Agustín Jarquín Anaya
Hace unos días nuestra amiga Claudia Frixione trascendió a su encuentro definitivo con el Señor. Ahí se encontrará también con su padre nuestro recordado Francisco “Chico” Frixione.
Durante su breve estancia terrena de 53 años, Claudia, fiel a su convicción cristiana, fue ejemplo del uso que se debe dar a los “talentos” que se nos entregan al iniciar este corto tránsito: vivió a plenitud, con autenticidad y con intensidad; fue apasionada en todas las tareas que realizó, haciéndolas con ganas, con entusiasmo, con optimismo.
Su vida terrena fue una armonía de contrastes: Claudia fue ejemplo de elegancia y humildad; su carácter recio y firme, su rechazo a cualquier inequidad y su intransigencia contra la corrupción, no fueron obstáculos para sus expresiones de compasión genuina y conmiseración cristiana; su personalidad que se perfilaba con especificidad y nitidez, propiciaba —no obstante— el trabajo en grupos, la formación de equipos y la camaradería; a pesar de ser férrea devota del orden y la puntualidad, entendía y acogía la flexibilidad que nuestro medio requería para realizar los objetivos planteados; concentrada —con sentido de responsabilidad— en el trabajo, daba también su tiempo para ser una esposa, una madre y una hija ejemplar; profundamente mística, temerosa de Dios y auténticamente cristiana, comprendía —sin embargo— las veleidades y particularidades de la vida terrenal, con un práctico sentido de razonable tolerancia.
Claudia Frixione fue una auténtica humanista cristiana.
El Señor la gratificó —durante el último año con los suyos—, con las duras pruebas de su implacable y terrible enfermedad. Fue un crisol que ella asumió con estoicismo y las dudas naturales, para abonar a su total purificación.
Agradezco al Señor haberme dado el privilegio de compartir los últimos cuatro años de su vida laboral. Sin Claudia la Contraloría no hubiese alcanzado las metas realizadas mientras se nos permitió dirigirla.
Ella nos aguarda, en un estado de felicidad plena, mientras el Señor se resuelve a llamarnos.
El mejor homenaje a Claudia es tratar de imitarle.
Ex Contralor General de la República.