Viento zapatista de autonomía sopla en la capital de México

Los pueblos originarios mexicanos, como ellos mismos se llaman, luchan porque el gobierno los reconozca como municipios autónomo Pablo Garibian/Reuters Roman, Times, serif»> Viento zapatista de autonomía sopla en la capital de México Los pueblos originarios mexicanos, como ellos mismos se llaman, luchan porque el gobierno los reconozca como municipios autónomo Pablo Garibian/Reuters MÉXICO.- La […]

  • Los pueblos originarios mexicanos, como ellos mismos se llaman, luchan porque el gobierno los reconozca como municipios autónomo

Pablo Garibian/Reuters

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Viento zapatista de autonomía sopla en la capital de México



Los pueblos originarios mexicanos, como ellos mismos se llaman, luchan porque el gobierno los reconozca como municipios autónomo

Pablo Garibian/Reuters




MÉXICO.- La brisa agita los bosques en los cerros de Milpa Alta, pero es el viento autonomista de los rebeldes zapatistas lo que está soplando fuerte en estas comunidades indígenas, atrapadas en la inmensa capital mexicana.

“Hemos estado discutiendo con el gobierno del Distrito Federal, que tienen que reconocernos como dueños de la tierra comunal. Somos los que mandamos aquí’’, dice Silverio Arroyos, representante comunal de San Pedro Actopan, una de las 12 comunidades indígenas de la delegación capitalina de Milpa Alta.

Los pueblos originarios mexicanos, como ellos se autollaman, luchan porque el gobierno los reconozca como municipios autónomos, con capacidad de autogobierno y elegir sus propias estructuras representativas, como propietarios de la tierra ancestral, con derecho a usufructuarla y mantener viva su cultura.

Y esto no solamente ocurre en la alejada selva de Chiapas o en la poca accesible sierra de Oaxaca, en el sur mexicano, sino también en la cuna del poder político: la Ciudad de México.

BATALLA SE TRASLADA AL MÉXICO D.F.

“Somos zapatistas de Milpa Alta desde hace un buen rato”, dice Agustín Martínez, representante indígena del pueblo San Pablo Oztotepec, junto a otros tres líderes comunales en un viejo escritorio bajo la foto de Emiliano Zapata, el legendario líder revolucionario mexicano admirado por los campesinos.

“No es sólo Chiapas, no son sólo brotecitos en distintas partes, sino que estamos por todos lados”, agrega.

Los rebeldes zapatistas, encabezados por el carismático subcomandante Marcos, volvieron al escenario político a principios de agosto para reafirmar la autonomía de varios municipios con la instalación de “juntas de buen gobierno” indígenas en Chiapas, casi 10 años después de haberse alzado en armas.

Muchos indígenas en distintas parte del país se inspiran en sus adalides zapatistas, que se levantaron contra el gobierno de Carlos Salinas para reclamar por los relegados derechos de los indígenas. Varios pueblos de Chiapas se declararon en esa época autónomos del alejado poder central en la capital mexicana.

De acuerdo a datos oficiales, hay 13.3 millones de indígenas en México que, en su mayoría, viven en precarias condiciones y representan el 10 por ciento de la población total del país.

“El GOBIERNO SE HACE EL TONTO’’

En su campaña electoral, el presidente Vicente Fox prometió resolver el conflicto con los zapatistas e indígenas “en 15 minutos”, pero el conflicto persiste a casi una década del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Incluso el Congreso aprobó una ley sobre derechos indígenas, que por las modificaciones que hicieron los legisladores no satisfizo a los zapatistas ni a los indígenas en general.

“El gobierno permite que lo que se venía haciendo hace 500 años se siga haciendo, pero sin normarlo. El gobierno deja hacer, pero no quiere legalizar”, opina el diputado federal de ascendencia indígena del Estado de Oaxaca, Héctor Sánchez.

“Tiene una presión muy fuerte de los grupos oligárquicos y financieros dentro y fuera del país que hoy tienen las concesiones de minería, de la explotación de los bosques. El gobierno se hace el tonto’’, agrega.

En las casas de adobe de Milpa Alta viven unos 100,000 indígenas que subsisten cultivando en sus 27,000 hectáreas nopal —un cacto que se utiliza entre otras cosas para comidas— y hortalizas, maíz y forrajes. Pero no pueden explotar los tupidos bosques por una prohibición forestal de 1947.

La ventaja que tienen es que sus productos son vendidos en la misma Ciudad de México, el mercado más grande del país.

Pero la gigantesca urbe es un arma de doble filo.

“La modernidad claro que nos atrapó, claro que destruyó el sentido de la vida comunal”, dice Humberto Jurado, un profesor de la comunidad indígena de Santa Ana Tlacotenco.

MILLONES DE POBRES

Hay 13.3 millones de indígenas en México que, en su gran mayoría, viven en precarias condiciones y representan el 10 por ciento de la población total del país.

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