. Así como un miedo irracional a estar contra lo moderno, aunque lo moderno sea un sin sentido.
Es necesario que todos aprendamos a dar las mismas oportunidades tanto a mujeres como a hombres, pero para crear conciencia de esto en la sociedad, no tenemos que hacer el ridículo. Dudo que la arroba por sí sola logre crear esa conciencia, pues se usa como una moda, sin reparar en lo que significa.
Para hacer conciencia hay que decir las cosas con claridad. Y lo que no tiene la arroba en las palabras es claridad.