Ronald Hill Álvarez
La tradición de la gente de Bluefields, “los bluefileños”, es cosa aparte. No he encontrado un lugar en mi bello país en el que se manifieste como en mi querido Bluefields. Mi ciudad de campos azules tiene una tradición que no sólo se manifiesta en la comida (rondón, gallo pinto con coco, pattie, etc.) o en el ritmo caribeño llamado palo de mayo. No es sólo eso. Es la alegría de vivir la vida. Es el orgullo de ser costeño que por generaciones ha mantenido algo que cualquier visitante lo puede ver y sentir. Muchas veces los costeños lo pasamos por alto porque no lo valoramos. Me refiero a vivir la vida en constante comunidad en un espacio que es de todos: las calles de Bluefields y sus añoradas esquinas. Sí, los bluefileños vivimos y hacemos comunidad en la calle, en las esquinas. Las esquinas de Erasmo, de Wing Sang, la esquina del Duckie y muchas otras, son puntos de encuentro y reunión de los habitantes de Bluefields.
Las calles y sus esquinas son el nervio y pulso de mi ciudad. La vida nocturna comienza en las esquinas que son punto de encuentro de hombres y mujeres para compartir lo bueno y lo malo del día. El día se concretiza al caer la tarde y culmina con el encuentro en la calle. La calle y esquina fortalecen los lazos de amistad y compañerismo entre los bluefileños, alimentados por la fresca brisa de la bahía. Todo cambia después del encuentro en la esquina. Nos sentimos con nuevos impulsos para continuar en la búsqueda constante de algo que nos mueve, nos cuestiona, nos obliga a buscar al otro para juntos discutir, hablar, analizar, soñar…
Todo puede suceder en ese encuentro. Desde discutir sobre la problemática nacional, sobre la autonomía, la gestión del alcalde, sobre los precandidatos a la Alcaldía, la falta de empleo, el gobierno regional y los concejales regionales, se habla de todo. Además de hablar se concretizan cosas que se convierten en realidades: el encuentro entre novios y amantes, la organización de una fiesta no programada, la visita inesperada a un amigo, que después de trabajar largos meses embarcado ha regresado de vacaciones, la búsqueda constante de consenso para hacer propuestas de cara a mejorar la gestión pública también se materializa en la calle y esquinas.
Pero no todo es agradable. Al menos no todo el tiempo lo ha sido. Actualmente la calle, después de determinadas horas, se ha convertido en un sitio inseguro para los bluefileños. Ese mal que aqueja a la sociedad bluefileña ha irrumpido sin invitación invadiendo el espacio en que construimos una comunidad. El tráfico ilegal de drogas ha comenzado a desfigurar ese gran valor que por años ha sido orgullo de los bluefileños, al igual que actos de delincuencia menor. Pero desde la misma vida comunitaria que construimos, en las calles y esquinas, podemos y debemos combatir esos males que nos aquejan. Si las calles y esquinas son los puntos de encuentro y reunión también son el punto para iniciar el proceso de eliminación de estos males que, poco a poco, van desfigurando la vida social heredada de generaciones y que es el orgullo de los habitantes de Bluefields.
En un artículo que leí se aseguraba que la seguridad ciudadana en Bluefields es mucho mayor que en otras zonas del país y no lo dudo. Pero no debemos dormirnos frente al acecho creciente de esos males que, gradualmente, van carcomiendo la tradición. No lo podemos permitir. ¿Qué podemos hacer desde la tradición de vivir y disfrutar la vida en las calles y esquinas para combatir esos males? Muchas son las respuestas estoy seguro. Desde mi perspectiva tres grandes cosas podemos hacer: en primer lugar, hacer una declaratoria de que la vida en la calle y las esquinas es un patrimonio heredado por nuestros ancestros y que nunca jamás vamos a tolerar que esos males terminen con eso que es parte de nuestro orgullo; una segunda acción es hacer trabajo en las calles y esquinas dirigidos a la prevención del delito y recreación de nuestros jóvenes (hombres y mujeres) con programas elaborados y ejecutados por el gobierno municipal y las delegaciones ministeriales (Mifamilia, Policía Nacional, Ministerio de Gobernación, etc.), las organizaciones civiles sin fines de lucro que en sus principios contemplan actuar en ese sentido y las diferentes iglesias, principalmente la Morava y Católica. No se requieren muchos recursos económicos ni financieros porque solo basta con insertarse en ese mundo de las calles y esquinas para lograrlo; y una última cosa que podemos hacer es promover y rescatar la mejor calle y esquina, con sus mejores acciones desarrolladas en beneficio de la comunidad, se trata de regresar a la misma comunidad. Se requiere capitalizar ese gran valor que existe en la sociedad de Bluefields de alegría, de vida, de buscarnos y juntos hacer y soñar. ¿Qué no se podría hacer desde las calles y esquinas por nuestra ciudad?
Cuando los bluefileños no estamos en nuestra ciudad, ya sea en Managua, en otro país, en cualquier lugar que no sea Bluefields, siempre estamos atentos a buscarnos para encontrarnos, ya no en la calle y esquina, sino en el centro de Miami, en los sitios de costeños que han proliferado en Managua, en las casas de los amigos y amigas, para seguir haciendo realidad ese legado que nos han heredado y que forma parte de la vida de los bluefileños.
El autor es zootecnista.