Ricardo Medina MacíasAIPE
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La ignorancia patrocina la pobreza
Ricardo Medina Macías
AIPE
CIUDAD DE MÉXICO.- ¿Cuántos puntos del Producto Interno Bruto nos cuesta la ignorancia disfrazada de “corrección política”?
El profesor de literatura metido a gracioso opinador instantáneo sentenció que el liberalismo económico es patrocinador y causa de la pobreza.
Como el profesor soltó su ocurrencia ante un auditorio de alumnos de economía, que saben en su mayoría que la libertad de elección de consumidores y productores es, por el contrario, causa de prosperidad económica, el profesor fue abucheado.
Es como si ante un auditorio de competentes estudiantes de literatura algún economista iletrado -que los hay, sin duda-, hubiese dicho que la literatura del siglo de oro español es causa remota de la pésima ortografía y de la deleznable sintaxis de muchos profesionales de la ingeniería, la medicina, la contabilidad o el derecho.
Lo interesante de la anécdota es constatar la patente de prestigio que ostenta la ignorancia cuando es expresada por una celebridad y en forma más o menos articulada.
El ocurrente de la anécdota no sabe, por supuesto, qué es el liberalismo económico. Pero supone que sí lo sabe y, amparado en la fe más o menos ciega de auditorios igualmente ignorantes que tienen al ocurrente como “autoridad”, lanza sus ocurrencias de acuerdo a los prejuicios: el liberalismo es “malo”, luego el liberalismo debe ser causa de lo malo, y nada más malo que la pobreza.
Por supuesto, esta ignorancia no se disipará aunque el Gobierno gaste el ocho, el diez o el veinte por ciento del PIB bajo la etiqueta de “educación”. Tal vez suceda lo contrario y mientras más gaste el Gobierno en algo que convencionalmente ha bautizado como “educación”, la peor ignorancia —la del arrogante que cree saber por qué repite de diez formas distintas el mismo prejuicio de moda— crezca exponencialmente.
El ocurrente profesor de la anécdota —quien, por cierto, posee una envidiable cultura literaria— confunde el liberalismo económico con todo aquello que precisamente el liberalismo económico trata de combatir: el mercantilismo, los monopolios y oligopolios, las restricciones a la libertad de los consumidores, el proteccionismo comercial de países desarrollados y en desarrollo, la connivencia entre negociantes y políticos para mejor explotar a consumidores y trabajadores, las rentas exorbitantes que obtienen quienes se oponen a la competencia…
El ocurrente profesor de literatura ignora, por lo visto, que en su propio país en el que la pobreza sigue siendo lacerante —México—, la libertad económica ni siquiera existe en campos tan importantes como la energía eléctrica, los combustibles, las telecomunicaciones, el transporte aéreo, la telefonía, la estructura tributaria, la rendición de cuentas públicas, el comercio de varios productos agropecuarios (verbigracia, las piezas de pollo por las cuales se pagan aranceles cercanos al ciento por ciento del precio) y decenas más…
El simpático y bien intencionado profesor de la anécdota ignora que ignora y al difundir su ignorancia patrocina la pobreza.
Analista político mexicano.
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