- Reposo y vigilia bajo el bochorno
Mario Fulvio Espinosa [email protected]
Una y media de la tarde. Temperatura: 37 grados. Tiempo de modorra en el Zoológico Thomas Belt de Juigalpa.
Millones de chicharras cantan a coro la ópera Carmina Murano, dirigidas por la batuta de Eolo que apenas se deja sentir bajo el follaje.
La ordenanza es: DORMIR. La ha emitido Leopoldo, el león Rey de la Selva que duerme a pierna suelta allá en su cueva en una pose que recuerda al león llorón de mármol que abraza la tumba de Darío.
Es la hora ideal para rendir culto a Morfeo el dios silencioso del sueño.
El gran Martín Peño abre como enorme tijeras su enorme pico y muestra allá en el fondo el galillo rosado lleno de espinas garrasposas.
Rito, el chimpancé, está pensativo. Es que Reynaldo, el cinocéfalo, le ha dicho que su nombre es el mismo del criado Rito que acompañó a Thomas Belt durante los 55 meses que éste permaneció en Nicaragua.
Por entre las jaulas se mueve don Plutarco Toledo. Es el encargado del mantenimiento del parque y desde 1983 da de comer a los animales.
“Ese Rito es todo un caso, vino de dos meses y ya tiene quince años, es producto de un intercambio de animales nicas con otros del Zoológico de Cuba”.
Seguimos lentos el paseo. Los cocodrilos duermen a cola suelta, también las tortugas, la boa, las leonas y el tigrillo.
Pero las aves, los mapachines y el zorro velan. Paz y tranquilidad para hacer la digestión.