El regreso de Gutiérrez Menoyo

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El regreso de Gutiérrez Menoyo





Una de las principales noticias internacionales de esta semana fue la de que el prominente exiliado cubano, Eloy Gutiérrez Menoyo, decidió quedarse en Cuba —después de unas vacaciones familiares en la isla— para supuestamente unirse a la oposición interna.

Lo más interesante de esta noticia es que habitualmente la gente huye o quiere huir de Cuba, no regresar de manera voluntaria y mucho menos tratándose de un renombrado líder de la oposición en el exilio. En realidad, Eloy Gutiérrez Menoyo no es cualquier persona. Él nació en España hace 69 años pero se nacionalizó cubano en 1959; fue uno de los comandantes de la revolución —junto con los hermanos Castro, Che Guevara, Camilo Cienfuegos, Juan Almeida y otros— cuando el movimiento revolucionario armado derrocó el primero de enero de 1959 a la tiranía de Fulgencio Batista. Aunque Eloy Gutiérrez Menoyo no pertenecía al Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro, sino que encabezó su propio grupo guerrillero contra la dictadura de Batista y se mantuvo separado del Ejército Rebelde, al triunfar la revolución pasó a formar una sola fuerza gobernante con el M.26.7, lo mismo que el Partido Socialista Popular (comunista) y el Directorio Revolucionario.

Pero Eloy Gutiérrez Menoyo no era comunista, sino socialdemócrata, de manera que muy pronto entró en contradicciones con Castro y se opuso al rumbo que éste le daba a la revolución que triunfó bajo unos ideales y promesas democráticas y libertarias, no del totalitarismo comunista que se comenzó a imponer en Cuba. Por eso Gutiérrez Menoyo tuvo que marcharse clandestinamente de Cuba, organizó en el exilio una fuerza armada para luchar contra la nueva tiranía entronizada en el país, se enmontañó —en 1964— en la Sierra Maestra donde Fidel Castro había tenido su cuartel general durante la lucha contra Batista, pero después de 30 días de combates fue derrotado, capturado, condenado a la pena de muerte, conmutada ésta por 50 años de prisión, y después de 22 años en la cárcel fue liberado y enviado al exilio gracias a las gestiones del ex Presidente del Gobierno Español, Felipe González.

Desde entonces Gutiérrez Menoyo se radicó en Miami, organizó en 1993 la agrupación Cambio Cubano y ha practicado una política moderada de oposición que propugna por una transformación pacífica de la sociedad cubana, lo cual le ha valido las críticas y descalificaciones de los personajes y grupos más radicales del exilio anticastrista.

Ahora Gutiérrez Menoyo sorprendió a sus compatriotas de dentro y fuera de Cuba con el anuncio de su decisión de quedarse definitivamente en Cuba para “trabajar con una agenda transparente, en favor de la paz y la reconciliación de todos los cubanos”, según declaró el jueves de esta semana a los periodistas nacionales y extranjeros previamente convocados al aeropuerto José Martí, de La Habana, desde donde su esposa y otros familiares partieron a Miami.

La decisión de Eloy Gutiérrez Menoyo de quedarse en Cuba tiene que ser concertada con Fidel Castro, puesto que de otra manera sería imposible que ocurriera algo como eso. La verdad es que el mismo Gutiérrez Menoyo dijo el jueves que su actitud debe verse como la de un “activista pacífico, no como un desafío al gobierno de Fidel Castro”. En todo caso, si no estuviera “amarrado” con Castro, Gutiérrez Menoyo tendría que ser inevitablemente expulsado del país en cualquier momento.

Pero la verdad es que la aproximación de Gutiérrez Menoyo a Fidel Castro no es de ahora ni sorpresiva. Ya en 1995 él llegó de visita oficial a Cuba, donde participó en un seminario político y se entrevistó con Castro, lo que motivó que los dirigentes del exilio en Estados Unidos incrementaran sus sospechas y arreciaran sus ataques contra él.

La parte positiva de esta historia sería la de que Fidel Castro podría estar cediendo, aunque sin dar su brazo a torcer públicamente, con la aceptación tácita de una oposición mediatizada, que en el mejor de los casos sería el inicio de un proceso de apertura política, y en el peor, una simulación de flexibilidad para reducir la fuerte presión internacional, política y diplomática, que se ejerce actualmente contra la anquilosada dictadura castrista.

Editorial
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