Rolando Brenes [email protected]
La crisis que se vive en Nicaragua ha fomentado la aparición de una nueva modalidad criminal de la delincuencia conocida como secuestro express, en la que los delincuentes consiguen a través del secuestro dinero de forma fácil y rápida, sin dar tiempo a que los familiares de la víctima adviertan su desaparición o que la Policía llegue a intervenir. Esta modalidad delictiva originaria de Colombia y México, lentamente se está introduciendo en Centroamérica. El surgimiento de esta nueva forma de delinquir no ha hecho que el secuestro clásico haya desaparecido, si no que se ha transformado. Actualmente, estamos viviendo un fenómeno como es la sofisticación de la delincuencia.
Los secuestros express están adquiriendo una mayor relevancia, siendo noticia cada día. En Nicaragua esta modalidad tiene una particularidad y es que los delincuentes actúan en taxis robados, dejando a lo choferes en zonas alejadas o lo introducen en la cajuela, después se hacen pasar como taxistas para cometer sus fechorías, el caso ocurrido recientemente de la fiscal auxiliar Edith Tukler y su esposo —que fue despojada de joyas valoradas en 300 dólares, 200 dólares en efectivos y tres tarjetas de crédito— es un ejemplo típico de ello. En el caso de la utilización de taxis para delinquir, las estadísticas reflejan que se producen seis robos con intimidación donde se ven involucrados los taxis, diez taxis se reportan robados o desaparecidos semanalmente y unos seis taxis son asaltados diariamente, por otro lado el esclarecimiento de estos delitos por parte de la Policía Nacional es del 30-40 por ciento.
El secuestro tiene una característica que es la retención de la persona, requiere un mínimo de organización y de infraestructura, existe una comunicación con los familiares, empleadores u otras personas a las que se les exige un rescate, habitualmente dinero para liberar al secuestrado. Dentro del secuestro podemos distinguir dos grandes categorías: el secuestro slow (lento) —conocido también como clásico— y el express (rápido).
El secuestro slow suele llevar varios días e inclusive meses, y generalmente la vida del secuestrado puede estar en gran peligro, aún en el caso de cumplirse con las exigencias de los delincuentes. Los rescates solicitados son montos considerables y las personas que son potenciales víctimas son seleccionadas cuidadosamente. El secuestro express es de un desenlace mucho más rápido, por lo general ocurre de noche y las víctimas son seleccionadas tras un rápido estudio que se desarrolla sobre la base de la apariencia de la persona.
Usualmente un secuestro tradicional es bien planificado y son tomados en cuenta muchos factores para llevarlo a cabo, es decir hay una estrategia, labor de inteligencia, organización, logística, etc. En el caso del secuestro express es diferente, los delincuentes carecen de la logística necesaria para mantener más de 24 horas secuestrada a una persona, lo que les obliga a pedir cantidades menores, todo depende de la disponibilidad económica de la víctima y sus familiares, generalmente actúan de dos a tres individuos, las víctimas son estudiadas e interceptadas por los delincuentes en los centros comerciales, hoteles, bancos, casinos, restaurantes, centros de trabajo, etc., ya sea como peatón o conductores, los analizan de acuerdo a forma de vestir, prendas que utiliza, medios que lleva consigo, vehículos que conduce, o simplemente su apariencia en el caso de los extranjeros. Después proceden a efectuar el secuestro, generalmente la víctima es amenazada de muerte y a cambio de vivir le exigen dinero, mantienen al secuestrado en un lugar inapropiado o en el mismo vehículo, no se le lesiona. Si el secuestrado no portan dinero lo amenazan con quitarle la vida y obligan a conseguirlo de cualquier forma, ya sea con las familias, sacarlo de los cajeros automáticos o prestárselo a un amigo.
Para evitar ser secuestrado deben tomarse las máximas medidas de previsión posibles y en forma sistemática —en nuestra próxima entrega hablaremos de ellas—, lamentablemente la inmensa mayoría de las personas piensan que a ellos no les sucederá nada, o que son lo suficientemente hábiles para poder manejar una situación tan compleja solamente con el uso de su intuición y sus capacidades naturales o profesionales.
La realidad que hoy vivimos en nuestro país demuestra que el Estado no está en condiciones de dar una respuesta a la inseguridad. No queda más remedio que los ciudadanos seamos proactivos, es decir empezar por protegerse uno mismo. Estar atento cuando salimos a la calle, especialmente cuando abordamos nuestro vehículo, vamos a estacionarlo o al llegar a casa o sencillamente al abordar un taxi.