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Nicaragua en la ONU
El Presidente de Nicaragua, Enrique Bolaños, interviene hoy ante la Asamblea General de las Naciones Unidas que inició ayer su quincuagésimo octavo período de sesiones, el que, según los observadores, podría ser el más difícil de su historia.
En efecto, las principales potencias del mundo están divididas al parecer de manera irreconciliable, por el conflicto en Irak, donde Estados Unidos y algunos de sus aliados intervinieron militarmente para derrocar al régimen genocida de Saddam Hussein y castigar al terrorismo internacional. Pero la guerra en Irak no sólo careció del apoyo de grandes potencias como Alemania, Francia y Rusia, sino que éstas la condenaron y ahora mantienen una fuerte presión sobre Estados Unidos para que entregue el control político y militar que ejerce sobre el territorio y la población iraquíes.
Además del conflicto en Irak y la guerra contra el terrorismo mundial, alrededor de lo cual la ONU ha mantenido una posición ambigua a pesar de que ha sido víctima directa de los terroristas, en este período de sesiones pesará sobre el crónico conflicto bélico entre israelíes y palestinos y el fracaso del último plan de paz llamado Hoja de Ruta; y las fracasadas negociaciones de la Organización Mundial de Comercio (OMC) celebradas recientemente en Cancún, México. De manera que el escenario de la Asamblea General, este año, es de una crisis de legitimidad sin precedentes desde 1945 cuando la ONU surgió de entre las ruinas humeantes de la II Guerra Mundial.
Precisamente por eso el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, apeló a los jefes de Estado de los 191 países miembros para que concurrieran personalmente a este período de sesiones, y contribuyan con su presencia a asegurar la continuidad de la organización que está amenazada gravemente por la crisis internacional. Al menos 100 jefes de Estado —un poco más de la mitad de sus miembros—, incluyendo al de Nicaragua, aseguraron su participación en esta ronda de la Asamblea General de la ONU, la que, sin embargo, no inspira una expectativa optimista de que podría resolver la grave crisis que está afrontando.
En este contexto, es muy poca la atención que la Comunidad Internacional representada en la Asamblea General de las Naciones Unidas le podría prestar a Nicaragua, un país muy pequeño y débil económica y políticamente que desde el fin de la guerra civil a principios de los años 90 del siglo 20 recién pasado dejó de ser interesante para el mundo.
En realidad, la única esperanza del presidente Enrique Bolaños en que el foro más amplio y representativo del mundo le preste una atención mayor que la obligada protocolariamente, se basa en sus credenciales respetables que significan los logros en la lucha contra la corrupción. Ciertamente, no es cualquier país ni gobernante el que puede enorgullecerse de haber encarcelado y sometido a juicio criminal a un poderoso ex gobernante, como se ha hecho en Nicaragua con el ex presidente Arnoldo Alemán, quien es considerado por nacionales y extranjeros como el gobernante más corrupto que ha tenido el país en sus 182 años de vida independiente.
Por otro lado, además de los logros de la lucha contra la corrupción el presidente Bolaños seguramente informará a la ONU sobre su iniciativa de Plan de Desarrollo Nacional de mediano plazo, ratificará el compromiso de Nicaragua en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico internacional; expondrá la propuesta de reducción del armamentismo centroamericano, basada en un balance razonable de fuerzas; reiterará el compromiso de combatir la pobreza y de participar en los tratados internacionales de libre comercio; y pedirá mayor cooperación externa. Pero también el presidente Bolaños reclamará para Nicaragua una participación más efectiva en las instancias claves y decisorias de la ONU, como el Consejo de Seguridad, por ejemplo.
El presidente Enrique Bolaños está en Nueva York y hablará hoy ante la Asamblea General de la ONU, en representación de Nicaragua, de todos los nicaragüenses, no de sí mismo ni de ningún partido o grupo político en particular. De manera que sería en beneficio de Nicaragua que las Naciones Unidas aceptaran las propuestas y demandas del Presidente de la República, o sería en perjuicio de los intereses nacionales si se las ignoraran o rechazaran.