Roberto Sánchez Ramírez/Especial para LA [email protected]
La mayoría de los combatientes de San Jacinto, originarios de Managua, al fallecer fueron sepultados en el Cementerio San Pedro. Con el abandono hubo saqueo, incluyendo el robo de lápidas que hace difícil identificar los restos de muchas tumbas.
Después de su trágica muerte estuvo allí enterrado Andrés Castro, cuando se abrieron y ampliaron calles y avenidas, incluyendo la construcción del INSS, los familiares se llevaron los restos a una comarca de Tipitapa cuyo nombre nadie ha investigado. Las tumbas plenamente identificadas son las de los Generales Francisco de Dios Avilés Reñazco, Andrés Zamora y Juan Fonseca, también está la del Gral. Florencio Xatruch, General en Jefe de los Ejércitos aliados de Centroamérica que combatieron a Walker.
Debe llenar de vergüenza no identificar donde yacen los restos de los Generales Miguel Vélez Morazán y Vicente Vigil Bermúdez. El colmo es que al busto del General Zamora le arrancaron la cabeza, lo que no pudieron los filibusteros de Walker lo lograron vándalos nicaragüenses. Varios de estos combatientes se reunían a celebrar el aniversario de la batalla de San Jacinto y en crónicas publicadas en el Diario Oficial aparecen invitados a hacerlo con el Presidente de la República.
DON CHICO DEL PALO
El General Francisco de Dios Avilés Reñazco, llamado don Chico del Palo fue un personaje muy popular en la vieja Managua de la que fue Prefecto. Su importancia le valió ser delegado por el Dr. Adán Cárdenas del Castillo para el primer clavo de los rieles del ferrocarril de Managua a Granada. Es posible que haya sido alcalde, pues se conocía un relato oral de los palos de mango de donde es ahora el Parque Central que la gente decía que los había sembrado don Chico del Palo cuando era alcalde. Falleció el 31 de agosto de 1887. Don Chico se casó con doña Salvadora Santamaría. Parte de sus descendientes son las familias Rivas-Avilés, Córdoba -Rivas, Frixione-Saravia y Díaz-Lacayo.
El General Andrés Zamora, después de la batalla de San Jacinto se dedicó a la vida militar y la agricultura. En julio de 1885 combatió en El Salvador, con las tropas enviadas por el Dr. Adán Cárdenas del Castillo en apoyo al General Fernando Figueroa, falleció el 29 de agosto de 1887, con dos días de diferencia del General Avilés Reñazco, su compañero de San Jacinto. Las tumbas están a corta distancia.
El General Miguel Vélez Morazán fue mencionado en el parte del General Estrada Vado. Originario de Honduras, vino con los Generales Florencio y Pedro Xatruch. Fue casado con doña Juana Avilés. Entre sus descendientes figuran José, Carlos y Víctor Manuel Vélez. Su hija Adela fue casada con el Dr. Jorge Bravo, también los Vélez-Haslan. Sus descendientes son numerosos. Lamentablemente su tumba no se ha podido identificar.