Idi Amín

El fin del ‘caníbal’

Fue conocido como el “Tirano Caníbal” de Uganda, donde instauró un reino de terror Entre 100,000 y 300,000 personas desaparecieron o murieron devoradas por los cocodrilos durante su salvaje régimen Cables combinados Yida, Arabia Saudí.- Idi Amín, quien se hacía llamar “un hijo puro de África”, pero cuyos ocho años como presidente de Uganda pasaron […]

  • Fue conocido como el “Tirano
    Caníbal” de Uganda, donde
    instauró un reino de terror
  • Entre 100,000 y 300,000 personas desaparecieron o murieron
    devoradas por los cocodrilos
    durante su salvaje régimen

Cables combinados

Yida, Arabia Saudí.- Idi Amín, quien se hacía llamar “un hijo puro de África”, pero cuyos ocho años como presidente de Uganda pasaron a la historia como una de las peores dictaduras militares del continente, murió el sábado. Tenía 80 años, según funcionarios ugandeses. Otras fuentes indicaron que el dictador había nacido en 1925.

El ex dictador, acusado de mandar a matar a sus enemigos políticos para luego comérselos, vivió durante años asilado en esta ciudad portuaria saudí; había sido internado en el Hospital de Especialidades Rey Faisal en coma y con hipertensión arterial el 18 de julio, y su vida dependía de un pulmotor. Luego, una fuente del hospital informó que sufrió una falla renal.

Amín, un ex campeón de boxeo y soldado del ejército colonial británico, derrocó al presidente Milton Obote, el 25 de enero de 1971.

A ello siguió un reinado de terror

Alguien dijo alguna vez: “Fue la mayor bestia parida por una madre africana”. El ex presidente Jimmy Carter dijo que los acontecimientos en Uganda durante el régimen de Amín “indignaron a todo el mundo civilizado”.

Amín se declaró presidente vitalicio de la nación de 24 millones, se condecoró a sí mismo y dirigió al país con puño de hierro, matando enemigos reales e imaginarios.

Grupos de derechos humanos dicen que entre 100,000 y 500,000 personas murieron en ocho años. En cierto momento, tantos cadáveres fueron lanzados a los cocodrilos en el río Nilo, que los restos taparon ductos de alimentación de la principal hidroeléctrica ugandesa, de Jinja.

Amín nació en una aldea del noroeste, en la poco numerosa tribu Kakwa. Su madre decía que era hechicera de la tribu Lugbara, y Amín tenía más de 30 años cuando tuvo contactos regulares con su padre, que era campesino.

Se preciaba de saber “más que los doctores en filosofía porque como militar sabía como actuar”. Una vez dijo que Hitler “tuvo razón al quemar a seis millones de judíos”.

Amín fue sargento del Regimiento Real de Fusileros de África al finalizar el período colonial británico, combatió en Birmania durante la Segunda Guerra Mundial, eran considerado un militar competente cuando se independizó Uganda en 1962. Posteriormente ascendió a jefe del Estado Mayor del ejército ugandés y de la fuerza aérea en 1966.

Amín ‘Dada’ (o papá grande como le gustaba ser llamado por sus 112 kilogramos) fue seleccionado en 1975 para la presidencia temporal de la Organización de la Unidad Africana.

Pero la mala administración y la corrupción llevaron a Uganda a un abismo y su economía cayó a niveles de subsistencia.

Amín, quien se había convertido al islam, huyó a Libia en 1979 cuando fuerzas de Tanzania invadieron Uganda y llegaron hasta la capital, Kampala, en una contraofensiva que siguió a un fallido intento ugandés de anexión de territorios tanzanianos en octubre de 1978.

Más tarde vivió en Arabia Saudí rodeado de todos los lujos y comodidades, con sus dos esposas y sus 22 hijos. Su esposa favorita, Nalongo Madina Amín, había dicho que dos de los hijos de Amín estaban a su lado en el hospital.

Admirador de Hitler

Idi Amín decidió implantar en Uganda un régimen que combinara los principios del sagrado Corán con una visión izquierdista y profundamente antioccidental.

El resultado fue la creación de una de las peores dictaduras del Siglo XX, en la que, paradójicamente, sus propias esposas experimentaron sufrimientos reales que dejaron de manifiesto que, en ocasiones, las primeras víctimas de un tirano son las mujeres que se encuentran cerca de él y sus propios descendientes.

Cuando era sólo un soldado, sus superiores británicos estuvieron a punto de llevarle ante un consejo de guerra por las atrocidades que había cometido, acostumbraba a introducir pañuelos en las gargantas de los detenidos o a amenazarles con la amputación del pene, aunque el proceso de descolonización lo impidió.

En 1973, Amín implantó la poligamia, a la vez que desataba una campaña directa contra los cristianos del país. Pese a todo, durante algún tiempo fue considerado “políticamente correcto”. Su fraseología era izquierdista, se presentaba como un enemigo de Estados Unidos y de Israel y atacaba el colonialismo. No resulta extraño que a inicios de los 70 se le definiera como un “héroe” y que gozara del apoyo de los países árabes y buena parte de los africanos.

En realidad, no pasaba de ser un genocida a imagen y semejanza de Adolfo Hitler, uno de sus ídolos reconocidos. Por ejemplo, en 1972, expulsó del país a 70,000 asiáticos. Al año siguiente, mientras colaboraba con el ataque árabe contra Israel en la guerra del Yom Kippur, decretó diversas medidas de carácter antisemita y al menos 300,000 ugandeses fueron asesinados por las fuerzas de Idi Amín.

El país entró en una crisis económica, que no pudieron evitar los petrodólares de las naciones árabes amigas del dictador. En 1979 fue derrocado por una fuerza de invasión procedente de Tanzania, apoyada por disidentes ugandeses.

Consciente de su fracaso, abandonó el país y encontró un refugio dorado en Arabia Saudí, una suerte de la que no pudieron disfrutar sus centenares de miles de víctimas.

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