Hugo Berríos Sá[email protected]
A como sea, los Nicaragüenses tenemos que involucrarnos por un mejor futuro para Nicaragua. Y la manera más cívica de hacerlo es ejerciendo nuestro voto, para elegir gobernantes que continúen fortaleciendo nuestro vulnerable proceso democrático y garanticen el respeto y ejercicio de nuestros derechos ciudadanos y humanos y de las libertades que éstos engendran; que sean, honestos y capaces para administrar los recursos del Estado eficiente y transparentemente y dispuestos a trabajar por Nicaragua. Y de esto, depende, en gran parte, el futuro de los nicaragüenses.
Los cabecillas del régimen totalitario de los 80 —que nos privaron, precisamente, de todo lo anterior— quieren volver al poder para, según ellos, continuar lo que dejaron incompleto. Y porque esto no podemos permitirlo y, dada, nuestra realidad política actual y la proximidad de las elecciones municipales debemos, entonces, los nicaragüenses, decidirnos a apoyar a aquella fuerza política, de corte democrático, que ha demostrado ser la más grande del país y la única que, con el apoyo de nuestro pueblo, puede impedir que se aténte contra nuestro futuro: el liberalismo.
Pero primero, los liberales, tenemos que reunificarnos, ya sea dentro del PLC —si el honor y la sensatez política de sus convencionales permite “limpiar y ordenar la casa”, hacer valer los principios del liberalismo y priorizar los intereses de la nación— o bien fuera del mismo donde actualmente nos encontramos la gran mayoría de los liberales que nos hemos apartado del PLC, porque éste ya no representa los intereses del liberalismo sino que los del ex presidente Alemán quien lo considera de su propiedad y pretende ahora, abiertamente y sin recato alguno por la dignidad de sus “leales”, seguir mangoneándolo a través de su familia lo que consecuentemente está llevando al partido a su mayor resquebrajamiento y desprestigio. Pretender, entonces, ir a las elecciones con un partido en tal crisis y desmoralizado y sin el apoyo liberal mayoritario ni mucho menos del pueblo nicaragüense no sandinista sería llevarlo a un rotundo fracaso electoral.
Apoyemos y contribuyamos, entonces, al trabajo que en pro de la reunificación del liberalismo han venido haciendo correligionarios liberales que, por hacer lo correcto, fueron tildados de “ingratos y traidores”. Elogiemos, también, la reflexión de nuestros conciudadanos liberales del PLC que —anteponiendo el futuro del país a los intereses personales y deponiendo ya su actitud de seguir defendiendo lo indefendible como condicionante— han dado muestras de acercamiento y de disposición para que juntos todos los liberales comencemos de nuevo a trabajar por un partido liberal reconstituido, renovado, limpio y democrático para poder ir a las elecciones como una sola fuerza, con candidatos ganadores, escogidos democráticamente, honestos y capaces. Sólo así y hasta entonces, podremos asegurarnos todo el voto liberal y el de las demás fuerzas políticas ajenas al FSLN.
Se lo debemos también al sacrificio y dedicación de nuestras bases, pero sobre todo a Nicaragua porque sólo con un partido liberal así recobraremos la confianza de nuestro pueblo para aglutinar el voto democrático y elegir alcaldes, diputados y presidentes dispuestos a trabajar realmente por Nicaragua y así rechazar una vez más el totalitarismo y la corrupción —sea de izquierda o de derecha— para asegurarnos un mejor futuro para Nicaragua y para nuestra gente.
El autor es licenciado en finanzas y administración de empresas y miembro disidente del PLC.