Fabio Gadea Mantilla
“Con el paso del tiempo y frente a mayores amenazas, calumnias y agresiones, de los enemigos de la humanidad, más crece nuestra adhesión incondicional y defensa de la gloriosa revolución cubana y de su liderazgo y en particular de usted Fidel, que es símbolo de dignidad y de esperanza para los pueblos que son víctimas de la opresión económica social del capitalismo y de las agresiones del imperio yanqui”.
Lo anterior es parte de una carta que don Daniel Ortega envió a su líder y maestro, don Fidel Castro, en mayo pasado. Otro párrafo de la carta dice: “Resulta irónico comprobar cómo los Estados Unidos de Norteamérica, que en los años 40 se sumaron a la lucha contra el expansionismo nazi, hoy tienen de presidente, como resultado de un fraude electoral, a un émulo de Hitler que ha puesto en práctica su política nazi, lanzándose con todo y su poderío militar de forma cobarde y criminal en contra de pueblos indefensos y desconociendo las más elementales reglas de Derecho Internacional, el sistema de Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad. Desde la época de Hitler no se había visto en el mundo otro gobernante de potencia alguna, que como Bush se convierte en la mayor amenaza a la paz, estabilidad y seguridad mundial en abierto desafío e irrespeto humillante para todas las naciones de la tierra”.
Yo hubiera esperado que el lenguaje de don Daniel fuera diferente hoy en día, cuando ha adquirido supuestamente la madurez que todo hombre adquiere a cierta edad. Y hubiera esperado un cambio al menos en el lenguaje como una forma sutil de enviar un mensaje nuevo al pueblo nicaragüense, al que todavía aspira gobernar de acuerdo con todas las señales que llegan.
Pero es indudable que la ideología del odio lo ciega. Y que sus asesores carecen del más elemental sentido de astucia política, pues con expresiones como éstas don Daniel aleja más la posibilidad de ganar una elección para Presidente.
Por otra parte, qué bueno para los que nos encontramos tan divididos tener como contrincante a un partido que no cambia y que está dispuesto a continuar los mismos errores del pasado, a ser émulo del gran Fidel, a quien llama “símbolo de dignidad y de esperanza para los pueblos que son víctima de la opresión económica social del capitalismo y de las agresiones del imperio yanqui”. Qué bueno para la democracia tener enfrente a un partido sandinista cuyo jefe alaba al partido comunista cubano, y admira la gesta de don Fidel que lleva más de 44 años en el poder y que ha conculcado en Cuba todas las libertades públicas.
Es obvio que si don Daniel admira de ese modo a don Fidel, está dispuesto a imitarlo, a imponer en Nicaragua un régimen como el de Cuba, siempre enemigo del capitalismo y que llama a los yanquis “enemigos de la humanidad”. Yo creo que nadie, que en América Latina pronuncie un discurso semejante, podrá jamás llegar al poder. Y eso me alegra, me llena de esperanza, porque el pueblo queda muy claro, por si pensó que el sandinismo había cambiado.
Es obvio que no hay cambio alguno, que la democracia tiene que unirse porque sólo hay dos caminos: o el totalitarismo fidelista cubano con los sandinistas, o la libertad, la esperanza, el progreso y la paz con la democracia.
El autor es empresario radial.