En un día como hoy (domingo)el reloj marcaba las 10:16.21 seg. p.m.en un suspiro supremo se embarcabarumbo a la eternidadal mundo de los eternos,al mundo de los de siemprequizás montado en alas de Pegasohizo un postrer recorrido, quizáspor un recordado París, Chile, Españay su acogedor Buenos Aires,y como una estrella fugazrecorrió la geografía de su infancia,de sus años mozos, posándose al finalen su Nicaragua natalpara remontarse luego en suexpedición galáctica hacia losconfines del universo invisiblee imaginable y abrir las puertasde la inmortalidad y entrartriunfal, esperándolo los quele han precedidoVirgilio, Dante, Horacioy otros tantos de esa estirpe.En aquel sublime y doloroso momentomás de una perla convertida en lágrimase deslizaron por mejillasy las que tocaron el suelose sumaron al silencioque de vez en cuando eraninterrumpidas por sollozos.Las perlas esta vez no fueron engarzadasya no estaba el artíficeel de las PIEDRAS PRECIOSAS.

El suspiro de un supremo Darío   Nemo Arias El suspiro de un supremo Darío   Nemo Arias En un día como hoy (domingo)el reloj marcaba las 10:16.21 seg. p.m.en un suspiro supremo se embarcabarumbo a la eternidadal mundo de los eternos,al mundo de los de siemprequizás montado en alas de Pegasohizo un postrer recorrido, […]

El suspiro de un supremo Darío

 

Nemo Arias



El suspiro de un supremo Darío


 



Nemo Arias



En un día como hoy (domingo)
el reloj marcaba las 10:16.21 seg. p.m.
en un suspiro supremo se embarcaba
rumbo a la eternidad
al mundo de los eternos,
al mundo de los de siempre
quizás montado en alas de Pegaso
hizo un postrer recorrido, quizás
por un recordado París, Chile, España
y su acogedor Buenos Aires,
y como una estrella fugaz
recorrió la geografía de su infancia,
de sus años mozos, posándose al final
en su Nicaragua natal
para remontarse luego en su
expedición galáctica hacia los
confines del universo invisible
e imaginable y abrir las puertas
de la inmortalidad y entrar
triunfal, esperándolo los que
le han precedido
Virgilio, Dante, Horacio
y otros tantos de esa estirpe.
En aquel sublime y doloroso momento
más de una perla convertida en lágrima
se deslizaron por mejillas
y las que tocaron el suelo
se sumaron al silencio
que de vez en cuando eran
interrumpidas por sollozos.
Las perlas esta vez no fueron engarzadas
ya no estaba el artífice
el de las PIEDRAS PRECIOSAS.

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